John Me.quedé.jodidamente.dormido. Eran más de las once de la mañana y mi mejilla seguía pegada al borde del sofá de la sala. Si no hubiera sido por los quejidos y los gritos de alguien en la habitación de al lado, jamás me hubiera despertado. Parpadeé varias veces hasta que los gritos aumentaron e hicieron que mi mente nublada se peleara con el sueño. Amanda. Tenía que buscarla. Ella debía estar gritando. Entonces lo entendí mucho antes de ponerme de pie: no era Amanda la que gritaba, era Deb. Los gritos aumentaron junto con los jadeos ahogados de ella pidiendo ayuda. Mierda. Mierda. Me desperté por completo y corrí a su habitación. Ella se encontraba encorvada en la cama, con las sábanas enredadas en sus puños. —¡Jhon! —chilló al verme. Su frente estaba llena de sudor y ja

