Fernando Ella está besándome. Sus hermosos y suaves labios están presionándose tentativamente sobre los míos. ¿Puedo morir ahora mismo? Sí, claro que puedo. Su lengua sale para tentar a mis labios a abrirse y j***r si eso no me hace reaccionar como un animal. Gruño bajo en mi garganta y me apropio del beso y de ella. Nuestras lenguas se enredan, mis brazos tratan de rodear su cintura y estrecharla contra mí sin aplastar a nuestro bebé. Alargo el beso lo más que puedo, mis manos tratan de acariciar la mayor cantidad de su piel sin ser demasiado molesto e intenso. La siento suspirar sobre mis labios y sonreír; deposito un beso en la piel de su cuello y tras su oreja. —Te amo —susurro. Permanece callada, no le daré mucha importancia al hecho de que no me dijo lo mismo; sé que me ama, y

