"Simulación de Osadía: activada".
—Oye, pequeño escarabajo, trae otra botella.
—Sí, señor—, respondió con un murmullo en voz baja.
Y salió de la casa, directo al bosque donde él tenía su reserva de alcohol oculta. Era de noche y hacía horas que no veía a su madre, por lo que debía someterse a los abusos de su padre hasta que ella llegara.
Caminó entre los árboles, conocía bien el camino por lo que no le molestó no tener algo que iluminara el terreno a sus pies. Detrás de unos árboles en un pequeño claro se hallaba su madre de rodillas, rodeada de Osados. Uno de ellos hablaba sin cesar, otros dos se mantenían alejados apuntando con sus armas a la cabeza de la mujer, y uno que se mantenía de pie frente a ella, con un arma reposando justo en la frente de la mujer.
—¡No!—, saltó de su escondite, viendo cómo el hombre que sostenía el arma a la frente de su madre, le quitaba el seguro al arma.
—¡Atrápenla! ¡Que no escape!
Entonces cinco hombres, de los cuales no había advertido su presencia saltaron en su dirección, a atacarla.
Sin embargo sus habilidades y formas de pelea eran terribles, a su parecer. Caían como piedras al fondo de un lago.
Se enfrentó a los hombres, y uno por uno cayeron inconscientes al suelo.
Entonces notó a su madre aún de rodillas, con lágrimas empepando su rostro, y una sonrisa orgullosa adornando su rostro. El hombre que antes hablaba, ahora la miraba con el arma en sus manos, jugueteando con ésta cínicamente.
Le apuntó directamente.
—Dispara—, lo retó, acercando el cañón del arma a su pecho con sus propias manos. Demostrando lo poco que le intimidaba—. Hazlo. Te reto.
El hombre le quitó el seguro al arma y cuando estuvo a punto de disparar, Valentine tomó el arma, usando todo su cuerpo empujó al hombre lejos. Estando en el suelo, y siendo él el único que amenazaba a la muchacha y a su madre, tenía entonces la ventaja.
Estiró su cuerpo, para alcanzar el arma que había ido a parar a unos metros de ellos, y cuando la tuvo entre sus manos: le apuntó.
Cerró los ojos e inhaló con fuerza, intentando calmar sus nervios. Cuando volvió a abrir sus ojos, se encontró con la figura de su padre en el suelo. Él era el atacante. Alejó la mirada, no queriendo creerlo, cuando la regresó al cuerpo del hombre, ahora poseía la cara de Marcus Eaton. Pero aún le era muy irreal. Pasó una de sus manos por sus ojos, intentando aclarar su vista; esta vez se halló con Eric.
Supongo que este es un poco más creíble.
—Sabes bien como se castiga—, citó las palabras de Cuatro y disparó. Asesinando al hombre, sin cargo de conciencia.
Y en un parpadeo el cuerpo del hombre se había desvanecido, los hombres inconscientes también y ahora se hallaba en el Domo de Cordialidad. Sentada en una mesa, frente a ella estaba su madre, también sentada.
"Prueba de Osadía: superada".
—Madre.
—Tortuguita... mi pequeña...-
—Valentine.
—Mi pequeña Valentine—, apretó su mano sobre la mesa.
—No sabes cuánto te he extrañado. Estos años han sido un infierno.
—Siempre estaré para ti. Pero ahora debes ser fuerte. Dime que lo serás.
—Eso intento...- —, sus ojos se cristalizaron inmediatamente y un nudo se instaló en su garganta.
La mujer frente a ella era joven, no tenía más de veintisiete años -pues hasta donde la pecosa podía recordar, había muerto a esa edad- y era el único recuerdo que ella tenía de la apariencia de su propia madre. La mujer era bajita, castaña, también tenía las mejillas bañadas de pecas, sus mejillas eran grandes dándole una apariencia casi cómica al sonreír, y sus curvas eran casi de infarto.
Valentine era la copia exacta de su madre, a excepción de la estatura, en eso era igual a su padre; era alta, rozando el metro setenta y cinco.
Cualquiera que las hubiera visto habría pensado que eran hermanas, sin embargo, la mayor estaba muerta.
—Eres valiente, más valiente que cualquiera, hija.
—No...- no lo soy—, una lagrima rodó por su mejilla—. Sólo finjo serlo. Y quiero que todos piensen que lo soy pero no es cierto. Todo está detrás de la máscara de tipo rudo. No soy valiente, madre. Me estoy cayendo a malditos pedazos. Y tengo miedo de herir a alguien más. Tu y Edd, Uriah, Will, Christina... Tris. Y ahora Cuatro. No quiero lastimarlos, a ninguno. Temo que alguien más salga herido por mi culpa. Peor aún, temo lastimarlos yo misma. Justo como a Jonathan.
"Prueba de Verdad: superada".
Y entonces se hallaba nuevamente en la habitación de hacía un rato, y del otro lado del cristal veía a varios soldados disparando, hombres cayendo muertos. Entonces la puerta que la mantenía encerrada, voló en pedazos. Cubrió su rostro con sus brazos, para evitar que algún escombro la golpeara.
Sintió unas manos tibias y grandes rodear su cuerpo, luego los cables fueron arrancados de su cuerpo con fuerza. Miró al autor de ese gesto tan protector, hallándose de frente con ese par de brillantes ojos azules que la hipnotizaban.
—Cuatro...
—Hola...
—Estás aquí. Digo, aquí: aquí—, dijo sin creerlo que fuera real. Estiró sus manos para tocar su cara, verificando que no se trataba de un sueño.
—Sí. Estoy aquí. Vámonos—, la tomó de la cintura con fuerza, tirando de ella hacia la puerta—. Aseguren el pasillo—, le ordenó a un grupo de Abandonados que cargaban armas y parecían estar dispuestos a seguir las ordenes del moreno.
Oh... mierda. ¿El ataque era hoy? Debí mirar mi agenda. Creo que estaba ocupada evitando más suicidios...
Salieron de la habitación, fuera de esta hallaron a Peter tirado en el suelo con una mueca de terror absoluto. Cuatro apuntó hacia el muchacho dispuesto a disparar.
—Déjalo—, los dos hombres la miraron sin entender.
—¿Qué?—, dijo Peter atónito—, ¿no me matarás?
—Espera, déjame citar a un imbécil que conozco—, se aclaró la voz a modo de burla—, naciste estirada y siempre lo serás. ¿O me equivoco si digo que esas mismas palabras se las dijiste a Tris en más de una ocasión? Nah... no lo creo.
Peter aún no lo creía. A pesar de haber sido humillado, la pecosa le había perdonado la vida y aquello le parecía algo casi insólito, increíble.
Salieron de aquella sala, corriendo por los pasillos de Erudición. Su corazón latía con tanta fuerza que podía escuchar su pulso detrás de sus oídos, la adrenalina la dominaba en esos momentos y sentía que podía gritar de pura alegría por estar libre.
Sintió la necesidad de preguntar y así lo hizo.
—Oye, Cuatro—, lo llamó al girar en una esquina, viendo que aquel pasillo estaba libre y ellos estaban lejos del peligro; tenían unos segundos de tranquilidad—. ¿Cómo evadieron seguridad?
—Ya me conoces... soy el intimidante novio.
Oh...
Detuvo su andar en seco.
—No...-
—¿Qué?
—Tu no estabas ahí. No hay forma de que lo supieras—, escogió sus palabras con cuidado, sintiendo un pequeño nudo subir de su estómago a su garganta—. Perdóname por no despedirme, o decirte que me iría. Quería hacerlo, pero no sabía cómo...
—¿De qué hablas?
—Y aunque no te lo haya dicho en la vida real, quiero hacerlo ahora. Aunque esto sea solo una simulación.
—Val, ¿no crees que si estuviera en una simulación: lo sabría?—, se acercó a ella, con una mueca cansada debido al esfuerzo físico, pero a su vez dolida.
—No, no lo entiendes...—, estiró una de sus manos y la posó en la mejilla ahora fría del moreno—. Cuatro, tu eres la simulación—, acarició la misma, quitando su mano y entonces el moreno empezó a desvanecerse frente a ella.
Admiró casi con orgullo cómo el se desvanecía frente a sus ojos. Sin embargo la culpa la invadía, la ira. La impotencia.
( . . . )
"Simulación de Erudición: superada".
—La chica está en llamas—, habló casi con asombro aún con un semblante serio—, sólo nos queda Cordialidad.
—¿De qué hablas? Aún no pasa Abnegación.
—Claro que sí. Cuando te perdonó la vida y te humilló—, Edd intervino, señalando una pantalla en la que se pasaba la repetición de la escena mencionada—. Sin embargo, creo que debería descansar, está colapsando—, habló nuevamente el pelirrojo mirando los signos vitales proyectados en otra pantalla.
—¿Habla Edd o el sentimentalismo?
—Véalo usted misma—, Jeanine miró a la pantalla que Edd señalaba. En efecto: estaba colapsando.
—Bien.
-V