─Alejandro, es muy tarde─ susurro, levantándome. ─¿Estás en tu casa?─ Pregunta rápidamente, tras un jadeo. Llego al baño, encerrándome en él. ─No, estoy… con Kilian─ respondo, encendiendo la luz del espacioso cuarto de baño. ─Necesito verte─ suelta, mi corazón se acelera. No había hablado con él, desde hacía unos meses. Ya su ausencia me estaba sanando, hasta que esta llamada ha sido contestada. ─No… no puedo, Alejandro─ mis manos sudan al ser apoyadas en el lavamanos. ─Necesito─ insiste. ─¿Por qué? ¿Acaso todavía no has captado lo que siento cuando te veo?... me estás matando─ aprieto mis labios, mientras mi quijada tiembla. ─¿Acaso no te has dado cuenta de lo que has hecho? Estoy desquiciado, Katherina. Tú estáis incrustada en mi mente, no dejo de soñar contigo, siempre recordán

