Él se quedó en silencio sonriente. Creo que no le salían las palabras. Así que me acerqué a él y lo besé. -Hoy me has hecho un hombre más que feliz. Gracias mi amor. –Dijo correspondiendo a mi abrazo. Y así nos quedamos fundidos en un abrazo por un rato. Mientras estábamos abrazados el teléfono de Ignacio empezó a sonar. -Déjalo sonar –Dijo restándole importancia. Minutos después empezó a sonar el mío. -Algo me dice que es mi madre –Dijo negando. Y efectivamente era Kiara que estaba llamando para invitarnos a cenar esa noche. -Sabes donde esta Ignacio y por qué no me contesta el teléfono? –Preguntó con voz enojada. -Está aquí conmigo Kiara. Ya te lo paso. Después de regañarlo habló conmigo un rato y se despidió. -Mi amor, ¿te puedo pedir que en la cena no vaya ningún guarda

