Capítulo 4

2788 Palabras
Nina Por la tarde, luego de dormir un buen rato y antes de vestirme para volver a ir al club, llamé al detective ese y quedamos para reunirnos al día siguiente por la mañana en una cafetería que él me pasó la dirección. Tomé la decisión de mantenerme segura y firme, el detective me iba a exigir, así que yo pensaba hacer lo mismo. No suelo hacerlo afuera del club, pero iba a tomar la personalidad de Atenea. Le iba a demostrar que no tengo miedo y que puedo hacerlo, a un precio, claro. Antes de salir de casa tomé el recaudo de ponerme unos lentes de sol y una boina, quería evitarme que Zeus o algún conocido suyo por esas malas casualidades de la vida me vea hablando con un policía. Quiero evitar hablar con él lo menos posible en público y regresar rápido para ir al trabajo. Así que puntual lo estoy aguardando sentada en la banca de un típico american diner. Habrán pasado unos 10 minutos, en los que yo ya iba por mi segundo café de los nervios, cuando él se desliza por el asiento. - Sabía que me llamarías. - es lo primero que dice luego de que se sienta frente a mi, entre sus labios tiene un cigarrillo sin encender. Mira a la camarera y le levanta la mano, a lo que ella asiente. Supongo que debe venir seguido, y ya lo conocen, y por eso que me pidió que nos reuniéramos acá. - Me has despertado la curiosidad. - respondo haciéndome la interesante con mi tono de voz y mi mirada. Lo observo con más atención, ahora que tengo la luz clara y natural del día. Es más joven de lo que creí, debe estar alrededor de los 30 años. Su cabello es de un castaño oscuro, lo lleva largo y unos mechones más cortos le caen por encima de la frente, por lo que como en una especie de tic, él desliza sus dedos y se lo hace hacia atrás. La barba le cube las mejillas, el mentón y la parte del bigote. Sus ojos también son oscuros. Su mirada refleja severidad, pero a la vez una picardía sarcástica. Tiene unos labios finos y al hablar de le nota que las paletas de sus dientes tienen una leve separación. Creo que le da un toque distintivo. - ¿Entonces accedes? - pregunta luego de que la mesera le trae una taza de café. - No tan rápido csi, que no me has dicho casi nada. - respondo. - ¿Por qué no empieces primero a contarme un poco? No voy a tomar una decisión hasta no saber en que mierda es en la que me estoy metiendo. La verdad es que si tengo pensado acceder, pero de todos modos quiero saber de que diablos se trata este trabajo. Él no tiene pinta de ser comunicativo, así que está es la unica forma de sacarle información. - Está bien. - accede luego de darle un sorbo a su taza. - Adelante, pregunta lo que quieras. - ¿Por qué yo? - es mi primera pregunta. Se que es algo estúpida, pero tengo curiosidad. Es lo que más me ha dado vueltas desde que oí su propuesta. - No soy la unica stripper bonita, ni del club, ni mucho menos de Las Vegas. Enciende el cigarrillo que tiene en la boca y le da una calada antes de responderme. - Mientras preparaba el plan para está misión me llegó tú nombre. - empieza a decir. - La primera vez que lo oí paso desapercibido para mi, porque no me interesa esa clase de entretenimiento... - ¿Por qué? - me apresuro a preguntar. - No soy tan básico. - responde con una sonrisa arrogante. - Vaya, ¿Acaso vas por la vida vendiendo esa historia de que eres un hombre distinto, y que no eres como los demás? - Si, pero a diferencia de los muchos clichés, yo lo digo enserio. - dice. Le da otra calada a su cigarrillo. - Como te decía, la primera vez no me llamó mucho la atención, pero luego de eso lo empecé a oír con más frecuencia entre el público masculino... "Atenea, Atenea, Atenea". Así que pensé "Bueno, vamos a conocer a esta famosa chica con el nombre de una diosa griega". Y fue ahí cuando te conocí el club y se me ocurrió este plan que luego desarrollé con mi compañero. Doy un sorbo a mi taza. - ¿Qué vendría a ser...? - Es sencillo, tan sencillo que no te costará interpretarlo o entenderlo. - comienza a hablar en voz más baja. Se hace un poco más hacia adelante, para estar más cerca mío. - Te vamos a conseguir un puesto de asistente en una famosa firme de abogados, trabajaras para el mismismo jefe. Ahí, con esos encantos femeninos que dios te obsequió, quiero que te acerques a él, que lo cautives y que caiga rendido a tus pies, como todos esos imbéciles que van a verte mover el trasero encima de ese escenario. Eso si, será un poco más difícil porque no podrás ir en esas provocativas prendas a la oficina, pero estoy seguro que te la apañaras. Tienes una linda cara, bonito cabello y con la ropa adecuada te convertirás en la mujer ideal. Ignoro el comentario ofensivo, por que de lo contrarió me voy a parar y le voy a arrojar el café en la cara, y luego va a hacer que me arresten y Zeus va a matarme luego de sacarme de la cárcel. - ¿Y para quién se supone que debo trabajar? - pregunto con mi semblante serio. - No te emociones mucho cuando lo diga, no queremos llamar la atención. - susurra. Hace una pausa dramática. - Para Giovanni Lozano. - ¿Y ese quién es? - pregunto luego de unos minutos, ya que él no sigue hablando. Frunce el ceño confundido. - ¿En serio no lo conoces? - pregunta extrañado. - ¿O me estás tomando el pelo? - ¿Acaso debería conocerlo? Porque la verdad es que no miro mucha televisión. - No es un actor, es un abogado. - responde firme. - ¿Y como se supone que debo saber quien rayos es? No me llega a mi casa la revista mensual de los abogados del mes. Me observa incrédulo, mientras sigue fumando. - Es uno de los billonarios más conocidos y codiciados. Me cruzo de brazos un tanto irritada. - No se cara de que me has visto, pero no soy una caza fortunas. - No lo decía por eso, pero está bien. - ¿Y por que lo decías entonces? - pregunto con curiosidad. Menea la cabeza algo fastidiado. - Digamos que tiene una cara bastante hegemónica y aceptable, que suele despertar sensaciones entre el publico femenino. Enarco las cejas. - ¿A ti te gusta? Me mira ofendido. - El unico pene que a mi me gusta, es el mío. - sentencia arrogante. - Está bien, tranquilo. - Estoy tranquilo, ¿acaso no se nota? - pregunta y le da otra calada al cigarrillo. Lo observo pensativa. - Ya que preguntas, te noto algo alterado y agresivo. - Ves, si eres buena con las personas. - exclama levantando las manos y apoyando su espalda en el respaldo del asiento. - Llevamos 10 minutos de conocernos y ya me has descripto a la perfección. Alterado, agresivo, solo te faltó agregar que soy un fumador compulsivo. - y da otra calada. Eso explica el olor a tabaco que emana de él, aunque no es un aroma rancio como el que huele Zeus, sino más agradable, como mezclado con shampoo. - No me interesa conocerte a ti, sino a este chico con el que tengo que trabajar. - anuncio. - No es un chico, es un hombre. - dice con énfasis. - Y su familia es una de las más poderosas, no solo de Las Vegas, sino de Estados Unidos. Representan a criminales poderosos, mafiosos y políticos corruptos. Defienden a asesinos, así que te imaginarás la clase de personas que son. - hace una pausa y se vuelve a hacer para adelante. - Estamos detrás de un clan en particular, que son los que rigen acá en Nevada. - ¿Y quieres que me meta ahí? - No te voy a dar un arma y un chaleco anti balas para lanzarte al medio del campo de batalla. - señala. - Solo debes usar un lindo vestido, servir café y decirnos la mierda que oyes salir de ese lugar. Y por si no es obvio, no me interesa el chisme de peluquería de si Giovanni se acuesta con la encargada de recursos humanos o con su ama de llaves, sino lo que carajos habla con sus clientes, o con su padre. Especialmente con su padre. - ¿Con su padre? - Si. Alonzo Lozano es el patriarca de la familia, la cabeza de todo. - responde. - Ya está retirado, pero sigue haciéndole trabajos a los del clan Castaneda. Hace unos días atrás lo vi, metiendo sus narices como siempre. - ¿Y como voy a hacer para acercarme a Giovanni? - pregunto. Suena a que es un hombre inalcanzable para alguien como yo. - Trabajarás para él, ¿Qué tan difícil puede ser que entablen una especie de relación? Además, te diré todo lo que necesites saber de él. - ¿Es que eres el presidente de su club de fans? - pregunto divertida. - Ja ja, que chistosa. - dice con sarcasmo. - No, pero lo vengo investigando desde hace unos años. Así que lo conozco en su superficie. - ¿A que te refieres en su superficie? - pregunto sin entender. - En lo que aparenta. - responde. - Quiero decir que si en su intimidad es un maltratador de perros o un asesino de niños, la verdad es que no lo sé, pero te puede sorprender. - ¿Y que tal si me conoce del club? Ya que según tú soy tan famosa. - En el tiempo que lo vengo siguiendo a él, y a ti, no lo he visto nunca entrar, ni a él, ni a ninguno de sus conocidos. Están más por otra zona. - Aguarda. - lo interrumpo al analizar lo que acaba de decir. - ¿¡Me has estado siguiendo!? - exclamo sorprendida y a la vez indignada. - Pues si, también tenia que corroborar tú superficie. Y déjame decirte que eres muy aburrida. No haces nada interesante más que trabajar y volver a tu departamento con tus dos sombras. - Son mi hermana y mi mejor amiga. - le corrijo molesta. - No pregunté, por ende, no me interesa. - Eres un cretino. - menciono con fastidio. - Me lo han dicho. ¿Qué más te da? Si no es a mi al que tienes que agradarle. Tú objetivo es Giovanni Lozano. - ¿Y que más me vas a decir de él? - pregunto. - Solo aceptaré si me parece interesante. - Ya sabes lo básico. Se llama Giovanni, apellido Lozano, hijo mayor de una familia adinerada, con influencia y prestigio. Tiene 40 años, también un hermano menor que es doctor, tengo una conocida que trabaja con él, es inofensivo, demasiado diría yo. Así que por el momento solo debes enfocarte en Giovanni y su padre, quién es el menos accesible de la familia y por algo es, es el que tiene los negocios sucios. - ¿Qué más me puedes decir de Giovanni? - le vuelvo a preguntar. Le da una calada a su cigarrillo, mientras se pasa la mano por el rostro y por ultimo la desliza por su cabello, haciéndolo hacia atrás. - La mayor parte de su día está en la firma, que está en la ultima planta de uno de los edificios comerciales con más prestigio. Vive también en el último piso de uno de los mejores hoteles de la ciudad... - ¿Vive en un hotel? - pregunto extrañada. - Si, vive allí desde su divorcio. ¿Divorcio? - ¿Tiene hijos? - pregunto. Porque si los tiene suelen ser más difíciles y precavidos. - No. - responde para mi alivio. - O al menos no reconocidos, seguro debe tener algún bastardo por algún lado. Por las noches siempre está en el casino del hotel Bellagio. Va cada noche junto con sus amigos, cena en el restaurante, toma unas cuantas copas y juega a las cartas. - ¿A las cartas? - Si, al póquer. Lo han apodado As, ya sabes, por la carta de ases. - me informa. - Al parecer siempre termina las partidas con un juego de ases. De ahí su fama, rey de ases. Es el rey de los imbéciles si me preguntas. ¿Tú sabes jugar? - No. - niego. - Pues te vendría bien aprender, como para tener algo en común. Y ya que ese es su pasatiempo favorito. - Tengo otra pregunta, puede que sea un tanto tonta, pero ¿Cómo es que conseguirás que yo trabaje allí? Apenas si termine la secundaria y no creo que me contraten por mi habilidad para bailar en el tubo. - No te preocupes por eso, él tenía una secretaria, pero nos hemos encargado de ella y... - ¿¡Cómo!? - exclamo. Me mira indignado. - ¡Le pagaremos unas vacaciones! - exclama. - ¿Qué te crees? ¿Qué la tengo atada en el maletero del auto? - No, no. - niego, aunque en verdad lo pensé. - Igual eso no responde a mi pregunta. - Ella te va a recomendar. - responde. - Te armaremos un curriculum, claro que inventando algunas cosas. - ¿Y si me piden pruebas? - pregunto temerosa. - Pondremos cosas simples, que sean accesibles para ti o que te podamos enseñar con brevedad, no pondremos que hablas chino. - Está bien. - accedo algo dubitativa. Me observa pensativo. - No es por meter presión, pero vamos a necesitar resultados rápidos, pruebas de que la misión marcha bien, porque sino mi jefe cancelara todo tan rápido como tú tardas en bajarte la tanga. Frunzo el ceño. - Idiota. - digo con fastidio. - Así que piénsalo y me vuelves a llamar. - sigue diciendo. - ¿Aún tienes el billete o lo has gastado? Porque puedo darte otro. - Idiota. - vuelvo a repetir. - Por más que lo sigas diciendo voy a seguir siendo un idiota. - No necesito pensarlo, lo haré. - ¿Ah si? - pregunta sorprendido. - Si. - afirmo con seguridad. - Quiero hacerlo. Otra vez vuelve a quedar pensativo, mirándome directo a los ojos. - Puede que sea obvio, pero lo diré igual. - hace una pausa. - Podrían dispararte si te descubren. Suspiro. - Lo sé. - Podrían atarte y tirarte en el desierto. - continúa hablando. - Lo sé. - Podrían... - ¡Ya se! - exclamo. - Solo lo dejo en claro para que luego cuando los dos estemos atados y encapuchados detrás detrás de una van, a punto de ser tirado al océano, no me llores y me recrimines "esto no era parte del trabajo". - imita con una voz llorosa. - Esperemos no llegar a eso. - Todo depende de ti, muñeca. - Gracias por no meter presión. - Quién avisa no traiciona. Solo quiero que te hagas a la idea de como será eso. - Está bien... - Entonces, ¿Qué dices? - me pregunta luego de una pausa. - Y no me respondas "está bien", di otra cosa. - Lo haré. Sonríe. - Genial, Atenea. - Soy Nina. - le corrijo. - Nina Guzmán. - Nina. - repite. - Bien. Toma algo que tiene a su lado en el asiento y lo apoya sobre la mesa, es una carpeta. - Guárdala bien y que nadie la vea. - me susurra deslizándola hacía mi. - Es toda la información sobre Giovanni. La tomo. - Bien. - Igual no te preocupes que estás semanas repasaremos todo contigo y armaremos tu coartada. - Aguarda. ¿Qué hay de mi jefe? No puedo renunciar así sin más. - Ya pensaré en algo, tú no te preocupes por ese cerdo. - Le temo más a Zeus que a los Lozano. - Eso dices porque no los conoces aún. - dice serio. - Ahora debo irme. Yo te llamaré, ¿si? - Si. - respondo. Me dedica una leve sonrisa y se levanta para luego marcharse. Quedo allí sentada, con un nudo en mi estomago. Carajo. Tomo la carpeta y la abro levemente. Lo primero que se lee es su nombre. Giovanni Lozano.
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