Capítulo 7

1537 Palabras
Arreglaba mi cabello sin muchas ganas cuando un repiqueteo en mi ventana, llamó mi atención, era Santiago. Sus ojos me repasaron, con dulzura. —Estas hermosa. Yo sonreí, nerviosa. Se acercó y sus manos encontraron mi cintura. —Te juro que haría lo que sea, por hacerlo transparente. — Su respiración hizo cosquillas en mi oído al decirlo. Se refería a mi vestido, lo entendí cuando sus manos se deslizaban en la tela, cuidadosamente. Y entonces le recordé, recordé su estúpida mano levantando mi barbilla y a su boca, decirme que no le atraía ni un poco, ni siquiera para rozarme. Era increíble como una persona podía destruirte y otra, todo lo contrario. No paraba de repetirme, que había tomado la decisión correcta, al estar con Santiago...Los hombres en su mayoría eran una total perdida de tiempo. — ¿En qué piensas? — Su boca besó la comisura de mis labios con ternura. —En nosotros, en la decisión que no me arrepiento de haber tomado.—Estaba mintiéndole, aunque no del todo. Sabía que lo mejor era estar a su lado siempre. Coloqué mis manos detrás de su cuello. —Su boca pronunció aquellas palabras que me encantaban tanto. —Te amo. —Y yo — Le respondí uniendo nuestros labios con delicadeza, pero no pasó ni siquiera dos segundos, cuando una voz inundó el espacio. —¿Santi...? La voz inconfundible de un niño, se escuchó provenir de la otra ventana. Yo apreté los ojos intentando, que no fuera lo que pensaba. Pero sí, no podía ser más obvio. Era uno de sus hermanos, Joe. —¿Joe qué haces ahí?— Volteó con prisa, Santiago. —Te venía a avisar que estábamos listos para irnos, pero te has apurado. —Rió. —No le digas nada a mamá, voy de inmediato. —¿Decirle que ustedes son novios? Abrí los ojos, al escucharle. —Joe, nosotros no somos novios... ¿Verdad Vick? Asentí con rapidez. —Debes de haber visto mal. —Pero se estaban besando... —Dijo casi gritando, y yo me quería morir. —¿Joe? — Pregunté para rectificarlo. El asintió.— No, bebé eso jamás, tu hermano y yo solo somos amigos. Él rió. —Son novios en secreto ¿Verdad? Cerré los ojos, intentando respirar. Le haré entrar en razón. —Me susurró Santiago, antes de deslizarse por la ventana rápidamente. Dios mío. En lo que nos habíamos metido. // La puerta se abrió y toda su familia entró sin prisas. Mis manos sudaban, lo confirmaban, estaba muy nerviosa. Tenía seis hermanos, ¡Seis! Cómo no ponerse nerviosa ante eso. Su madre me sonrió con timidez. —Está muy linda. — Le comenté al mirarle. Llevaba su cabello castaño recogido y un vestido rojo muy elegante. Daba el aspecto de una mujer regia y hermosa. Para nada se notaba, el hecho de ser madre soltera, ni tampoco lo trabajadora que era. Mi madre y ella, llevaban competencia. Podían ser perfectamente modelos, si lo se lo planteaban, aun con su edad... —Igual tú, ya quisiera yo, tener esos ojos. Sonreí. Había sacado los ojos verdes, al igual que mi madre, pero no tan vivos. Los míos se mezclaban en tonalidades grisáceas, a veces en el sol hasta parecían de color miel. Eran todo un espectáculo para muchos. Para mí eran algo totalmente normal. —Bienvenidos. — Exclamó mi padre con emoción en los ojos. —Están en su casa. —Le siguió mi madre. Algunos sonrieron y otros simplemente, le miraron con interés. Santiago no estaba, me preguntaba por qué. Me picaba el cuerpo por saberlo. —¿Están todos? — Pregunté haciéndome la tonta, por obvias razones. Samantha habló. — Falta Santiago, viene en un momento. Yo asentí, haciéndole saber que lo comprendía. Pasamos todos al salón, en donde estaban los muebles. Chris entró primero, su cabello rubio y a la vez castaño, descansaba revuelto y largo, pero no tanto para alcanzar sus orejas. Ivanna, le seguía detrás, tenía el cabello oscuro hasta los hombros y unos ojos grandes muy expresivos. De tes trigueña, la única entre todos sus hermanos. Will un muchachito muy alto y que no aparentaba para nada la edad que tenía, era de cabello castaño, casi n***o, ni se le sentía por estar sumergido en el celular. Jake, un año menor que yo, de ojos azules, el único también entre sus hermanos y castaño. Joe, la viva imagen de Santiago, pero en una versión más chiquita y tierna, tenía 7 añitos y me guiñaba el ojo, cada cuánto. Se hacía obvio, que Santiago no había podido convencerle. Y Samantha, la que le seguía a Santiago, de entre sus hermanos, tenía 17 y no era muy amigable que digamos. El pelo tinturado de rosa y los ojos cafés, con un lápiz n***o bien marcado. Joe se sentó a mi lado, sacándome de mis pensamientos por un momento. —Si Santi y tu son novios, ¿Significa que soy tu cuñado? Me reí al escucharle. —Sí, lo serías, pero tu hermano y yo, no somos novios. — ¿Crees que soy tonto? De pronto me puse tiesa con su pregunta. No tenía idea, de cuan inocente era, ya no se sabía que pensar con esta generación. Y sí, sé que sueno como una abuela. —Yo... Él sonrió. —Solo bromeo. Es obvio que son solo amigos. —Me guiñó el ojo nuevamente. Ay Dios mío. —¡La cena está en la mesa! —Anunció mi madre, mientras mi mente analizaba lo que estaba sucediendo. Y casi, al mismo tiempo, la puerta sonó. Santiago había llegado. Mi padre abrió, vi cómo se tendieron la mano y cómo sus ojos luego, se detenían en los míos, ¿Angustiados? Deslicé parte de mi cabello, detrás de mí oreja, tratando de mantener la compostura y me puse en pie. Ayudé a mi madre con las bebidas y me agradeció con una mueca. Nunca habíamos traído tanta gente a casa, estaba por volverse loca. Señora... ¿Cómo está? — Dijo Santiago, encontrándonos en el comedor. Yo pasé saliva, con la mirada baja. Sentía que si le miraba iba a ser muy obvia, no soy muy buena para fingir. —Muy bien, Santiago. Qué bueno que hayas podido venir... —Asintió — ¿Necesitan ayuda? —Solo llevar estas bebidas a la mesa, vé con Victoria. ¡Claro, lo que faltaba! Tomé dos vasos y me dirigí hacia el comedor. Pasaron solo segundos, cuando sus pies, estuvieron detrás de los míos. —Perdona por haber tardado tanto. Yo asentí. Colocamos los vasos en la mesa y fuimos a por más. En la segunda ronda, le escuché otra vez cerca de mi hombro. — ¿Estás molesta? —Yo le miré, con curiosidad. — ¿Por qué lo estaría? No me respondió, todos ya, empezaban a tomar asiento. Luego de comer, a mi padre se le ocurrió la excelente idea, de irnos a la sala de cine. Aunque se me hiciese imposible la idea. De verle, de no poder tocarle o siquiera hablarle...Y aunque tampoco fuera para tanto, me consumía por completo. No podía parar de pensarle. Como mi padre no sabía lo que le gustaría a cada quien, fueron a por una de comedia. Todos se encontraban concentrados en ella, y yo casi ya agarraba el hilo de la trama, cuando su bendita voz apareció a mi lado. Intenté respirar hondo e ignorarle, pero al darse cuenta, que ni me inmutaba, su mano se escabulló abajo de mis piernas. Jodeeer. Le miré intentando no parecer tan obvia, del efecto que ocasionaba en mí. — ¿Qué-estás-haciendo? — Susurré entre dientes de forma pausada. —Veo la película... Como tú. —Le noté pasar saliva. Sus ojos mirándome con profundidad—Tus padres me agradan, han sido muy lindos con mi familia. —Intentó disimular. Yo intenté hacer lo mismo y mirar hacia la pantalla. — Son buenas personas, y pues, ¿Por qué no? A pesar de que estaba en la ultima fila, alguien podía voltear, alguien podía ser más astuto que ambos y darse cuenta, de lo que estaba sucediendo. —Sonrió. — Aunque no lo creas, fuera increíble tener más momentos así. —Movió la mano, y mi corazón saltó. —¿Con mi familia? —Asintió— Y contigo. —Las cosas deberían ser diferentes... — Me quejé, evitando pensar de más. —Lo sé, pero algo es algo. —La fue retirando poco a poco, haciéndome cosquillas y por supuesto, que mis mejillas se prendiesen en rojo. — De a poco se empieza. Yo me quedé callada, porque era cierto. Si queríamos lograr que mis padres permitiesen nuestra relación, había que esforzarnos, y el primer paso sería nuestra familia.Pero también porque estaba jodidamente encantada, y aterrorizada, de que nos pudiesen cachar. Y casi como si leyera mis pensamientos, la voz de mi padre, hizo eco en el salón. —Santiago. Le miré. Estaba casi pálido. Mi persona en cambio, se limitaba a no respirar. —¿Puedes venir, por favor? —Enseguida. —Carraspeó. Me echó una última mirada y se fue con él, con rostro nervioso. De pronto me dieron ganas, hasta de vomitar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR