LA DICHA DE REGRESAR

1020 Palabras
El espíritu del maestro chef levitaba muy bajo en aquella habitación donde con ayuda de Angélica habían dado paso al preparado de su tan aclamado postre. Ahora solo restaba esperar unas horas mas para poder contuinuar con ello, Como toda buena receta de cocina, esta implicaba nuevamente esperar para lograr el momento adecuado, aunque esta vez solo bastaba con algunas horas y no con anos de espera. -Estar muerto es una sensación única. -Decía para si mismo mientras miraba en la pared los trofeos que celebraban los logros en su vida. -No recuerdo nada de esa experiencia, fue como caer en un profundo sueño con demasiada pesadez como para levantarse. ¿Cielo o infierno? No vi nada de eso. -Su mirada seguía fija en aquellas fotos, como si ayudara a su mente para entender la situación por la que pasaba. Quizá fue porque mi espíritu se quedó atrapado en aquella estatua todos estos años y no pudo ir a ningún otro sitio. ¡Que suerte que nadie la rompió en este tiempo! La cosas habían cambiado mucho. No tenia amigos a los cuales visitar, muchos de los lugares que él conoció ya no existían y por si fuera poco, se había convertido en un espíritu, el cual provocaría miedo y desesperación en la gran mayoría de las personas que lo vieran. La soledad que ofrecía aquella habitación parecía ser la mejor opción para el mientras esperaba. -Puedo sentir el aire a pesar de mi forma ahora, se siente mucho mas pesado a como lo recordaba. Seguía hablando pero ahora cambio su vista a otra de las paredes que le rodeaban. En esta podía ver algunos de los instrumentos mágicos con los que había trabajado antes. -Tal vez sea la contaminación que se rumoraba ocurriría en el futuro, uno que ya se esta viviendo. El meditaba todo esto mientras en el instituto continuaba la celebración para los de nuevo ingreso, lugar al que si nueva amiga tuvo que ir aunque hubiera preferido continuar ahi y aprender del magnifico chef. Al espíritu pareció agradarle mucho aquella joven, le hizo recordar su época de aprendiz en la que deseaba desafiar a todo y todos en el ámbito gastronómico. Al igual que el, Angélica habia nacido con un don nato para la cocina pero se encontraban con reglas y fueron impuestas antes que ellos nacieran y que lo único que hacian era retrasar su proceso creativo. Lo que buscaban realmente estas reglas era compartir las experiencias de pasados cocineros, buscar la forma de redactar sus errores y las mejores formas que ellos encontraron para cocinar. Ese era el punto origen que claro, se habia distorsionado transformando reglas únicas para cada platillo. Lo único que restaba a aquellos que no deseaban trabajar bajo reglas, era inventar sus propios platillos, peo esto tampoco era tan fácil como suena ya que tenían que ser aprobados por los representantes del mundo de chef y por supuesto, por las personas que lo probaran, dejando saber que el sabor era placentero. Ahora tenia dos cosas que agradecerle a su nueva alumna, la primera era la ayuda que le presto. Ya que sin esta no habría podido llegar al edifico, abrir las puertas y preparar la receta. La segunda era el hecho de regarle esas emociones con las que sintió que recordaba todo. Lo llenó con esa energía de vida que un hijo o un discípulo te pueden dar, al ver como hacen lo mismo que tu, con esa idéntica pasión. Los recuerdos son un alimento para la mente humana, asi como tambien para la el alma. Por fortuna el espíritu del chef no perdió ninguno de estos, podía tenerlos y ejercerlos a su antojo y eso lo convirtió en alguien muy valiosos. Por si solo el conocimiento vale demasiado. Angélica a su vez tambien tenia mucho que agradecer al espíritu, sin el, su día habia terminado con el animo muy bajo debido a su mal comienzo en el instituto. Gracias a que lo vió, pudo levantar su animo haciendo algo para lo que deseaba dedicarse toda su vida, como lo era el cocinar. A esto le sumó las experiencias en forma de anécdotas que el maestro chef pudo compartir con ella. El hecho de haber cocinado a su lado sintiendo esa sincronía y gusto le hizo valorar su profesión y así entender que habia mucho por aprender aún. El gran maestro chef veía esta etapa como su última acción antes de declinar a la profesión de chef, el final del camino como lo llamaba y para esto puso toda su emoción y conocimiento. La euforia y energía en Angélica tambien apreció, pero fue algo diferente pues para ella era el inicio del camino y de las múltiples experiencias que faltaban por vivir, agradecía la forma tan especial en la que habia iniciado y al gran maestro que tuvo para iniciara en este, que sin saberlo seria un camino difícil pero lleno de éxito. -Nunca me atreví a pensar en un nobre para este postre. -Se quedo pensando muy seriamente mientras su barbilla se postraba debajo de su puño. -Lo veía como algo tan lejano que no me dí a la tarea de hacerlo. Como era tradición, un platillo recién inventado necesitaba ser bautizado. Este era otro de los privilegios que tenia un chef al lograrlo, aunque en raras ocasiones otra persona era la que se encargaba de poner nombre a los platillos por cuestión de creatividad en la publicidad. Esta oportunidad era algo que el maestro chef no iba dejar pasar. Por su mente e historia habían pasado varios platillos nombrados por él y como en todos ellos tenia que buscar uno especial para su nueva creación. Uno que llenara su corazón y que pudiera ser recordado por las personas. -Tiene que ser algo único, después de todo es el platillo de mi vida... y de mi muerte. -Su cabeza la quebraba dando vueltas en el aire tratando de encontrar el nombre ideal para el postre. -¡Lo tengo, es una combinación de la magia, mi ciudad natal y la técnica que estoy usando... Su nombre sera El Brakjet!
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