Tardé varios días en convencerme. No de lo que iba a hacer, sino de cómo lo iba a hacer. Hablar con Leonard después de todo lo que había pasado me parecía una de las cosas más difíciles que había enfrentado. Pero sabía que, si quería retomar ese lazo, aunque fuera de forma tenue, tenía que hacerlo desde la claridad y el control. No desde la emoción. No desde el miedo. Decidí enviarle un mensaje simple y directo. No había espacio para adornos ni para confusiones. Leonard, si estás disponible esta semana, me gustaría hablar contigo. En persona. No tardó mucho en responder. Dime cuándo y dónde. Lo cité en una cafetería discreta, en una zona tranquila de la ciudad. No quería que nadie nos viera. No quería distracciones, ni escenarios que pudieran interferir con lo que necesitaba evaluar.

