Capítulo 10

1178 Palabras

Días después, Adria necesitaba despejar su mente y encontrar consuelo en uno de los pocos lugares que siempre le habían brindado paz: la fundación de niños huérfanos que solía frecuentar. La fundación, era un refugio tanto para los niños como para ella. —¡Adria! —gritó uno de los niños, corriendo hacia ella—. ¡Sabía que vendrías hoy! Ella sonrió y se agachó para abrazarlo. —Por supuesto, siempre que puedo, vengo a verlos. ¿Cómo estás, Daniel? —¿Nos trajiste helado? —preguntó el niño con una sonrisa en los labios. Adria le pellizcó las mejillas suavemente. —Pequeño Daniel, me he gastado el dinero que tenía en regalos para ustedes... ¿aceptan el helado la próxima vez? —interrogó mirando al resto de los niños. Todos asintieron emocionados. El niño le mostró un dibujo que había hec

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