La mañana siguiente los dos estábamos con cara de sueño, y ya sabíamos porque, uno de los guardaespaldas vino por mí, Hayes era un apellido, me llevó al trabajo y se quedó conmigo vigilando cada paso que daba, eso me tenía estresada, se supone que no corro peligro en mi empresa, joder. Quise salir a un café y el me lo impidió -Sra. Varnagy, el Sr. No autorizó ninguna salida del edificio para usted hasta la hora del almuerzo. Joder, como que no autorizó, ósea que no puedo ni siquiera moverme. –Suspiré enojada. Levanté el teléfono de la oficina para llamar a Ignacio. -Hola mi amor, estoy en una reunión, te llamo al salir. -No, ni se te ocurra cortarme la llamada Ignacio Varnagy, Como es eso que no tengo autorizado salir de mi trabajo? ¿Que soy? ¿Una prisionera? –Dije enojada. -Meg

