Reencuentros I

1072 Palabras
Continuación del flashback... —¿Ayden? ¿Qué haces aquí? Los presentes en la sala me miraron casi al mismo tiempo. —Sabes, Gin, Ayden no es el único que está aquí. Esa era la voz de Graciela. Me voltee y ahí estaba Graciela, sentada en una silla del comedor mientras me miraba con burla.  "No me digas genio, ¿qué esperabas?" —Graciela, hace mucho que no te veía. ¿Dónde has estado? —corrí a abrazarla. Al separarse de mí, ella se encogió de hombros. —Por ahí. —Por ahí no es un lugar —reí. —Bueno, te explico dónde queda "por ahí", si tú me dices porque sólo miraste a Ayden al entrar. —¿Yo? —mi subconsciente buscó todas y cada una de las mentiras posibles, pero ninguna era lo suficientemente creíble—. Igual ese no era el tema. Graciela sonrió con malicia. —Mmj, claro. —Bueno —esta vez habló Ayden—. Yo solo venía a recordarte que hoy tengo... Dirigí mi vista hacia él. Hoy es su prueba, cómo olvidarlo. —La prueba, si, lo recuerdo —completé por él. Se acercó hasta mí y me depositó un beso en la mejilla.—Genial, paso por ti a las cuatro —se aproximó hasta la puerta y del perchero tomó una chaqueta color café—. Hasta entonces. Mi madre hizo su aparición en un vestido color blanco hueso, tacones rojos, pelo suelto y un delantal color blanco con rosas azules y la frase "La mejor mamá" en él. —¿Y porque yo no estoy enterada de esos planes? Ayden abrió la boca, dispuesto a hablar, pero lo empujé hacia la puerta de la cocina antes de que hablara. —Yo me encargo de ella —dije—. Nos vemos, y salúdame a Alaska. Ayden desapareció por la puerta después de un «Ok». Casi al instante, Graciela se acercó hasta mí y me susurró al oído: —Con que no te gustaba, eh. Formé una línea fina con mis labios. —No, no me gusta. —Querida —Gris salió por la puerta que daba a la sala y a las escaleras al segundo piso, mientras se quitaba el delantal—. Por favor no digas mentiras y ve a vestirte, ¿Sí? —¿Vestirte? —preguntó Graciela. —¿Mentiras? —dije yo al mismo tiempo que Graciela. —No te hagas la que no sabes —gritó desde la segunda planta. —Es que no sé, ese es el problema —respondió también Graciela en medio de gritos, como si eso se lo estuvieran diciendo a ella. —No, no sé. A ver, explícame —le respondí esta vez yo, en tono moderado. Graciela abrió la boca exageradamente, y como si la exageración -más- aún le cupiera en el cuerpo, habló "indignada". —¿Qué es lo que oigo? ¿Ginebra hablándole mal a su madre? —¿Qué? —la miré mal—. Claro que no. —Oh si —una sonrisa llena de maldad surcó sus labios—. Claro que si pequeño conejo de choco... "¿Conejita? ¿Cómo Ayden te dice?". Esfumé esos pensamientos de mi cabeza. —Cizañosa —la corté. —¿Enojada? —preguntó con falsa inocencia. Abrí la boca dispuesta a hablar, pero nada salió. Odio cuando eso pasa. —Ginebra, por Dios, ve a vestirte. Tenemos mucho que recorrer. Bufé. —Ya voy. Caminé a mi habitación con Graciela siguiéndome. —¿A dónde vamos? —No vamos, voy. Cuando llegamos a la habitación, Graciela se tiró en mi cama. En su rostro podía ver una interrogante gigante. —¿Pero a dónde? Al único lugar que sabía que irías hoy era a tu cita con Ayden. Separé la vista de mi closet para lanzarle la peor mirada que pude. —Uno, no es una cita, solo voy a acompañarlo a su... Como sea que se llame eso. En el momento que dejé de hablar, pude oír perfectamente un «Si, claro» muy sarcástico de su parte. Seguí: —Y dos, voy a comer con mis abuelos paternos. Si así puedo llamarlos. —Aja, nada interesant... Espera, ¿con tus abuelos paternos? Me senté en la cama. —Ya lo sabrías si no andaras desapareciendo tanto en los últimos días. Si se sentía culpable, no me lo demostró. —Sabes que te amo, pero no puedo estar encima de ti todo el tiempo. —Lo sé, lo sé. Solo te pido una llamada, o al menos un mensaje. Pasaron unos segundos, en los que sí vi avispo de remordimiento en su mirada. —¡Ginebra! —el grito de mi madre me trajo a la realidad de repente, haciéndome terminar el contacto visual con ella. Eso hizo que se pusiera de pie. —Tengo que irme. Un día de estos paso por ti y nos ponemos al tanto. Solo... Sólo llámame y vengo. Podía, no, sabía que algo estaba pasando, solo quería que confiara en mi y me lo dijera. Entre dos la carga se lleva mejor. —Está bien —le di un abrazo fuerte antes de que se vaya. Al irse Graciela, solté un suspiro de frustración. Caminé al closet nuevamente y tomé el primer vestido que vi para ponérmelo. Hoy sería un día muy largo. °~~~~~° El camino a casa de mis "abuelos" se tornó silencioso y tenso... Bueno, solo los primeros minutos, claro. Los cinco próximos a llegar a la casa, mi madre no dejaba de hablarme y decirme que me comportara. Ja, como si no supiera comportarme. —Ginebra, baja los pies de la guantera que eso no es de señoritas. Además, llevas vestido. Reprimí una risita. Amo molestar a mi madre. A lo lejos pude divisar una edificación. Era una casa tipo rustica... Una linda casita de tres pisos. Los alrededores eran verdes, llenos de grandes arboledas. También había un lago con... ¿Esos eran patos? —Ma' —tiré de la manga del vestido de Gris—. ¿Esos son patos? Gris bajó la velocidad para poder mirar a donde se dirigía mi dedo. —Claro que no Gin. Son gansos. Fruncí la frente. ¿Por qué alguien querría tener gansos en el patio de su casa? Ante esa pregunta, recordé otra que tenía desde el inicio del viaje. —¿Ellos saben que venimos?
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