No, no era su forma de hablar, este no era él mismo, pero ¿quién sería?, además no estaba solo, a su lado había una mujer que estaba llorando y escuché que decía: –¡Pobrecilla, pobrecilla! Todo esto lo estaba recordando allí de pie al lado de la cama de este pequeño, ese niño que acababan de traer, que había sido atropellado por una estudiante inconsciente, que no había tenido en cuenta la de cosas que uno le puede pasar al cometer una imprudencia. Aunque ella insistió, según nos dijeron en recepción, que había sido el pequeño el que se había precipitado sobre el coche al salir de…, bueno, no sabía bien de dónde había salido, pero ella decía que ella no le había atropellado, que no iba deprisa, pero aun así no le había podido evitar. Nos habían llamado del hospital porque siempre les t
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