Al llegar al restaurante, Ally pidió una milanesa de pollo con ensalada y yo opté por unos camarones al ajillo con espagueti. Observé a Ally desde el otro extremo de la mesa y aluciné con su belleza natural, se le veía mucho más jovial y deslumbrante, al parecer los días fuera de la casa de mis padres, le habían sentado de maravilla. Su cabello corto castaño lucía impecable debajo de sus hombros y su piel lucía tal porcelana tras el sol brillante que hacía por estos días. — ¡Estás deslumbrante Ally!, Pareces otra mujer. —Le comenté sin poder dejarlo pasar. Ella sonrió algo tímida, al escucharme. —Muchas gracias, señorita Victoria. Aunque no puedo decir lo mismo, has estado llorando ¿Cierto? —Suspiré con suavidad. —Creo que ya perdí la cuenta de todas las veces que lo he hecho Ally.

