—¿Cómo van las cosas con tu novio? —Inquirió con una risita. —No digas tonterías —rodé los ojos—. Aún no somos novios. Él sigue siendo un hombre casado. Se cruzó de brazos y frunció el ceño. —No puedo creerlo. ¿En serio Kat? Deja la bobada. Ese hombre derretido de amor por ti y tú con esas tonterías. —Cuando sea libre todo será distinto. Gruñó molesta. —Él ya es un hombre libre, se está divorciando. Lo que tú sientes es miedo. —No digas tonterías —fruncí el ceño. —¿De verdad aún lo amas? —inquirió con un gesto serio—. Porque no parece. Aspiré con fuerza. —¡Tú sabes lo que fue Samuel en mi vida! Solo he tenido dos grandes amores y cada uno me marcó de diferente maneras. Tal vez tienes razón, le tengo miedo a la felicidad. Lorena hizo un puchero y me abrazó. —No tengas m

