Lo interrumpí. —Mentí… Frunció más el ceño. —¿De qué hablas, por qué? ¿Tienes idea del susto que me llevé? Pensé lo peor… Se cayó abruptamente cuando puse mi mano sobre la suya. Siguió ese movimiento, su expresión se suavizó poco a poco, pero la confusión se hacía más grande. —Necesitaba hablar contigo —solté. Aspiró con fuerza, se llevó la mano al pecho. —Casi me muero de un infarto, salí como un maldito loco en medio de una reunión y el trayecto se me hizo eterno. No te entiendo, ¿era tan difícil llamarme y decirme: quiero hablar contigo? —frunció el ceño—. Además, ¿no dijiste que no querías volver a verme? —Déjame explicarlo para que lo entiendas. Seguía con el ceño fruncido, cruzó los brazos molesto, pero incluso así se veía guapísimo. —Perdón por preocuparte. Solo quería ha

