La limusina se detuvo frente a una imponente mansión, iluminada con luces cálidas que realzaban su arquitectura clásica y elegante. Adria se quedó sin palabras mientras Zachary la ayudaba a bajar del coche.
—Bienvenida a tu nuevo hogar —dijo Zachary con una sonrisa, guiándola hacia la entrada.
El vestíbulo de la mansión era impresionante, con suelos de mármol pulido y una escalera majestuosa que se elevaba hacia los pisos superiores. Adria miraba a su alrededor, asombrada por la opulencia y el buen gusto que dominaban cada rincón. Era como estar en un sueño.
—Esto es… increíble —murmuró Adria, sus ojos recorriendo cada detalle.
—Me alegra que te guste —respondió Zachary, disfrutando de su reacción—. Déjame mostrarte el resto de la casa.
Zachary la llevó a través de las habitaciones, cada una más impresionante que la anterior. Había una biblioteca con estanterías llenas de libros antiguos, un salón de música con un piano de cola, y un comedor con una mesa lo suficientemente grande como para acomodar a veinte personas.
—Y aquí está el jardín —dijo Zachary, abriendo unas puertas francesas que daban a un extenso y cuidado jardín lleno de flores y árboles—. Es uno de mis lugares favoritos. Perfecto para relajarse y pensar.
Adria se sintió abrumada por la belleza del lugar. Era tan diferente a la casa de su madre, llena de recuerdos dolorosos y tensiones constantes. Aquí, todo parecía tranquilo y acogedor.
Finalmente, Zachary la condujo a una amplia habitación en el segundo piso.
—Esta será nuestra habitación —dijo Zachary, abriendo la puerta.
Adria entró, maravillada por la elegancia del espacio. Había una gran cama con dosel, ventanas que daban al jardín, y una chimenea que añadía un toque de calidez. Sin embargo, al ver la cama, una oleada de pánico la invadió. Las palabras de su madre resonaron en su mente: “Debes cumplir con tus obligaciones de esposa.”
Zachary notó su tensión y se acercó a ella, su expresión suavizándose.
—Adria, no quiero que te sientas presionada —dijo con ternura—. No espero nada de ti que no estés lista para dar. Esta es también tu casa, y quiero que te sientas segura y cómoda aquí.
Adria lo miró, sus ojos llenos de gratitud y alivio. Volvió su cuerpo hacia él y lo tomó por la manga del saco n***o que vestía.
Adria tomó un profundo respiro, tratando de encontrar las palabras adecuadas.
—Hay algo que necesitas saber... Mi madre… —comenzó, su voz tembló ligeramente—. Ha estado malgastando la fortuna que dejó mi padre después del divorcio. No se lo he contado a nadie porque tenía miedo de lo que podría pasar si se supiera.
Zachary frunció el ceño, sorprendido por la confesión.
—¿Cómo es posible? Tu madre siempre ha parecido tan… controlada y meticulosa.
Adria sacudió la cabeza, sus ojos llenos de tristeza.
—Es solo una fachada. Desde que mi padre se fue, ha estado tratando de mantener el estilo de vida al que estaba acostumbrada, sin importarle cuánto dinero gaste. Ha hecho inversiones tontas, ha comprado propiedades que no necesitábamos, y ha estado viviendo muy por encima de nuestras posibilidades.
Zachary la observó en silencio por un momento antes de hablar.
—Eso explica por qué estaba tan empeñada en concertar tu matrimonio con Carlos. Quería asegurarse de que tuvieras una seguridad económica.
Adria asintió, sus ojos brillando con lágrimas contenidas.
—Sí, pero eso no es todo. Carlos prometió darle una mensualidad, así que sospecho que ahora debe estar enojada por perder ese dinero —Tomó otro respiro, esta vez más profundo, preparándose para la segunda parte de su confesión—. Además, también sospecho que mi hermana, Mariana, jugó un papel en todo este desastre de boda. Creo que ella es la amante de Carlos.
Zachary se quedó en silencio, procesando lo que acababa de escuchar. Finalmente, habló, su voz cargada de incredulidad.
—¿Estás diciendo que tu propia hermana podría haber estado involucrada en todo esto? ¿Y que está teniendo una aventura con Carlos?
Adria asintió, sintiéndose vulnerable al admitir sus sospechas en voz alta.
—No tengo pruebas concretas, pero he visto indicios. Mensajes secretos, miradas que se lanzaban cuando pensaban que nadie los veía. Mariana siempre ha sido la favorita de mi madre, y no me sorprendería si hubiera decidido sabotear mi boda para su propio beneficio.
—No te preocupes, juntos descubriremos lo que pasó.
Adria asintió muy confiada.
[...]
Después de la conmoción del día, la habitación de Adria y Zachary se sentía como un refugio seguro. La mansión estaba en silencio, y las luces suaves de las lámparas creaban un ambiente cálido y acogedor. Zachary, notando la tensión aún presente en Adria, sonrió y se dirigió a un pequeño bar en una esquina de la habitación.
—Creo que necesitamos algo para celebrar esta noche tan inesperada —dijo, sacando una botella de champán.
Adria asintió, sintiéndose un poco más relajada. Zachary abrió la botella con facilidad y vertió el líquido burbujeante en dos copas.
Se sentaron en el borde de la cama, las copas en mano, disfrutando del silencio y la compañía del otro. Zachary rompió el silencio, su voz suave pero curiosa.
—Adria, me gustaría saber más sobre ti. ¿Cómo han sido tus últimos años? Desde que perdimos el contacto...
Adria suspiró, mirando su copa.
—La verdad, nada ha cambiado mucho. Sigo siendo la misma perdedora fea de siempre.
Zachary frunció el ceño, negando con la cabeza.
—No digas eso, Adria. No eres una perdedora y definitivamente no eres fea.
Adria dejó escapar una risa amarga.
—Eso es lo que todos piensan, Zachary. Carlos me lo dejó muy claro desde el principio. Siempre me menospreció, haciéndome sentir que no valía nada por mi apariencia. Nunca fui suficiente para él.
Zachary sintió una oleada de ira al escuchar esas palabras. Se levantó, comenzando a pasear por la habitación.
—Carlos es un imbécil —dijo con firmeza—. No merece ni un segundo de tu tiempo o tus pensamientos. Eres mucho más de lo que él jamás podrá comprender.
Adria lo miró, sorprendida por la intensidad de sus palabras. Zachary se detuvo y la miró directamente.
—Tengo una propuesta para ti, Adria —dijo, su tono cambiando a uno más conspiratorio—. ¿Qué te parece si nos vengamos de todos aquellos que se burlaron de ti? Hacemos que mueran de envidia viendo lo que realmente puedes lograr.
Adria parpadeó, incrédula.
—¿Venganza? ¿Cómo...?
Zachary sonrió, acercándose a ella y tomando sus manos.
—Sí, venganza. Pero no de manera destructiva. Quiero que te conviertas en la mejor versión de ti misma, que muestres al mundo tu verdadero valor. Juntos, podemos lograr cosas increíbles. Y cuando vean lo que has alcanzado, todos aquellos que te menospreciaron, incluyendo a Carlos, se arrepentirán de haberte subestimado.
Adria sintió una chispa de emoción y determinación encenderse en su interior. La idea de demostrar a todos lo que realmente valía era tentadora.
—¿De verdad crees que podemos hacerlo? —preguntó, su voz llena de esperanza.
Zachary apretó sus manos con confianza.
—Lo sé. Confía en mí.
La habitación quedó en un silencio cómodo. Adria y Zachary se miraron con una mezcla de curiosidad y expectativa. Zachary, queriendo aligerar aún más el ambiente, sonrió y se dirigió hacia un pequeño equipo de música en una esquina de la habitación.
—Sabes, Adria —dijo mientras buscaba entre los discos—, hay algo que no hemos hecho aún, y creo que es importante. Después de todo, hoy nos hemos casado.
Adria lo miró con curiosidad.
—¿Qué es eso?
Zachary encontró el disco que buscaba y lo colocó en el reproductor. Pronto, los suaves acordes de un vals llenaron la habitación. Se acercó a Adria y le tendió la mano.
—Me encantaría bailar un vals contigo.
Adria se sorprendió, sintiendo un nudo en el estómago. Nunca había sido una gran bailarina y la idea de bailar con Zachary, en ese momento tan íntimo, la ponía nerviosa. Pero la sinceridad en los ojos de Zachary la tranquilizó.
—Está bien —dijo con una sonrisa tímida, tomando su mano.
Zachary la condujo suavemente hacia el centro de la habitación. Puso una mano en su cintura y tomó su otra mano con firmeza, pero con gentileza. Adria podía sentir su corazón acelerarse al estar tan cerca de él, sintiendo el calor de su cuerpo y la firmeza de su agarre.
—¿Lista? —preguntó Zachary, mirándola a los ojos.
Adria asintió, tragando el nudo en su garganta.
—Lista.
Comenzaron a moverse al ritmo de la música, sus pasos sincronizados a pesar de la torpeza inicial de Adria. A medida que avanzaban, Adria empezó a relajarse, dejándose llevar por la música y la seguridad de Zachary. Se miraron a los ojos, y por un momento, todo el dolor y la incertidumbre desaparecieron.
—Sabes —dijo Zachary, rompiendo el silencio—, siempre me ha gustado bailar. Pero nunca pensé que estaría bailando mi primer vals de casado contigo.
Adria sonrió, sintiéndose más cómoda a medida que la música los envolvía.
—Yo tampoco lo imaginé. Todo esto ha sido tan inesperado...
Zachary asintió, acercándola un poco más.
—A veces, las mejores cosas en la vida son las que no planeamos.
Adria sintió un rubor en sus mejillas, su corazón latiendo con fuerza. Había una intimidad en ese momento que la hacía sentir vulnerable, pero al mismo tiempo, protegida.
—Zachary, esto es... extraño, pero bonito —dijo, casi susurrando.
Zachary sonrió, inclinándose un poco más cerca de su rostro.
—Me alegra que lo sientas así. Quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti, Adria. No importa lo que pase.
El vals continuaba, y Adria se dejó llevar, sintiendo una conexión más profunda con Zachary. Sus pasos se volvieron más fluidos, y el ritmo de la música los envolvía en un momento que parecía suspendido en el tiempo.
Finalmente, la música comenzó a desvanecerse, y Zachary detuvo sus movimientos, quedándose de pie muy cerca de Adria. Ambos respiraban con más rapidez, no solo por el baile, sino por la tensión palpable en el aire.
—Gracias por este baile —dijo Adria, su voz apenas un susurro.