Despierto por los gritos de mi pequeña, no supe a qué hora me quede dormido, solo sé que ya es de mañana, ella sigue durmiendo, eso me da a entender que esta teniendo una pesadilla. Me siento al borde de la cama y paso uno de mis brazos por su espalda y la pego a mi pecho. — Amor, despierta mi vida, es solo una pesadilla — digo, pero ella sigue con sus ojos cerrados, su ceño fruncido. Sacudo un poco su cuerpo y por fin consigo despertarla, ella tiene pequeños gotas de sudor en su frente, que seco con una pequeña toalla. Me mira sorprendida, como I no creyera que soy yo. — Alex — pronuncia mi nombre, con un poco de carraspeo, acercó a su boca un vaso de agua, para que tome un poco. — ¿En donde estoy? — pregunta después de haber aclarado su garganta. — En el hospital mi amor, ya todo

