Mis ojos se abrieron lentamente y con cuidado; mi cabeza dolía y sentía mi cuello tenso y con calambres. Intenté recordar dónde estaba o qué fue lo último que estuve haciendo, cuando, me encontré con la mirada preocupada de la doctora e inmediatamente toda la información de lo que pasó en los minutos anteriores entró en mi cabeza como un rayo. Me llevé una mano a la frente y comencé a cerrar los ojos de nuevo, negando repetitivamente y boqueando como pez. Trillizos. ¿Trillizos? ¿Cómo era posible que estuviera esperando tres bebés? Ni siquiera podía pensar con claridad acerca de tener gemelos... ¿cómo iba a hacer con tres? Me quejé en voz alta, estirando mis brazos y tratando de doblar mis dedos con fuerza. —¿Amanda? ¿Ya estás mejor? agua, rápido —dijo la doctora. —¿Ya despertó

