¿Han visto esas películas navideñas o familiares, donde el protagonista se reencuentra con su familia?
Que sale corriendo y dramáticamente -en todos los casos, no hay excepción- la grabación se torna lenta y los vemos abrazar a su familia mientras lloran o sonríen de felicidad.
Eso no pasa siempre, como esta ocasión, por ejemplo.
Miro como no hay ni un solo sitio en el comedor que no tenga salsa y espaguetis, o que no esté sucio de alguna comida de dudosa procedencia. Creo que esto fue un total y absoluto fail.
"Empezaré a cuestionarme si los «creo» de tu vocabulario tienen el significado correcto".
Suspiro. Nada podría salir peor... Y como siempre, yo tentando mi suerte.
Flashback - un día antes.
El día de ayer no sabría cómo definirlo.
Si estuvo bien a mal.
Turbio o returbio.
Frío o calien... ¿Pero qué estoy diciendo?
Suelto un bufido ante mi obvia carencia de concentración en el tema.
Achino los ojos mirando al techo, como si eso fuese a convertir mi frustración en una solución.
—¿Y ese bufido, reina? —miro a mi lado. Brianna se encuentra intentando armar un cubo de Rubik, pero incluso con ese acertijo en frente parece estar atenta a todo.
—Nada —dije como respuesta a su pregunta. Me tomé un tiempo para ver si alguien decía algo, pero no hubo ni un sonido, finalmente volví a hablar—. ¿Y si hacemos gelatina, o algo?
Brianna se sentó al instante. —A mí me gusta la gelatina, así que yo le entro. Alaska (que se encontraba en el otro extremo de la cama) se incorporó con pereza.
—Yo voto porque hagamos algo que se coma... —se puso de pie y miró directamente a Brianna hablando lo más "seria" posible—. Solo no dejes a Ginebra cerca del horno y todo estará bien.
Reímos al unísono por eso. ¿Quién diría que yo quemaría mi casa?
... Dos veces.
—Muy graciosa —le tiré un cojín a la cara, que ella hábilmente esquivó.
Me levanté de la cama con mucha lentitud. Miré hacia el escritorio donde se sentaba Graciela cada vez que venía.
¿A dónde se habrá metido ahora? Me hace mucha falta.
Me puse unas cómodas pantuflas rojo vino (que hay mucha posibilidad de que sean de mi madre), y nos encaminamos a la cocina.
Nos encontramos a mi madre de camino. Ella estaba en la sala, con un portátil, un maniquí y muchas hojas y tela a su alrededor. Estaba creando.
—¿A dónde van chicas? —preguntó, aún con la mirada en sus apuntes.
—A la cocina —le dijimos a coro las tres.
—¿Quieres algo en particular? —le pregunté esta vez yo sola.
Gris se lo pensó un rato —Una malteada de fresa y vainilla estaría bien.
Todas le dijimos un "Okey", mientras lo combinábamos con la canción de un molesto anuncio, pero muy pegadizo que había salido hace poco.
Seguimos nuestro camino hasta nuestro destino, entre risas. Habían pasado dos horas, y ya me encontraba sola con mi madre.
Alaska se había ido casi después de comerse la gelatina, con la excusa de que la secretaria de su padre la había estado llamando insistentemente. Y Brianna, justo ahora, ya que su novio la vino a buscar.
Me despido con la mano mientras veo como el auto de su novio se pierde entre las calles del residencial. Cierro la puerta de mi casa y me adentro para ir a ver a mi madre. Y como horas atrás, aún estaba en la sala.
—Ma', no te acuestes tarde y no olvides cenar.
Ya eran las ocho, parecía temprano, pero el día había sido agotador tanto como para mí, que tuve que ponerme al día con mis clases, como para mi madre, que tenía todo el día diseñando.
Desde que recibió la noticia de que fue elegida para ir a París por la semana de la moda, no había dejado de diseñar cosas nuevas e ingeniosas para los cinco guardarropas que tenía que presentar.
—¿Puedes venir un rato Ginebra? —preguntó sin levantar la mirada del diseño que estaba en el maniquí.
Caminé hacia ella con pasos vacilantes.
Por favor que no sea lo de la playa, que no sea lo de la playa, que no sea...
—¿Qué te parece? —preguntó, pero esta vez sí me estaba mirando y lo hacía con miedo.
—¿Eh? —pregunté confundida. De tanto pensar en lo que pasó en la dichosa playa y en Ayden, me había desconcentrado.
—¿Que qué te parece el diseño? —ahora se metió las uñas en la boca—. ¿Te gusta?
La miré confundida y luego miré el vestido.
No era feo, al contrario, era un precioso vestido verde esmeralda, como el color de mis ojos. La tela tenía lo que parecía ser brillantina en uno de los bordados, pero al tacto seguía siendo liso. Era acampanado de la cintura hacia abajo, pero no le quitaba lo sensual al modelo. La parte de arriba si era ajustada, muy ajustada.
El vestido llegaba hasta por cuatro dedos de encima de la rodilla. No tenía escote, pero seguía gritando sensual, y las mangas casi nulas aumentaban más eso. Al darle la vuelta al maniquí, vi que tenía la espalda al descubierto.
Es bonito.
No, hermoso.
No, bellí...
—¿Y? —volvió a preguntar. Podía notar que estaba nerviosa. Temblaba y sudaba a mares.
—Está perfecto —la abracé de lado, y le masajeé los hombros para intentar calmarla—. Yo lo usaría.
—¿No es muy corto? ¿No necesita más tela? ¿No...?
—Mamá, cálmate.
Ella suspiró y fijó su mirada en el vestido de nuevo.
—Tiene el color de mis ojos —murmuré.
Sonrió con dulzura. —Lo sé, lo hice así por eso.
Recosté mi cabeza de su hombro aun mirando el modelo, cuando sentí con se golpeaba la frente delicadamente.
—¡Oh, ya voy tarde! ¿Cómo lo olvidé?
Corrió hacía su habitación en el segundo piso, dejándome olvidada.
—Eh, mamá... Aún estoy aquí.
Sólo tardo unos segundos en bajar las escaleras y volver conmigo.
—Lo siento, linda, hoy salgo. ¿No te importa?
Entrecerré los ojos. Aunque grite y patalee, aun así iba a ir.
—No, no me importa, sólo que voy a quedarme sola y abando... —ni terminar mi número de drama pude, porque ya iba corriendo a la habitación nuevamente.
—Gracias, linda —gritó.
Me tiré en el sofá de una manera muy poco femenina y volví a mirar el vestido. Sin duda era hermoso.
(...)
La voz de mi madre me levantó, al parecer me había quedado dormitando.
—Gin, no te importa ir a comer mañana con los padres de tu papá, ¿verdad?
Me senté con el ceño fruncido. Me senté con el ceño fruncido.
—¿Qué?
—Localizaron donde trabajo y a mi superior. Supongo que fue fácil encontrar mi número.
Asentí aun sin estar muy segura de lo que hacía.
—Está bien. Puedo hacer ese esfuerzo.
Ella sonrió aliviada.
—Eres la mejor.
Sólo podía ver su cabeza porque se estaba ocultando detrás del marco de la puerta, pero por su maquillaje deduje que se había arreglado mucho.
—Ya me voy, cuídate, no te duermas tarde y... No te acerques a la cocina.
Me reí de sus advertencias. Deveras me daban gracia.
"Entonces ya entiendo las razones por las cuales siempre terminas quemando la casa."
Antes de que se montara en el misterioso auto de color blanco, pude ver que llevaba un ajustado y corto vestido rojo.
Oh quizás iba a una... ¡A una cita!
Por más que intenté quedarme despierta, no pude. Y a eso de las doce me dormí.
¿Qué estaría haciendo mi madre ahora?
"No querrás saberlo..."
°~~~~~°
Me senté en la cama aún somnolienta. Me restregué el ojo para "aclarar" la vista y poder mirar el despertador.
11:21 a.m.
Al fin me dejaron dormir tranquila.
Me levanté de la cama dispuesta a cepillarme los dientes y bajar a desayunar, cuando lo recordé: La cita de mi madre.
Creo que nunca (dije nunca, eh, así que inserten cancioncita de Mario Bros para ir más rápido) me había cepillado los dientes tan rápido, me enjuagué la boca y no, ¡qué horror! Manché mi blusa.
No importa, no importa, puedo cambiarla.... No, no, qué pereza, mejor bajo así. Igual mi madre es la única que está aquí. Tomé agua del grifo y me la tiré en la cara para aparentar que ya estaba despierta desde hace más de cinco minutos mal contados.
Me froté las mejillas para que adquirieran color y corrí hacia las escaleras. Las bajé en tiempo récord (casi comiéndome el piso, cabe destacar). Solo para darme cuenta de un dato muy horroroso... Que con eso quiero decir que me asombró. No que es horroroso o algo como eso... En fin.
Tomé el pomo de la puerta de la cocina y lo abrí. Y fue en ese momento, cuando choqué con alguien.
—¿Ayden? ¿Qué haces aquí?