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Esposo de reemplazo para la esposa fea

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Descripción

Adria Castel siempre ha vivido a la sombra de las expectativas de su madre y las crueles críticas de su medio hermana. Con un rostro marcado y un estilo insípido, nunca se ha considerado bonita. De hecho, todos la consideraba fea. El día de su boda, su prometido la humilló públicamente y canceló la boda, dejándola avergonzada. Pero su ex mejor amigo de la universidad, Zachary Weber, se ofreció para ser su esposo de reemplazo. Sí, el mismo hombre que la había rechazado seis años atrás, ahora aparecía para reclamarla como su esposa.

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Capítulo 1
—Todo estará bien —se repitió en su mente—. Esto es lo que mamá quería. Esto es lo correcto. Las luces del salón de baile brillaban intensamente, reflejándose en los ostentosos candelabros de cristal. Las risas y murmullos de los invitados llenaban el aire, creando una atmósfera festiva que parecía burlarse del nerviosismo de Adria. Con su vestido blanco de encaje y una capa de maquillaje intentando ocultar sus imperfecciones, se sentía como una impostora en su propia boda. Adria se miró al espejo una última vez, intentando convencerse de que todo saldría bien. Suspiró profundamente y salió del vestidor, dirigiéndose hacia el gran salón donde la ceremonia estaba a punto de comenzar. Cuando entró al salón, todos los ojos se volvieron hacia ella. Los murmullos cesaron y se escuchó un murmullo de admiración. Adria caminó hacia el altar, donde Carlos la esperaba. Su madre, Clara, estaba al frente, sonriendo con satisfacción. Carlos, un hombre alto y apuesto con una sonrisa que podía encantar a cualquiera, la miró con una expresión que Adria no pudo descifrar del todo. Ella trató de sonreír, pero su inseguridad la traicionaba. El oficiante comenzó a hablar, pero Adria apenas escuchaba las palabras. Su mente estaba nublada por la ansiedad. Entonces, justo cuando el oficiante preguntó si alguien tenía alguna objeción, Carlos levantó una mano. —Un momento —dijo Carlos, su voz resonó en el salón. Los invitados se giraron sorprendidos, algunos murmurando entre ellos. Adria lo miró, confundida. —Carlos, ¿qué pasa? —susurró, con una voz temblorosa. Carlos se volvió hacia ella, su expresión transformándose en una sonrisa burlona. —Lo siento, Adria, pero no puedo seguir con esto. Adria sintió que el suelo se abría bajo sus pies. —¿Qué… qué quieres decir? Carlos dio un paso hacia ella, bajando la voz, pero lo suficiente para que todos escucharan. —¿De verdad creíste que me casaría contigo? Mira en qué estado estás. Eres patética. ¿Qué me hace pensar que alguien como yo querría casarse con alguien como tú? Un murmullo de shock recorrió la sala. Adria sintió lágrimas arder en sus ojos, su corazón se estrujaba y se hacía una pequeña bolita dentro de su corazón. Estaba que lloraba frenéticamente. —Carlos, por favor, no hagas esto —suplicó mientras su voz se quebraba. Carlos se rio, fue un sonido frío y cruel. —Adria, mírate. Eres un desastre. Pensaste que con un poco de maquillaje y un vestido caro podrías ser suficiente para mí, pero siempre has sido y siempre serás una decepción. Adria retrocedió un paso, con su rostro enrojecido por la humillación. Los invitados observaban, algunos con compasión, otros con una cruel fascinación. —Esto es ridículo —continuó Carlos, volviéndose hacia los invitados—. No puedo casarme con ella. Esta boda está cancelada. Clara, la madre de Adria, se levantó rápidamente de su asiento. —Carlos, esto no es aceptable. Habíamos llegado a un acuerdo. Carlos la miró con desdén. —Un acuerdo que ya no me interesa. Busquen a alguien más que quiera lidiar con esto —señaló a Adria con desprecio y salió del salón, dejando a Adria de pie, sola y humillada con su vestido de novia. El silencio se hizo grande y en ese momento, Adria deseó morir. Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de Adria. Pero entonces, una voz clara y decidida rompió el silencio. —¡Espera! Todos los ojos se volvieron hacia Zachary Weber, el antiguo mejor amigo de Adria de la universidad, el presidente de una prospera y acaudalada compañía hotelera y considerado uno de los jóvenes herederos más ricos y poderosos del país, se levantó de su asiento. Su presencia en la boda ya había sido una sorpresa para Adria, pero lo que dijo a continuación dejó a todos sin aliento. —Me casaré con Adria —dijo Zachary, su voz firme resonó en el salón. Adria lo miró, sus lágrimas se detuvieron por un momento debido a la incredulidad. Adria recordó por un momento que él había sido perseguido por muchas féminas y en algún momento, durante los años de la universidad, Adria se había enamorado perdidamente de él. —Zachary, ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó, su voz era un susurro, como el débil maúllo de un gatito. Zachary avanzó con sus ojos fijos en ella. —No permitiré que te humillen así, Adria. Tú mereces algo mejor. Adria se sintió confundida. —Pero tú… tú me rechazaste hace seis años. Me dijiste que nunca seríamos más que amigos y luego rompiste nuestra amistad de la peor manera —susurró muy bajito—. ¿Quieres burlarte de mí, no es así? Sí, eso es lo que quieres. Zachary mantuvo su rostro serio. —Fui un idiota y lo he lamentado todos los días desde entonces. Pero ahora tengo la oportunidad de corregir mi error. Por favor, déjame ayudarte. Sé que nuestra relación de amigos se dañó por completo por mi culpa, pero si casándome contigo esta noche, podré aplacar mi culpa, entonces lo haré. Clara interrumpió, su voz cargada de incredulidad. —¿Y tú quién eres para tomar esta decisión? Zachary se volvió hacia ella con determinación. —Soy alguien que realmente se preocupa por Adria. Alguien que no puede quedarse de brazos cruzados viendo cómo la lastiman. Adria buscó en los ojos de Zachary, tratando de encontrar alguna mentira o truco, pero solo vio sinceridad. —¿Por qué ahora, Zachary? —preguntó, su voz temblando. —Porque no quiero verte triste —respondió Zachary, acercándose y tomando sus manos—. Porque eres la mejor persona que he conocido y no mereces este dolor. Por favor, confía en mí. El oficiante, visiblemente confundido, pero queriendo evitar más drama, continuó la ceremonia. Adria, aún aturdida, intercambió votos con Zachary, no planeados pero sinceros. Cuando el oficiante declaró que estaban casados, Zachary inclinó la cabeza para besar a Adria en sus mejillas. Los aplausos y vítores llenaron el salón, aunque algunos se marcharon murmurando. Adria sintió que su corazón, aunque aún dolido, encontraba un consuelo inesperado en la calidez de la ayuda de Zachary. Cuando finalmente se apartaron, Zachary le susurró al oído. —Esto es solo el comienzo, Adria. Vamos a demostrarles a todos lo que realmente vales. Y ese Carlos, se arrepentirá de lo que te hizo hoy... ¿quieres vengarte? Yo seré tu verdugo.

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