Empecé a llorar convulsivamente, intenté limpiar mis lágrimas, pero más salían. Él sonreía al verme, mientras yo sentía que el corazón se me iba a salir por la boca. Cuando pensé que nada más podía sorprenderme, el mismísimo Pablo Alborán en persona se acercó con una rosa y una pequeña cajita de terciopelo. Olvidé cómo se respiraba, era la envidia de las mujeres que habían en ese lugar. Nos felicitó por nuestro aniversario y con ese acento hechizador me dijo; —Este hombre muere por ti. Aspiré aire frenéticamente, me levanté y lo abracé, incluso nos tomamos una foto. Eso parecía un sueño, pero era una hermosa realidad. Abrí la cajita, era un dije con tres estrellas y una luna. En la parte de atrás de la luna había un grabado en letras cursivas. Recuerda que eres, la luna, las estrellas

