El silencio de la noche era apenas interrumpido por el murmullo del viento contra las ventanas. La luna, alta en el cielo, arrojaba su luz pálida sobre la habitación, donde ella permanecía sentada en el borde de la cama, con los ojos fijos en la alfombra como si ahí pudiera encontrar las respuestas que su corazón no dejaba de buscar. Las palabras de su tía resonaban en su cabeza como un eco imposible de acallar. Su primo le había dicho antes de que ella subiera a su auto una frase que había logrado clavarse en su corazón como un cuchillo. — Una mujer como tú nunca será suficiente para él, se cansara de ti tarde o temprano. Lo había dicho con una frialdad que aún le helaba la sangre. Inspiró hondo, tratando de calmar el temblor en su pecho. No quería recordarlo. No qirria tomarle im

