Capítulo 10 "¿Le llamas situación a estar enamorada?"

1059 Palabras
Cristóbal Colón, maldito Cristóbal, voy a disfrutar de verte, caer y sufrir por cada una de tus mentiras. ¿Alguna vez hubo una enemistad sana con ese maldito rubio descerebrado? Puede ser, sin embargo, en estas instancias él se ganó mi posición de guerra. —Vuelve al planeta tierra mi pequeña alienígena —ordena mi madre chasqueando los dedos. Vuelvo a la realidad en la que ella sostiene la cámara entre sus manos con esa sonrisa que reconozco, a su lado esta sentada Tam, se mantiene apoyando su rostro en ambas manos y con una cara de aburrimiento que mi madre no puede evitar ojear. —Borra esa cara de que vienes del funeral de la tía Juliana —rodea los ojos y le da un pequeño golpe en la espalda que la obliga a tomar una postura recta— A veces tengo la leve sospecha de que eres una infiltrada y estás en el equipo enemigo. —Ay, señora Gloria, no diga algo como eso —vuelve a poner su rostro sobre sus manos— Pero estoy cansada de esa tonta pelea de estos dos, además Shay jamás me cuenta nada de lo que sucede. —Hace el favor Shayla, cuéntale a esta pobre joven con capacidades diferentes como ese vil rufián pensaba aprovecharse de tu inocencia —hace un gesto como de arcoíris sobre la cabeza de Tam— Ilumínala. —No lo sabes porque como siempre fue más importante ir a retocar tu maquillaje antes de ver a Richi, frente a todo el instituto me dejó en claro que todo fue parte de sus bromas y me humilló delante de Natalia —digo casi en un quiebre de voz. No quiero recordarlo, no porque si lo hago me invade la rabia y siento deseos de hacer cosas inhumanas. Si tuviera un superpoder quisiera poder desintegrar a las personas, entonces Natalia sería el polvo de un nido de pájaros. Es una chica sin gracia y no puedo entender que le vio Cristóbal Colón, no puedo entender que tiene esa flacuchenta sin gracia. Me levanto de la silla y dejo a mi madre que sigue teniendo una absurda conversación con Tam, que como siempre no sabe cuando debe dejar de contradecir a una mujer con serios problemas de madurez. Salgo al balcón, me apoyo en el barandal y contemplo la ciudad de noche. Irradia paz a pesar del sonido de los autos que no se detiene en ningún momento, me dejo caer sobre la silla playera que tenemos para tomar el sol cuando lo veo y me mira a través de las rejillas del piso de su balcón. —Bruja, ¿Qué piensas hacer con esas fotos? —pregunta en un tono chistoso a lo que ambos sonreímos. ¿Por qué me estoy riendo? No te rías idiota, ¿No te das cuenta acaso que te ríes con el mismo tipo que te humilló esta mañana? —Lo reflexionaré con calma, pero ese no es un asunto que te concierne —hago una mueca ante mi comentario sarcástico. —Maldita bruja, ¿De qué secta satánico te escapaste y por qué no me dejas en paz? —pregunta con fastidio lo que me hace reír con aún más fuerza. —Cuando aceptes la realidad de que soy la mejor opción para el puesto de capitana delante del entrenador, entonces consideraré la posibilidad de dejarte el camino libre imbécil. —¿Considerar? —entorna sus ojos— No voy a dejar a una bruja y una loca acosadora que se roba la ropa de los baños a cargo de un equipo tan importante. —Yo no dejaré a un manipulador que juega con las emociones de las personas a cargo del equipo —suelto abruptamente y un silencio se hace presente. Se vuelve incómodo y deja de mirar por las rejillas, siento los pasos antes de escuchar la puerta corrediza cerrarse. Vuelvo adentro, porque estar afuera ya no es desestresante, sino que se volvió un tanto molesto. Salir al balcón ya no se vuelve una opción fiable, pero al menos aún me queda la azotea como mi lugar secreto y ahí no hay nadie que pueda detenerme. —En guardia —grita mi madre al tiempo que me lanza una manzana. No la vi venir por estar perdida en mis pensamientos, es parte del pacto que tenemos y agradezco que lo haga. Aunque ahora mismo siento un fuerte dolor abdominal por culpa de ese manzanaso, si estuviéramos en una de las prácticas el balón podría haberme dado en el pecho o en el peor de los casos golpearme el rostro. —¿Estás bien mi monstruito de lodo? —pregunta haciendo un puchero y caminando en mi dirección con los brazos extendidos. —¿Cómo te atreves a llamarme monstruo? Y para colmo uno de lodo, señora albóndiga mayor —gruño irguiéndome. —Oh, eso fue justo a mi carnoso corazón, ¿Me llamaste gorda? —alza una ceja desafiante—Te recuerdo que sigo siendo la adulta de la casa. —No parece, al menos da el ejemplo Gloria —acota Tam dándole una mordida a una de las manzanas. —Me largo de esta sala porque irradian energías oscuras, son auras de mala vibra que le hacen mal a mi positividad —hace una pose de yoga y luego camina en dirección a su habitación. Nos quedamos a solas con Tam, suelto un gran suspiro y me dejo caer en el sofá que está a una distancia considerable de ella. La veo pensativa mirándome de una manera analítica, es como si quisiera adivinar que pasa por mi mente y no me gusta cuando hace eso. —¿Ya pensaste como le dirás a tu madre que tiene que ir a hablar con el director? Porque ayer ambos se salvaron gracias a que el director no asistió por motivos personales, pero te quiero recordar que mañana si tendrás que pasar por ese amargo momento —se dirige a mí y se deja caer en el sofá. —Ni siquiera recordaba el maldito castigo —me froto las sienes con los ojos cerrados— Estoy fuera de foco Tam, yo no sé lidiar con este tipo de situaciones. —¿Le llamas situación a estar enamorada? —pregunta apoyada en un cojín con su mirada fija en la mía.
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