Un susurro entre llamas

1645 Palabras
El restaurante que Liam escogió no era el tipo de lugar al que Victoria solía ir. No había la frialdad calculada de los negocios ni la ostentación que a menudo la rodeaba en los eventos corporativos. Era un rincón cálido y elegante, con luces tenues que proyectaban sombras doradas sobre las paredes de ladrillo visto. La música flotaba en el ambiente con una suavidad casi hipnótica, y el aroma de la cocina impregnaba el aire con promesas de sabores reconfortantes. Victoria se sintió fuera de lugar por un instante, como si hubiese sido transportada a una dimensión distinta a la que estaba acostumbrada. Se removió en su asiento, cruzando las piernas mientras observaba a Liam, quien parecía perfectamente cómodo, como si ese lugar fuera una extensión de sí mismo. —No imaginaba que te gustaran estos sitios —comentó, pasando la yema de los dedos por el borde de la copa de vino que el mesero había servido minutos atrás. Liam sonrió de lado, esa sonrisa suya que era un misterio envuelto en un desafío. —No todo en mi vida gira en torno a cifras y estrategias —dijo, apoyando los codos sobre la mesa, inclinándose un poco hacia ella—. A veces es bueno desconectarse… permitirse disfrutar. Victoria entrecerró los ojos. —¿Eso intentas hacer conmigo? Liam soltó una risa baja. —No. Contigo la estrategia es distinta. —¿Ah, sí? —arqueó una ceja, bebiendo un sorbo de su vino—. ¿Cuál es tu estrategia conmigo, Liam? —Conseguir que te permitas ser humana por una noche… Ser mujer. Relajarte un poco. Victoria sintió algo encenderse en su interior, una chispa de algo que no supo cómo definir. ¿Desde cuándo alguien le pedía que fuera humana, o mujer? ¿Desde cuándo Liam veía más allá de la coraza de frialdad que había construido? El mesero llegó con los platos, interrumpiendo el momento. Cuando la comida fue servida, Victoria se sorprendió de la elección de Liam: un estofado de res con especias y verduras caramelizadas. Nada pretencioso, pero con un aroma tan exquisito que le hizo darse cuenta de lo hambrienta que estaba. —¿No pedirás algo más elaborado? —preguntó, esbozando una sonrisa ligera. —A veces, lo sencillo es lo que más se disfruta —respondió él, tomando su tenedor—. Pruébalo… te aseguro que te gustará. Liam actuaba tan sereno y relajado que no parecía él mismo. O tal vez, ese era él en realidad. Victoria tomó un bocado, y el sabor cálido y especiado pareció recorrerla como un abrazo. No dijo nada, pero Liam vio en su expresión la aprobación que no verbalizó. La cena continuó entre charlas ligeras, como si por unas horas el peso de la traición y los problemas hubieran quedado relegados a un segundo plano. Liam tenía una forma particular de hacerla reír, de encontrar siempre la manera de desarmarla con un comentario agudo o una observación precisa. Pero cuando el postre llegó, la atmósfera entre ellos cambió. Un roce de sus manos desató una tormenta Victoria deslizó la cuchara por el interior del soufflé de chocolate, la textura esponjosa y fundente deshaciéndose entre sus labios. Liam la observaba con una intensidad latente, como si cada uno de sus movimientos fuera parte de un juego silencioso. —¿Sabes que cuando disfrutas algo, cierras los ojos apenas un instante? Victoria parpadeó. —¿Qué? —Lo hiciste con el vino, con la comida… y ahora con el postre —murmuró él, apoyándose ligeramente contra la mesa. —No lo noté. —Yo sí. El aire entre ellos cambió de temperatura, volviéndose más denso, más cargado de algo invisible pero innegable. Victoria dejó la cuchara sobre el plato con delicadeza. Había algo en la forma en que Liam la miraba, algo en la forma en que la estudiaba, que despertó en ella una necesidad inesperada. Siempre había estado en control. Siempre había decidido cuándo, cómo y con quién. Pero en ese momento, bajo la luz tenue de aquel restaurante, con su corazón todavía revuelto por la traición y la decepción, sintió que necesitaba algo más que palabras o estrategias. Necesitaba algo real. Algo tangible. Y lo tomó. En un movimiento inesperado, se inclinó hacia él y tomó su rostro entre sus manos. No le dio tiempo de reaccionar. Simplemente dejó que su instinto hablara. Sus labios se encontraron en un roce inicial, tibio, contenido, pero al sentir la calidez de su boca, Victoria dejó de pensar. Liam tardó apenas un segundo en reaccionar, pero cuando lo hizo, fue como si la tierra temblara. Su respuesta fue firme, profunda, como si en su beso estuviera impresa una emoción que ni siquiera él mismo se había permitido reconocer. Sus labios se movieron con una precisión que hablaba de paciencia y hambre a la vez. Una de sus manos ascendió por el costado de Victoria, deslizándose con suavidad por su espalda, y ella sintió el estremecimiento recorrerla, encendiéndola desde dentro. Cuando se separaron, sus respiraciones eran irregulares. Liam la observó con los ojos entrecerrados, sus labios apenas entreabiertos, como si aún sintiera el eco del beso en su boca. —No esperaba eso —murmuró, con una sombra de sonrisa en su voz. Victoria humedeció sus labios, sintiendo todavía la calidez de los labios de Liam sobre ellos. —Yo tampoco. —¿Te arrepientes? Ella lo miró, con las emociones arremolinándose en su pecho. —No. Liam sostuvo su mirada por un largo momento, como si quisiera descifrar cada matiz de su respuesta. Luego, con una lentitud calculada, deslizó los dedos por su muñeca, un contacto apenas perceptible pero lleno de promesas silenciosas. —Entonces será mejor que me lo expliques —dijo, su voz un susurro que hizo que cada fibra de Victoria se tensara. Ella sonrió, una sonrisa pequeña pero llena de algo nuevo. —Tal vez —susurró—. O tal vez prefiera que no lo entiendas. Liam sonrió, no esperaba esa reacción de Victoria, pero le había fascinado el sabor de sus besos. Esa noche Victoria necesitaba sentirse viva, el dolor de lo que le habían hecho los amigos de su padre latía en su pecho. En el elegante restaurante había un balcón privado, Liam ordenó una botella de champán y dos copas que fueron servidas en una pequeña mesa en el balcón. Una vez estuvieron solos, nuevamente fue sorprendido por Victoria, ella se acercó a él con una invitación en su mirada. Liam lo entendió, y dando un paso cauteloso hacia ella puso su mano suavemente sobre la cintura de Victoria, ella no se alejó, todo lo contrario, chocó suavemente su cuerpo contra el de Liam. Sus labios se volvieron a unir, esta vez con hambre de profundizar cada beso. Las copas seguían llenas en la mesa, ninguno le había dado ni un sorbo. Sus labios se estaban embriagando de pasión, de un deseo ardiente que los consumía a los dos. El CEO frío y calculador se derretía en las caricias de Victoria, y ella dejaba sentir todo el peso de su deseo a Liam. Llevándola un poco más lejos cada vez, Liam también perdía la cabeza, deseando más y más de lo que ella le hacía sentir. Pero ese no era el lugar para destacar el fuego que lo consumía por dentro, a pesar de que Victoria lo estaba quemando con cada beso, hasta llevarlo a sentirse arder con un deseo devorador. — Creo… – aclaro su garganta. — Que deberíamos irnos. Liam se apartó para recomponerse, estaba luchando con todas sus fuerzas para que su cuerpo no evidenciara lo que deseaba más que nada en ese momento. Victoria hizo un gesto de decepción, algo que agradó muchísimo a Liam. Pero ella no era cualquier mujer como para llevarla como a las otras a su penthouse. Victoria guardó silencio por unos segundos, luego se volvió a acercar a Liam para hacerle una propuesta: — ¿Me acompañas a mi departamento? — ¿Eso es una invitación? ¿O solo quieres que te deje en la entrada? — Depende de ti…¿Quieres que esto termine aquí? O… ¿En mi departamento? La invitación fue clara, y con una sonrisa de lado Liam la volvió a tomar de la cintura para darle un beso cargado de deseo. Un deseo que lo quemaba a él también. Saliendo del restaurante sin tomar una sola copa de champán, Victoria lo llevó al departamento que había comprado recientemente. Al cruzar la puerta Victoria se quitó los zapatos y empezó a despojarse de sus vestidos. Liam estaba fascinado con la naturalidad de su sensualidad, no podía apartar sus ojos de ella, con cada uno de sus movimientos él sentía arder. Una vez Victoria mostró toda su belleza a flor de piel, con una rapidez y una precisión impresionante, en segundos Liam estuvo frente a ella a flor de piel, con un deseo incontrolable en sus miembros. Pero no se atrevió a acercarse, así que Victoria tomó la iniciativa, volviendo loco a Liam con cada beso y con cada caricia. Lo que pasaba entre ellos era algo inesperado para Liam, y para Victoria algo que iba disfrutar sin pensar en nada más. Lo único que deseaba pensar era en hacerle el amor al CEO, un hombre que no podía negar, que la enloquecía con tan solo el contacto de sus manos. Ella no sabía si había hecho lo correcto en acelerar un romance que ella había diseñado para más adelante, pero en ese instante solo deseaba sentirlo, por completo, que profundizara su centro hasta perder la cordura. Victoria era como un fuego arrasador, una mujer tan intensa que lo convertía en cenizas entre sus piernas, ella lo arrastraba a algo que nunca había sentido con otra mujer, y que le gustaba más de lo que él estaba dispuesto a reconocer.
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