Capítulo 8

1984 Palabras
Ya eran dos días que no sabía nada de Santiago, aunque intentara comunicarme, me llevaba a buzón. Era como si intentara ignorarme o de alguna forma hubiera cambiado, algo hubiese pasado... Deseaba con todas mis fuerzas que el motivo no fuera mi padre, que simplemente se tratara de otra cosa, pero también me preocupaba que fuera algo de salud. Santiago no era de enfermarse, de hecho desde que nos conocimos nunca lo había visto sentirse mal, o al menos que yo me enterara. No era algo común en él, de eso si estaba muy segura. En el Instituto todo iba de mal en peor, parecía que el agrandado del nuevo, no se quedaría tranquilo hasta verme colapsar de la rabia y la ira. Aveces de estúpida, me ponía a imaginar en un nosotros de pelicula, como si eso siquiera pudiera ocurrir. Pensamientos de locura que deambulaban en mi mente, cosas irreales, cosas que me hacían pensar visitar a algún Psicólogo. ¿Porque cómo si acaso puede pasar por mi mente, semejante ridiculez? Odiaba como trabajaba mi mente, pero también mis hormonas porque cada que se acercaba, temblaba o sudaba. La piel se me erizaba, tal como si estuviesemos en invierno. El celular vibró en mi bolsillo, había recibido un mensaje. El nombre de Jess brillaba en la pantalla. Jess: Hora : 11:20 am —¡Entonces me dejarás sola desgraciada! Su forma de escribirlo, por poco me provoca una carcajada. No había podido asistir a clases, me había quedado dormida leyendo uno de mis libros favoritos, libro que me hacía llorar como loca y del cual nunca me cansaba. Pero mismo también, que leía cuando estaba triste, cuando colapsaba, sin saber que hacer. Hice intento de responder, pero cuando iba a confirmar su respuesta, como normalmente lo hago, otro mensaje llegó. Jess: Hora: 11:22am Yo espero que tu no estés pensando en faltar a la fiesta Victoria. Me conocía tan bien. Pero a pesar de conocerme, no podía evitar sentir un poco de remordimiento. Siempre me invitaba a fiestas y yo nunca iba, tal vez debería de hacer una diferencia, tal vez... Necesitaba pensarlo mejor, necesitaba ver mis opciones. Por lo que dejé el celular a un lado y decidí responderle luego. De pronto, un repiqueteo en mi puerta me distrajo de mis pensamientos. Estaban tocando. —¿Sí? —Señorita es su madre...Que baje en cuanto pueda, por favor. —La voz de Ally se escuchó detrás de la puerta. La persona que limpiaba para nosotros y mi mano derecha también, quien siempre me alcahueteaba en todo lo que hacía. —Gracias Ally, ahorita bajo. Me quité la ropa de vagabunda que traía y me fui a por una más cómoda pero a la vez decente. Cuando bajé las escaleras, vi a mi padre salir de la casa con prisa. —¿Todo está bien? —Pregunté bajando el último escalón que me quedaba. Mi madre se veía algo nerviosa. — Sí, ¿No tienes hambre cielo? —Me extrañó la forma tan particular de preguntarme algo así, a estas horas. —La verdad no mucha... ¿Ya Ally preparó el almuerzo? —No, ehh...— Unió sus manos intentando explicarse. Era la primera vez que veía a mi mamá así. Algo raro estaba pasando, de eso no cabía la menor duda. —¿Qué pasó mamá? —Tu padre nos llevará a comer a un restaurante muy bonito que está cerca. ¿Quieres ir? La pregunta me pareció de lo más insignificante, ante su comportamiento, pero intenté ignorarlo y asentí. No veía por qué no. No tenía nada que hacer, y ni siquiera podía hablar con Santiago, porque se encontraba desaparecido de la faz de la tierra. Me tenía muy molesta, tenía que inventarse una buena excusa, para no verle y querer picarle en cuadritos. Sabía lo importante que era para mi saber de él. Saber que estaba bien... Con tantas cosas que pasaban, uno ya no sabía. Pero el idiota ese, ni con una señal de humo. —Pensé que me dirías otra cosa, pero sí está bien. —Anda y vístete entonces, tu padre salió, pero como en media hora viene a buscarnos. Así que date prisa. —Lo dices como si me tardara un montón. —Me miró con ojos amenazantes, y yo reí—Está bien, trataré de estar lista lo más rapido que pueda. Mi padre llegó al instante, tal como mi madre lo había propuesto. Se le notaba tenso, a diferencia de mi madre, quien sudaba como loca y miraba para los lados de alguna forma, apenada por su comportamiento. Todos vestíamos elegante pero a la vez, en un estilo semi formal, tampoco queríamos llamar tanto la atención. No es como si la gran fama de mis padres, lo exigiera. Ya teníamos suficiente atención por ahora. Lo bueno que el restaurante al que mi padre estaba estacionándose, eran de los más escondidos pero a la vez finos de la ciudad. Cuando llegamos, el vidrio brillaba con la luz del sol, el restaurante era todo de cristal con letras grabadas en grande de color n***o. Era ostentoso, pero no lo suficiente como para verme intimidada. Al bajarme del auto recordé cientos de momentos que teníamos en este lugar. Momentos de mi infancia, que me decían que la vida después de todo, no era tan mala. Sonreí cuando la brisa de pronto, se apoderó de mi cabello echándolo para atrás, tal como si de una película de cine se tratase. Cerré la puerta detrás de mi y seguí a mis padres, quienes se tomaban de la mano cariñosamente. A veces me preguntaba si a esa edad, yo podría estar así con alguien. Todavía amándonos, siendo el uno para el otro, apoyándonos para todo. Pero no sé por qué, la pregunta me entristecía. —¿Todo está bien princesa?—La voz de mi padre me sacó de mis pensamientos. Justo a pocos pasos de entrar al restaurante. Me sorprendí de lo lindo que era, y de lo atento que podía llegar a ser. Definitivamente se merecían el uno al otro. —Todo bien pá —Dije y sonreí como pude. No quería que pensara que me pasaba algo. Porque no era así y si así lo fuera, no era nada que lo resolviera con el tiempo. O bueno, al menos eso pensaba. Mi padre ya había reservado una mesa, estaba en el fondo del salón, donde casi nadie se sentaba. Pero donde podías visualizar a todo mundo sin mucho esfuerzo. Un par de caras conocidas me miraron con desdén.— Típico de gente que cree que porque tiene dinero puede ser mejor o humillar a los demás. —Intenté restarle importancia y seguí a mis padres que iban por la mesa. Alisé el vestido con las manos y me senté al llegar. Olía delicioso. —Mi niña...—Miré a mi madre, quien me apodaba siempre de aquella forma. — Hoy viene alguien que quiero que conozcas. Es muy importante para mí que se lleven bien. — Yo le miré un poco intrigada. Entonces por eso la actitud tan inquietante de mi madre todos estos días. Me parecía interesante saber de quien se trataba. —Está bien mamá no te preocupes. De mi es lo último que tienes que preocuparte. —Le dije y sonreí intentando, que mantuviera la calma. Sabía que era algo importante para ella, si no lo fuera, no reaccionaría de la forma en la que la que lo estaba haciendo. Mi madre por fuera solía verse un poco frágil, pero por dentro era una roca, era muy fuerte y sé que podía con muchas cosas,más de las que yo me podía, siquiera imaginar. La mesera llegó a por nuestra orden y mi padre pidió por nosotras. Batidos de oreo, de fresa y de frutas mixtas llegaron a nuestra mesa. Pero nada más, esperaríamos a que llegara la persona que mi madre había invitado. Cuando me terminé el batido, me decidí a ir al baño, debía retocarme si no quería parecer a Harley Quinn. Pero cuando estaba a pocos metros del mismo, hizo llamar mi atención una figura familiar. Cabello n***o, espalda ancha y ojos color miel. Ojos que conocía muy bien. Santiago se encontraba arrecostado en una de las encimeras, pero no solo eso, se encontraba hablando con una chica de piernas largas, cabellera rubia y ojos grandes celestes que le miraban con cierta picardía. Tal vez estaban engañándome mis celos pero se encontraban muy cerca, el uno del otro. La chica le susurraba algo al oído y el muy imbécil asentía más que interesado.Estaba ardiendo pero de la molestia que me embargaba. Cuando se dió cuenta de mi mirada, sus ojos se llenaron de nerviosismo. La chica le siguió la mirada, y alzó una ceja, sin entender lo que pasaba, Pues claro, obviamente que no sabía nada. Me quería ver la cara de estúpida, él muy idiota. Respiré hondo y continué caminando. Mi cara estaba roja cuando miré mi reflejo, roja de la ira que me consumía, de los celos, de la molestia que me causaba. No podía ser cierto que mi yo ridícula pensara que le pasaba algo, que algo había ocurrido. Pero es que claro que había ocurrido, estaba ignorándome porque se había conseguido a otra más bonita, una que accediera a todo sus caprichos, una por la que no esperara tanto... Otra figura apareció al lado en mi reflejo. Yo no quise siquiera mirarle. Estaba tan molesta . —Vick... —No me llames así. —Sentí sus dedos acariciar una pequeña parte de mi hombro. —Vick vamos, ¿Qué tienes? ¿Es que acaso pensaba que no era suficiente con ignorarme, también necesitaba burlarse en mi cara? —Sal del baño, que es de damas, no sé si te has dado cuenta. —Pero... —¡Que salgas del baño, j***r! Noté una presion en mi cadera, y como mi cuerpo ahora giraba para estar frente a frente y pegado al suyo. —¿Tienes algún problema?— Le grité más enfadada aún. —Déjame en paz. Sigue ignorandome como solo tú, sabes hacerlo. —¿Ignorarte? —¿Acaso eres sordo? Que me dejes en paz te digo, te juro que si no... —Hice fuerzas para zafarme de su agarre. —Si no ¿Qué? — Sus labios ahora se encontraban, a una lejanía bastante corta. — ¿Ya no quieres estar conmigo? ¿No quieres que te bese más, que te agarre? —Al decirlo, una de sus manos, se deslizo por mi trasero. — ¿Estás segura? —Sal de aquí. —Liberé una mano y con ella, le empuje en sentido contrario. —Estás celosa ¿Verdad?—Me miró vacilante. —Eso es lo que sucede. Es que ahora quería dársela de gracioso. —Celosa tus narices Santiago, ¿Acaso piensas que el mundo gira en torno a eso, que no me preocupaba dónde estabas? Ah no claro pero mira donde estabas, metiéndote con una modelo de revista. —Cuando estaba por hablar le interrumpí en seco.— Para tu suerte, me hiciste abrir los ojos. Que increíble que eres. —No ha pasado nada Vick ¿De dónde inventas tantas locuras? —¿Y tú? ¿Cómo haces, para inventarte un amor de mentira? Su rostro se oscureció en cuanto terminé de decir esas palabras, pero no me importó, no me importaba en lo más mínimo lo que pensase. —¿Entonces eso piensas de mi? ¿Piensas que todo fue una mentira Vick? Mis ojos empezaban a arder, pero no iba a llorar. Tenía que soportarlo. Para cuando iba a decir algo. Se abrió la puerta. Una chica había entrado. Quien nos miraba con extrañes, y algo asustada al mismo tiempo. —Sal de una buena vez. —Fue lo último que dije para que finalmente, desapareciera de mi vista.
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