Nina
El sol ya está saliendo cuando las tres nos subimos al auto de Thea, el cuál es una camioneta de una cabina, color amarilla, que compró en una feria de usados. Enciende la radio y empieza a sonar su casete favorito de los Red Hot Chili Peppers, y es ahí cuando recién arranca.
Yo voy del lado de la ventanilla, que como va baja tengo apoyado mi brazo en el borde, mientras observo la ciudad del pecado, que por más que son las 6 de la mañana aún hay autos andando, gente caminando y las luces de los miles de carteles siguen encendidas. Saylor, que esta en el medio de las tres, apoya su cabeza en mi hombro, mientras mi hermana conduce hasta llegar a nuestra casa.
Vivimos en una zona de condominios de edificios de dos plantas, en la parte tranquila de Las Vegas, alejadas de todo el bullicio y caos de la ciudad. La zona es agradable, silenciosa, hay una enorme piscina en común y normalmente todos nuestros vecinos son personas jóvenes como nosotras, aquí no hay niños, ni gente mayor, aún se mantiene sereno el ambiente porque todos, al igual que nosotras, trabajan hasta la madrugada, por lo que en el día se encuentran durmiendo.
Luego de estar 12 horas metidas en un lugar cerrado, con la música fuerte retumbando todo el tiempo y las luces dándote siempre en la cara, lo primero que queremos hacer al salir de trabajar es regresar aquí, que todo es calmo y callado. Y todos nuestros vecinos opinan igual.
Entramos al apartamento y nos recibe, como todas las mañanas, Goku, el gato que Thea adoptó hace unos años. Con Saylor nos opusimos ya que no estamos en casa la mayor parte del tiempo, por lo que el pobre animal estaría solo, pero ella argumentó que "Es agradable que alguien te reciba al llegar a casa, además los gatos son independientes", no pudimos refutar nada de ese argumento, así que dejamos que se lo quedara, y con el tiempo terminamos por darle la razón.
- Hola Goku. - lo saluda Thea con esa voz tierna que siempre usa para hablar con su adorada bola de pelos color marrón y blanca. Lo alza y lo abraza, mientras el gato ronronea y ella se sienta en el sofá de la sala.
Nuestra casa es pequeña. Al entrar a un lado tienes la cocina, junto con una mesa circular y tres sillas, conjunto está el sofá con el televisión enfrente y luego está el pasillo dónde se encuentra el baño y la habitación que compartimos. También hay un cuarto más pequeño que designamos como armario para poner toda nuestra ropa allí.
Me siento junto a mi hermana y observo por la puerta corrediza que da al balcón que tenemos. El sol ya está en lo alto y la luz ilumina todo el departamento.
- Muero de hambre. Debimos parar por unas hamburguesas. - oímos decir a Saylor desde la cocina, la miro y ella está revisando la alacena en busca de algo para comer. Poso la mirada en Thea, quién me observa pensativa.
- Por cierto, ¿Qué le pasaba al loco ese con el que tuviste el privado? - me pregunta, acariciando al gato. - Hera lo corrió bastante cabreada.
- Tú lo has dicho, un loco. - respondo restándole importancia. Quiero olvidarme de ese extraño momento.
- Pero, ¿Qué quería? - continúa preguntando. - Parecían hablar bastante.
- ¿Es que estuviste espiando? - digo con reproche.
- Pues si, si se sobrepasaba contigo estaba lista para darle un botellazo en la cabeza. - responde firme. - Estaba a punto de hacerlo cuando vi que te agarro, pero Hera fue más rápida que yo.
- Solo dijo tonterías.
- Se más especifica. - pide Saylor con su boca llena de papas fritas que saca del paquete grande que abraza, sentándose en la banqueta que está enfrente nuestro.
Me quito el calzado y subo mis piernas sobre el sofá, cruzándolas una encima de la otra. - Es que hasta me parece ridículo repetirlo.
- Anda, que quiero reírme. - me pide la rubia con esa sonrisa.
- Me dijo que era un detective del FBI.
- ¿Otro idiota que quiere meter tras las rejas a Zeus? - pregunta Thea.
- No, no. - niego. - Quería que yo trabajara para él, como... espía, si mal no le entendí. - las dos me observan en silencio por unos segundos y luego empiezan a reír a carcajadas.
- ¿Era James Bond? - pregunta mi hermana sin dejar de reír.
Tomo los dos almohadones del sofá, uno se lo tiro a Saylor y con el otro golpeo a Thea, que está a mi lado.
- Tontas. - me quejo con fastidio.
- Es que ha sido muy chistoso. - dice Saylor aún riendo.
- Ya lo sé. Se ve que me vio cara de incrédula. - continúo, abrazando el almohadón. - Hasta me escribió su nombre y su celular en un billete.
- ¿Cómo se llama? - pregunta Saylor.
- Eh... - meto la mano en el bolsillo del jean y saco el fajo de billetes de las propinas de hoy. Busco el que tiene la inscripción. - Detective Sebastian Renner. - leo en voz alta una vez que lo encuentro.
- Su nombre suena sexy, no de un loco. - comenta Thea.
- Solo hay una forma de averiguarlo. - anuncia Saylor parándose.
- ¿Qué haces? - le pregunto extrañada cuando vuelve a sentarse con la notebook en su falda.
- Pues googlear su nombre, tonta. - responde. - No me digas que no se te ha ocurrido.
- Ahora que lo mencionas, no.
- Que falta de curiosidad. - me reprocha mi amiga.
- ¿Para que? Seguro que si lo buscaba iba a encontrar un artículo del periódico enunciando que un ex policía se escapó de un manicomio hace unos días atrás.
- A mi me parece bastante cuerdo si me lo preguntas. - sigue la rubia.
- Porque piensas con la v****a. - señala Thea. - Yo creo que es escalofriante y...
- ¡Aquí está! - exclama eufórica Saylor. - Realmente es detective. - menciona leyendo la pantalla de la computadora. - Su foto está en la página del departamento de policías.
- ¿Su nombre aparece en la lista de los locos más buscados? - pregunto.
- No, pero si sale en la lista de los graduados con honores.
- Ese no es el punto. - sentencio.
- No, pero si el del hecho de que pueda que te haya estado diciendo la verdad. - dice mi amiga.
- ¿Qué era exactamente lo que quería? - pregunta Thea.
Quedo pensativa, tratando de recordar sus palabras. - Que me quería a mi, para que me metiera como infiltrada en la empresa de alguien muy poderoso.
- ¿De quién? - pregunta mi hermana.
- ¿Y cómo te meterías de infiltrada? - inquiere la rubia. - ¿Bajando de un techo por una soga?
- No lo sé, no me dijo más nada.
- Debes llamarlo. - dicen a dúo.
- ¿¡Están locas!? - exclamo.
- Al menos para escuchar que es lo que tiene para decir y ofrecerte. - comenta mi hermana.
- Sigo sin creerme que no tengas curiosidad de que va todo eso. - agrega Saylor.
- No me interesa meterme en problemas, no quiero acabar muerta.
- Oye, si te está ofreciendo a ti que lo hagas no creo que sea algo muy riesgoso, porque si lo fuera metería a alguna detective mujer, no creo que sean todos hombres. - continúa Thea.
- O puede que busquen a un señuelo, algo así como un conejillo de indias. Dudo que les importe si algo me sucede, solo me verán como una chica más, una prostituta. No tenemos valor para las personas, solo nos ven como entretenimiento, o como unas zorras.
- O puede que busque a una chica encantadora para un trabajo tonto. - agrega mi hermana.
- ¿En serio te crees eso? - le pregunto.
- ¿Qué pierdes con escucharlo? - sigue diciendo. - Seguro te dará algo a cambio por el trabajo, ¿no has pensado que está podría ser tú oportunidad para dejar ese trabajo y largarte de aquí?
- Eso es lo que quieres tú, Thea, no yo.
- ¿Es que tú quieres darle a Zeus tus mejores años?
- Ya que lo mencionas a él, ¿tú crees que me dejará marcharme así sin más? Eres muy ilusa si piensas eso.
- Seguro el detective tiene una idea para eso.
- Prefiero no meterme con Zeus.
- ¿Por qué le tienes tanto miedo? - me pregunta Thea extrañada.
- Lo conoces, ¿tengo que explicártelo?
- Saben... - nos interrumpe Saylor. - Siempre he pensado que si nos aliamos entre las tres tipo Los Ángeles de Charlie, podríamos mandar a Zeus al fondo del océano a dormir con los peces, allí dónde pertenece.
- Ese es Poseidón, burra. - le corrige Thea, mientras reímos.
Nos dedica esa sonrisa divertida de niña. - Lo sé, solo quería hacerlas reír y que dejaran de pelear.
Quedamos en silencio por unos minutos. Thea sigue acariciando a su gato y Saylor bajándose la bolsa de papas.
Ambas tienen un punto. ¿Qué pierdo con reunirme con él y escuchar que es lo que tiene para decir? Puede ser interesante, a lo sumo me parecerá ridículo y me reiré un rato. Y saldré con un hombre... uno guapo. Ha pasado un tiempo desde la ultima vez que salí con uno, y no resulto nada bien.
- ¿Creen que debería llamarlo? - pregunto rompiendo el silencio.
- Si. - responden a dúo.
- Podría ser el inicio de algo. - dice Thea.
- ¿De que? - pregunto confundida.
- De una nueva vida para ti. - responde. - No desaproveches la oportunidad, al menos no sin saber de que va.
Las palabras de mi hermana siguen rondándome en la cabeza mientras estoy bajo la regadera de la ducha. La mayor parte de mi vida siempre he anhelado tener la oportunidad de escapar de lo que conozco y empezar de cero en otro lado, siendo una persona diferente. O tan solo siendo Nina, y no Atenea. Siempre me han hecho sentir que es ella la que vale, después de todo es quién tiene locos a los hombres que visitan el club, incluso a Zeus, quién en varias ocasiones me dijo que no me dejaría ir, al menos no mientras le sirviera y eso me hizo querer morir cuando lo oí.
Thea tiene razón. Está podría ser mi oportunidad para escaparme de ese lugar. No se de que se tratará ese trabajo que me quiere ofrecer el detective, pero no importa, lo voy a tomar de todos modos. Supongo que prefiero morir luchando por encontrar una salida, a que hacerlo en el piso del club dónde ya llevo 10 años encerrada en ese lugar y en ese personaje que comienza a asfixiarme cada vez más.
No quiero morir como Atenea, quiero vivir como Nina.