POV DOVE
—¿Así que solo vienes aquí a divertirte? —quiso saber el hombre.
—Claro que si. Me encanta este lugar y mucho más ahora que te he conocido aquí. No dejare de venir para seguir viéndote —eleve mi mano para tocarle la cara pero no me lo permitió, en cambio sacó una pistola y me apunto con ella. Me gustaban los hombres rudos y que se hacían del rogar.
—Es mejor que no vuelvas —me dice—porque si te veo por aquí la vamos a pasar muy mal. Aléjate si dices no ser ninguna espía.
—Estas mal. Ahora que estás aquí volveré todas las veces que pueda para seguir viéndote —tomé su mano donde tenía el arma. Por alguna extraña razón no tenía miedo de este hombre, sabía que solo estaba haciendo todo esto para intimidarme pero que no sería capaz de hacerme daño.
Había algo en el que me hacía confiar. No se si eran esos ojos negros como la noche o su aroma agradable.
—Es mejor que no lo hagas. Te lo advertí. Ahora vete. —el hombre me soltó y se dirigió a la salida.
—Volveré, cariño, vas a ver que si.
Salió del baño dejándome sola así que sonreí satisfecha. Hablar con el y que me notara era un gran avance.
•
POV TREVOR
Al día siguiente no podía concentrarme bien en el trabajo. Mi mente pensaba y pensaba en esa chica que había conocido en el bar. Ay fuerza tenía que ser de una mujer bien entrenada por el ejército tal vez. Además, ni siquiera tuvo miedo cuando le mostré el arma. No miré miedo en sus ojos, ni siquiera se inmutó. Por lo general las mujeres solían tenerme miedo, teníamos sexo con ganas pero se les sentía el miedo en el fondo. Pero con Dove todo es diferente, la chica tiene valentía.
Espero por su bien que no vuelva hoy, sin embargo, en el fondo sentía que lo que me dijo ayer lo iba a cumplir: volverá todas las veces que pueda solo para verme. Llamé el guarda de seguridad de la entrada del bar para decirle que por ningún motivo dejarán pasar a Dove Kennedy, tenía un plan por si la mujer decidía llegar.
Por la noche fui con mis hombres hasta la entrada del bar para esperarla en los coches.
•
POV DOVE
No podía dejar de pensar en el tipo de ayer. Es un hombre bastante dominante a como me gustan. Sus ojos, su boca, todo de el me llamaba la atención. Tenía un cierto fetiche por los chicos malos como el. No me daría por vencida hasta tenerlo conmigo. Era muy caprichosa y obsesionada y cuando quería algo lo conseguía.
Este hombre no será la excepción. Busqué un bonito vestido provocador en mi armario y me lo puse, me maquille y me peine. Saldría al bar.
Cuando llegue estacione mi auto cerca y avance hasta la entrada, pero un hombre alto y robusto me detuvo.
—¿Se te ofrece algo? —lo miré mal.
—Lo siento, señorita, pero no puede pasar. Está prohibida la entrada para usted.
—¿Qué? ¿Estás bromeando? Siempre vengo a este club. —rodé los ojos.
—Han sido ordenes del jefe. —me dice. Así que el tipo de ayer estaba hablando en serio cuando me dijo que no quería verme por aquí. Jamás pensé que me fuera a prohibir la entrada. El hombre se veía amenazante pero tampoco le tenía miedo.
*
POV TREVOR
Allí estaba Dove, había vuelto. Esta chica era bastante terca y se estaba metiendo en algo que no se imaginaba. Tenía la esperanza que no volviera pero gracias a su necedad ahora me veo obligado a llevarla a mi sala de torturas. Dove se enojo demasiado cuando le prohibieron la entrada a mi bar, se montó a su coche y arrancó.
—Síguela —ordene.
Estábamos siguiendo a Dove hasta que estacionó el auto en una enorme mansión. Ella salió así que yo también me bajé y, antes de que pusiera la mano en el pomo de la puerta de entrada, le tomé el brazo.
—¿Tu? —sonríe cuando me mira. —Vaya, al final he tenido suerte y te he visto.
—Te dije que no volviera al bar —demande.
—Y yo te dije que iba a volver todas las veces que quisiera para verte. —sonrió pícara. La chica no me tenía nada de miedo, se le notaba.
—Entonces ahora vas a tener que atenderte a las consecuencias —le dije, llevándola hacia el coche. —Vamos.
—A donde sea que me lleves me encantará si estoy contigo. No tienes que obligarme, yo voy con todo gusto —dijo sonriendo. Se montó al auto y se puso el cinturón.
Increíble.
Me monté también a su lado. El chofer arrancó y nos llevó hacia mi mansión.
—Vamos.
—¿Me llevas a tu habitación? Eres rápido pero así me gusta. —murmuró.
Dove no tenía ni idea de hacia donde nos dirigimos. La lleve a mi sala de tortura donde he torturado a un montón de gente.
—Wow, este sitio es un poco extraño. ¿Qué haces aquí? —me pregunto.
—No te imaginas que es lo que hago aquí.
—Espera, ¿es una sala de tortura? ¿Has torturado a gente?
—Pueda ser —hice que se sentada. Tomé una soga y me acerqué a ella.
—Así que quiera jugar. Déjame decirte que hagas lo que hagas no harás que me aleje de ti —siguió sonriendo. Me sorprendía que no mostrara ningún tipo de miedo. Estaba tan tranquila dedicándose a verme que me dio una especie de lastima estar haciendo todo esto. Yo no soy asi, a mi no me dan lastima estás cosas y mucho menos una mujer.
Le amarré sus manos para evitar que escapara.
—¿Me vas a decir quien eres en verdad, Dove? —le pregunté por última vez.
—Solo soy alguien que está muy interesada en ti y en conocerte.
—Deja de hablar sobre eso y ponte seria. Si me haces enojar entonces te dejare sola con mis hombres y ellos no van a ser tan amables como yo. —sentencie.
—Yo se que no dejarás que me hagan daño. Lo puedo sentir. —me miró. Sus ojos eran tan hermosos, tenía una mirada muy viva, una mirada que yo no tenía: una mirada llena de amor y de vida. No sabía por qué actuaba así con ella, debería de haberla matado desde hace mucho tiempo por el simple hecho de desconfiar. Pero estoy aquí, dándole otra oportunidad sabiendo que puedo estar cometiendo errores.
—No me subestimes, no me conoces, Dove, no sabes de lo que soy capaz. —suspiré, esperando que hablara.
—No se que es lo que quieres que te diga. Me has investigado y sabes toda mi vida sin embargo, yo no sé nada de la tuya. La que debería de desconfiar soy yo. Más aún cuando tienes una sala de torturas en tu mansión. Yo simplemente soy una bloguera que habla de moda y otras cosas en sus r************* . Además, tengo mi empresa. Creo que no necesito de nada más. Piensas que soy espía, ¿por qué? ¿Solo por que te vi aquella vez en el bar? Me pareciste guapo y decidí que quería tenerte: es todo. No conozco nada de ti.
La chica parecía decir la verdad pero si he aprendido algo de este negocio es a no confiar ni en mi propia sombra. No me podía doblegar ante ella. Aunque pareciera que no tenía nada de miedo de todo esto.
—Ya que no quisiste hablar conmigo ahora tendrás que enfrentar a mis hombres —le digo, dándome la vuelta para salir. —Por favor, sáquenle la verdad pero... no quiero que la toquen y mucho menos que la torturen. —les dejé dicho lo cual me sorprendió mas a mi. ¿Por qué no quería que la tocaran y mucho menos que la torturaran? Porque esa chica tenía algo que me llamaba la atención: no se si era su falta de miedo o su valentía. O simplemente por ser una chica hermosa y muy guapa. Pero no quería que la dañaran. Al menos hasta no saber la verdad. Salí de la sala y me dirigí afuera, solo esperaba que en el fondo la chica haya tenido la razón y no sea ninguna espía.