-Tenía tantas ganas de sentarme a charlar… A ver galán, cuéntele a su amiga. Previo a su relato sus ojos se inundaron en ese líquido espeso y triste que solía caer, diariamente, desde hacía un año. Más allá de sus improntas actorales y de sus embestidas teatrales, muchas veces cargadas de mentiras y engaños elocuentes, Simón sufría despiadadamente hasta el punto de la tortura extrema estos recuerdos que circundaron y asfixiaron el pasar de su vida. Fue un monstruo viviendo en el alma de un niño eterno, desamparado y no deseado; violentado y difamado, y condenado a un transitar por un camino de fuego. Tuvo su destino marcado. Era esa su vía. Pudo haberle infundado a su vuelo un matiz distinto, acaso un rumbo diferente. Pero no pudo. O no supo. O nunca nadie se mantuvo firme a su lado previ

