MADDOX STONE
En una habitación de hotel se encontraba el codiciado y misterioso Maddox Stone, adicto al trabajo al igual que el sexo, no habia otra cosa en su mundo que lo hiciera dejar de lado ganar dinero que una buena dosis de sexo desenfrenado.
El sexo para Maddox era un acto de juego de seducción y el siempre terminaba llevado el control.
Nunca se quedaba con las ganas, tomaba lo que se le antojaba y desechaba lo que le aburría.
Tenía un alto estándar para escoger a quien llevarse a la cama, no cualquiera podría decir que había tenido el placer de disfrutar sus favores sexuales.
La mujer que jadeaba desenfrenada estaba siendo sujetaban por una correa que rodeaba su cuello y Maddox desde atrás jalaba la punta del mismo mientras la penetraba con rapidez y mucha fuerza.
Los ojos de la rubia parecían querer salir de la presión que Stone infringía en su garganta pero aún así ella estaba disfrutando, empujaba su nalgas contra la poderosa erección de Maddox indicando que quería más, mucho más, él por su parte seguía tomándola pero con una sola cosa en mente la imagen de la única mujer que hasta ahora se le había negado, la que había sido lo suficientemente audaz para provocarlo y jugar el juego de seducción que él utilizaba con sus conquistas en su contra y luego rechazarlo, aquello le era perturbador, nunca había deseado a alguien como ahora lo hace con Kaori Sato su nueva psicóloga.
Con la imágen de Kaori en su cabeza siguió tomando a la rubia que había dejado de jadear para gritar desenfrenada, Maddox irritado por sus gritos tomó su corbata que yacía en un costado y la amordazó sofocando aquellos gritos que solo lo estaban irritando, le dió unas cuántas estocadas y sacó su enorme erección de unos veinticinco centímetros, tan gruesa como se podía, aquello era su arma más letal.
La rubia gimió con inconformidad al sentir el vacío que dejó la retirada de Maddox de su interior, al voltearse lo vio retirando el condón y depositándolo en la basura y sin perder tiempo tomó su ropa y empezó a vestirse, al ver aquello intentó acercarse buscando otra ronda de intensa rutina s****l pero en respuesta este le informo que no volverían a verse.
Aquella noticia no le agrado para nada a la chica que cubrió su cuerpo con suma rapidez al igual que el hombre frente a ella, no entendía que había hecho mal, hizo todo lo que él pidió y ahora solo le decía que ya no más, sin pensarlo reclamo.
—¿Puedo saber cuál es el problema? hice lo que pediste —Maddox terminó de abotonar su camisa para verla con algo de fastidio.
—No tengo que darle explicaciones a nadie, ya no me interesas y eso debe ser suficiente.
Sacó un poco de dinero y se lo tiró a la cama, la rubia al ver aquello jadeó conmocionada.
—¡No quiero tu dinero! ¿crees que puedes darme esos billetes y librarte de mí?
Le gritó ofendida, acción que hizo a Maddox tensarse, odiaba los dramas y sobre todo que le hablen en el tono en el que ella lo estaba haciendo, reclamando como si tuvieran algún tipo de relación.
—No necesito darte dinero para librarme de tí, te lo di por cortesía, pero si no lo quieres bien por mí, no vuelvas a cruzarte en mi camino porque desaparecerte sería muy sencillo. Nadie buscaría a una puta —Soltó mientras se giraba para salir de la habitación.
La mujer se quedó muda ante sus palabras mientras lo veía salir de la habitación, con enojo y llena de humillación tomó su teléfono móvil e inició una llamada.
—Se fué, no quiere volver a verme —Dijo en tono bajo.
—¡¿Qué estupidez hiciste?! —La voz le reclamó al instante.
—Hice todo lo que él pidió y también lo que me ordenaste, aún así no fue suficiente. Tendrás que enviar a alguien más ya no podré acercarme —Término de informar la rubia.
—Bien, encontraré a alguien más, por ahora vuelve ya encontraré algo en lo que puedas servir.
La rubia cerró la llamada y soltó un resoplido molesto, volver era lo que menos quería, por eso puso todo su empeño por complacer a Maddox y así poder quedarse, pero al parecer nada lograba llenarlo, nada era suficiente y ahora ella tendría que volver a ese lugar que odiaba y seguir con aquella profesión que no soportaba pero que no podía dejar.
Entonces como si él diablo hubiese entrado en su cabeza, caminó hasta el bote de basura y tomó el preservativo usado que Maddox había desechando minutos atrás, una sonrisa perversa pintó su cara, y mientras caminaba al baño soltó una carcajadas alta llena de satisfacción por la idea que acababa tener, de una manera y otra ella saldría de ese lugar.
Mientras tanto Maddox subió a su auto y antes de arrancar llamó a la dueña de sus pensamientos las últimas semanas, esperó impaciente mientras él móvil sonaba una y otra vez sin respuesta alguna.
—Señor Stone espero que sea una urgencia.
La voz llena de seriedad de Kaori Sato, su psicóloga, se escuchó.
—Lo es, estuve apunto de tener otro episodio, necesito verla —Respondió mientras sonreía con perversidad.
—Su siguiente sesión es la próxima semana, ahora estoy con un paciente —le dijo ella lista para colgar.
—No puedo esperar, temo que termine por caer otra vez…. Debo verte Kaori—Un suspiro cansado se escuchó del otro lado mientras él apretaba con fuerza él móvil en su mano y la otra se aferraba al volante.
—Lo veo en media hora y señor Stone espero que no sea otro de sus embustes.
Kaori colgó después de eso y Maddox volvió a sonreír como quien consigue ganar una batalla, porque justo eso era una batalla, la guerra aún no llegaba, llevarse a Kaori Sato a su cama le costaría mucho más, por ahora con seducirla era más que suficiente.
Arrancó el auto y emprendió el viaje hasta el consultorio, mientras lo hacía recordó el día que la conoció, una simple casualidad, un café, un accidente y un insulto, con esas tres cosas conoció aquella mujer que parecía no dejarse dominar por nadie, que no caía ante la provocación y la habilidad que él tenía para obtener mujeres a ella le era indiferente.
El deseó fue tanto que después de investigar su vida se inventó un problema emocional, con el único pretexto de obtener sus servicios y así poder seducirla, con calma, sin apuras, Kaori se había convertido en su maldita obsesión una que quería disfrutar y hacerla someterse a él, aquello era el objetivo, uno que no pensaba fallar.