— ¡Ya basta, Bastián, suéltame, no voy a volver, no pienso irme a ningún lado contigo! — Comenzó a gritar Carmen, empezando a agitarse al verse impotente de soltarse de Bastián. — ¡Tu lugar es a mi lado! — Voceo Bastián, acallando por un momento los gritos de Carmen, mientras seguía jalándola hacia la salida. «¿A su lado?, eso hubiera sonado muy lindo si no hubiera un matrimonio con otra mujer de por medio, ahora todo es muy diferente», sopesó Carmen por un instante, para volver a alzar su voz, pues ella no estaba dispuesta a dejar de luchar. — ¡¿A tu lado, para qué, eh?!, ¡¿para seguir como tu amante, escondida para siempre?! — Carmen insistía desesperadamente en soltarse. — ¡Con un demon!o!, ¡¿y por qué coñ* ahora eso te molesta?!, ¡pasaste años escondida sabiendo y aceptando que nad

