La sorpresa en los ojos de Adrián no se hizo esperar, escuché atentamente todo lo que el hombre me decía y memorizaba las indicaciones con la velocidad que me caracterizaba. —Entiendo, estaremos ahí. Saldremos en el primer vuelo, pero tomé en cuenta que son varias horas de vuelo de Grecia a Estambul. “Lo entiendo, señora Reed. Lamento demasiado ser tan inoportuno en su luna de miel, pero usted debe de comprender que esto es muy raro de encontrar.” —Soy consciente de ello, es justo por eso que estoy respondiendo por mi esposo al decir que vamos a viajar a la brevedad a Estambul, solo dennos tiempo. Corté la llamada, y Adrián seguía mirándome con una mezcla de estupefacción y orgullo. —¿Qué sucede? —Me sorprendes y me enorgulleces, tomaste una decisión más rápida que yo. Pero no pensé

