Capítulo 19

1466 Palabras
Cuando llegué a casa, mi madre se encontraba con mi padre charlando de unas cosas, parecía que era de trabajo por lo tensos que se miraban sus rostros. Mi madre fruncía el ceño mientras afincaba un lapicero en su libreta de trabajo. Ambos sostenían unos bocadillos que desde lejos parecían ser de dulce de guayaba. Que a siempre vista, parecían muy apetecibles, por cierto. Intenté pasar de la manera más casual y normal que conocía. ¿Pero no les pasaba que cuando trataban de disimular o tratar de pasar por indiferente les salía todo al revés? Daba hasta gracia, como intentaba hacerme la tonta, fingiendo que les prestaba atención y colocaba agua en un vaso de vidrio para tomar. De pronto ambos se fijaron en mi dejando su conversación a un lado. —¿Todo bien nena? —Mi padre me preguntó, haciendo que me ahogara con el sorbo de agua que acababa de introducir en mi boca. Más disimulada no podía ser, lo sé. Cuando logré recomponerme, respondí.—Perfecta, ¿Por? Mi madre deslizó sus labios hasta formar una sonrisa, me conocía a la perfección. —Nos estas mirando fijamente como una loca. —Ah. —Casi me río, casi, pero los nervios no me dejaban ni reírme. —Pasa que un compañero vendrá, nos pondremos de acuerdo para una evaluación que tenemos que hacer. —¿Quién? —Inquirió mi padre. —En realidad no lo conocen, es nuevo en el Instituto. —¿Por qué no la hiciste con Jess como de costumbre? —Soltó mi madre como la típica detective que era. —Porque la profesora no nos dejó, creo que ha notado que siempre son los mismos grupos y quiere diversidad, ver otras cosas. —Ni que eso fuera importante, lo que importa es que saques buenas calificaciones. —Una sombra de molestia invadía el rostro de mi padre. — No con quien hagas las evaluaciones. Asentí en respuesta. No podía estar más de acuerdo. —¿Desde qué hora estarán allí, y a qué hora se irá el muchachito? —Mi madre insistió. —No lo sé má, lo que demore lo que vamos a hacer. — Habitación con la puerta abierta y quiero cero rollos contigo sobre el comportamiento que tome él y que tomes tú. —¿De verdad estas planteando la idea de que hagan la tarea en su habitación? —Mi padre entró en la discusión. —Llego a ver algo, y sabes que no la cuentas Victoria Smith.—Siguió hablándome, ignorando lo que le decía mi padre, quien se mostraba sorprendentemente celoso. — Lo sé mamá, quédate tranquila, ese estúpido es un engreído que de paso me cae mal. —Así empezamos tu mamá y yo. —Ya déjala en paz Leonardo. —Mi mamá no era de mucha paciencia, por lo que el reñir una sola vez a mi padre, era suficiente para que todos optaramos por guardarnos las palabras. Pues significaba que ya estaba colmando el vaso, cosa que rara vez pasaba, pero que cuando sucedía, salíamos corriendo como cobardes que eramos. —Gracias má. —¿A qué hora vendrá? —A las tres. —Perfecto a esa hora ya voy sacando la metralleta. —Soltó mi padre simulando con las manos una verdadera. —Papáaa... —Solté a punto de echar una carcajada, al escucharle. —¡Ningún, ningún...! Hay que estar preparados princesa. — Se acercó y me besó en la frente. — Sabes que no lo digo en serio, solo me pone un poquito de malas, no estoy acostumbrado a verte con muchachos. —Lo sé— Sonreí. — Yo también te quiero. — Su brazo se extendió detrás de mi cuello, abrazándome. —Yo te amo más de lo que puedas imaginar. // A penas sonó el timbré bajé rápidamente para evitar que mis padres abrieran. Cosa que no hizo falta porque Ally ya había abierto para cuando estuve abajo. —Buenas tardes. — Entró un Liam totalmente diferente a el que acostumbraba a ver. Vestía una camisa de botones clara y unos pantalones negros. Su cabello estaba más peinado y estilizado. Hasta parecía un hombre decente. Mis padres ya estaban acercándose hacia la puerta para recibirlo: Genial. — Soy Liam mucho gusto. Estudio con Victoria. — le tendió la mano a mi madre y luego a mi padre. — Victoria nos comentó. Cualquier cosa que necesiten está Ally. —Le señaló mi madre a Liam. Él asintió. — Mucha gracias señora. —¿A dónde trabajarán? Pienso que estarían más cómodos acá en la sala. ¿No te parece Victoria? — Preguntó mi padre, casi obligandome a un "sí" con su mirada. Aunque realmente no le llevaría la contraria, Liam no tiene por qué conocer mi habitación, no tiene nada que hacer allí. — Sí acá está mucho mejor, ya que tenemos la mesa. Voy por las cosas, no tardo. Subí lo más rápido que pude y tomé los apuntes, dos lapiceros y unas cuantas hojas. —Entonces eres un excelente contador me parece muy bien. — Escuché mi padre hablar mientras empezaba a bajabr las escaleras. —Sí. Pienso graduarme y seguir los pasos de mi padre, es dueño de una empresa importante en Italia. — Vaya que bien, me alegro mucho por ti muchacho. Al parecer Liam quería dárselas de buena gente con mis padres, este hombre parecía contar con centenares de personalidades diferentes. Cuando nos dejaron solos entre lo que cabe, porque Ally nos observaba desde la cocina, le enfrenté en voz baja. —¿Qué? Ahora resultas ser una persona decente? Sus ojos no consiguieron mi rostro, sus palabras salieron hacia el libro que tenía frente a él. —Muchas veces lo soy Victoria, que no lo sea contigo es otra cosa. Abrí los ojos con sorpresa. Me había llamado por mi nombre. —¿Y se puede saber el por qué? —Mejor empecemos a trabajar, no vine para acá a conversar contigo. Yo asentí. Ahí estaba el imbécil de siempre. Las horas se nos pasaron rápidamente, a pesar de lo incómodo que era tenerle cerca. Cuando se hicieron las seis de la tarde, ya teníamos listas las preguntas y mayoría del informe. — Si quieres yo lo termino, céntrate tu en entrevistar a las personas, no se me da esa mierda de hablar en público. Entrecerré los ojos. — ¿Qué público? Si hablaras con una persona y ya, la diferencia es que se grabará. —Por eso mismo, el vídeo lo va a ver todos los estúpidos del instituto, prefiero que seas tu quien lo haga. Me quedé un poco extrañada con lo que decía. Era imposible de creer que un hombre tan sociable, y egocéntrico, que le encantaba ser el centro de atención, pensara de esa manera. No le entendía en lo absoluto. — Da lo mismo, está bien. — Le respondí finalmente. Cuando iba a acompañarle hasta la puerta, su mano me tomó por sorpresa, al hacer que me detuviera. — Yo puedo hacerlo, gracias. — Su cara se acercó nuevamente a la mía como si con ello, pudiera leer cada uno de mis pensamientos. Yo pasé saliva y voltee. — De acuerdo, hablamos en clase. El asintió con una pequeña sonrisa en sus labios y cerró la puerta tras él. Dios mío, es que estaba loco de verdad. No podía con su extraña personalidad, de repente estaba bien, otras veces me gritaba y me odiaba, y por momentos me ignoraba de tal manera que yo misma dudara de mi propia existencia. Ally me miró desde la cocina, curiosa. — Le gusta, ¿Verdad? —¿Quién? — Le pregunté haciéndome la tonta. Sabía de qué estaba hablando. —El muchacho. —¿Liam?...No Ally para nada, ¿no ves como es? Es un lunático. — Es un poco raro, pero eso no quita que a usted le llame la atención. — No Ally de verdad, él es muy agresivo, grosero, ¿Como estar con una persona así? Ella se acercó deslizando sus labios en una pequeña sonrisa. Cuando habló su voz fue baja y suave. No quería que nadie nos escuchará. —Cuando tenía tu edad un muchacho me molestaba siempre, luego del tiempo me di cuenta que lo hacía para llamar mi atención. Hay hombres que son muy cobardes, no quieren demostrar lo que verdaderamente sienten por el miedo a el que dirán. Parpadée, exactamente dos veces. Necesitaba procesar lo que Ally estaba diciendo. ¿Y si esto era verdad? ¿Y si yo le gustaba y por eso hacía lo que hacía? —Igual si no te gusta, no tienes nada de que preocuparte, ¿Verdad? Pasé saliva. — Ehh Ally estaré en mi habitación. Ahora tenía muchas cosas en las que pensar.
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