CAPÍTULO 5. Ya hacía dos años que trabajábamos en el hospital, cada vez parecía que nuestros encuentros se hacían más continuados, Álvaro como siempre era muy correcto: –¿Cómo estáis? Y luego casi siempre se ponía a hablar con Flora, no sé, parecía que siempre tenía alguna pregunta que hacerle. Bueno, no es que a mí me importara, ni mucho menos, ¡yo encantada!, como decía Flora “se te ilumina la cara cuando le ves”. Yo siempre la había disuadido diciéndola, que solo eran cosas suyas, sería porque ni yo misma quería echarlo en cuenta, ¿qué me iba a gustar?, solo éramos eso compañeros, porque desde aquel lejano día, ya no sé cuántos años hace de eso. ¡La de vueltas que da la vida!, con lo mal que me lo hizo pasar aquel primer curso, en el que se empeñó su pandillita, él y sus inseparab

