Narra Mariel. Después de unas dos horas de camino por fin me encuentro en las puertas de la mansión de Alexander. No me sorprendo mucho, es común que viva en una, pues yo también lo hago, aunque la mía no es tan grande, como esta. Y no, no es por que no tenga el dinero para comprarla, pero vamos, solo vivo yo ahí, seria mucha casa para mi y los que trabajan para mi. Se imaginan, cuanto trabajo les costará a los empleados limpiar una enorme casa como esta, en fin que puedo decir. A Summer le dan acceso y las puertas son abiertas para nosotras. Todavía hay un buen tramo que recorrer, para llegar de la puerta principal a la puerta de esa enorme casa. Cuando por fin llegamos, Summer estaciona el auto, baja de este y abre mi puerta, pero yo, yo no quiero salir. — Señorita hemos llegado —

