[...] 1 día después. Una mujer elegante y segura entró en la mansión. Era una estilista de renombre con una reputación impecable. —Hola, Adria. Soy María —dijo la mujer, extendiendo una mano amistosa—. Estoy aquí para ayudarte a descubrir tu verdadera belleza. Adria estrechó la mano de Maria, sintiendo una mezcla de nervios y emoción. —Gracias por venir, Maria. Estoy lista para el cambio. Maria siguió hasta la habitación de Adria. Mientras Adria miraba curiosa, Maria llenaba el tocador de Adria con herramientas y productos de belleza, todo dispuesto de manera ordenada y profesional. —Vamos a empezar por tu cabello —dijo Maria—. Tienes una melena preciosa, solo necesita un poco de cariño y estilo. Maria comenzó con su cabello, desenredando suavemente los mechones oscuros con un pe

