El cumpleaños de Alexander se celebraría en unos minutos. Pero antes hicimos una visita. —¿Estas bien?—le pregunté tomándolo de su brazo observando tres lápidas frente a nosotros. Alexander una vez al mes, venia al cementerio a dejarle flores a sus seres queridos, sabía lo difícil que era para él no haber disfrutado de esa etapa de su vida de una forma más duradera con las personas que amaba, sobre todo con su hija. Se que cuando veía a nuestros hijos la recordaba a ella. Cada vez que lo acompañaba aprovechaba a dejarle flores a Ricardo, no era para abrir una herida, lo hacia porque él significó mucho para mí. Además nuestros seres queridos no merecen ser olvidados por los vivos, debemos recordarlos siempre. —Lo estoy—respondió con serenidad y paz. Regresamos a la hacienda a la celebr

