— ¿ Qué coño te ha pasado?.
— Un pequeño accidente.
Peter me observa como si en vez de una tuviera dos cabezas. Supongo que mi aspecto no era el mejor.
— Vale...
— ¿ Qué tenemos para hoy?— paso a su lado para entrar a la habitación continua al taller.
Peter me sigue en silencio, quito la ramera empapada y procedo a hacer lo mismo con el resto de mi ropa pero me detengo al ver al moreno llegar a mi lado, me tiende una bolsa la cual sostengo entre mis manos, observo el interior y enarco las cejas al
ver el conjunto de cuero que ha traído.
— Snake va a por todo— mascullo observando las prendas, Peter sonríe de lado, no me pasa desapercibida la mirada que le dedica a mi cuerpo, debería intentar taparme porque al final de cuentas estaba prácticamente en ropa interior, sin embargo con Peter tenia esa confianza de saberme en casa, cómoda además de que ya él me había visto en biquini. Así que no había mucho que ocultar.
— Tío Taylor te meterá un tiro entre las bolas si se enterara de como me estás mirando— El moreno frente a mi sonríe de lado mientras se encoge de hombros.
— No es mi culpa que su sobrina esté tan buena.
— No te equivoques, Pet — lo empujo hasta la puerta—aún estás hablando con Maya no con Snake— lo intento sacar pero su pie se interpone entre la puerta.
— Dile a Snake que la necesito lista en cinco — dicho esto me lanza un beso y me permite cerrar la puerta.
Abro el pequeño armario qué hay en la habitación, tomo una toalla decidida a darme un baño de treinta segundos, seco mi cuerpo rápidamente una vez medio bañada y coloco la ropa interior, saco la caja en la cual guardo las cosas de Snake, me coloco el conjunto que ha triado Peter, se ajusta a mi como una segunda piel, el cuero entalla perfectamente en mi cuerpo, bajo el cierre hasta mediados de los senos, dejando un escote que da una buena y sexy vista de mis pechos,coloco mis botines y procedo a maquillarme, como siempre el delineado perfecto , el n***o predomina en mis ojos dándome ese estilo gótico malvado, por último voy a por mi cabello lo recojo y procedo a colocarme la peluca color rojo.
Me observo al espejo y no me reconozco, la mujer sexy que yace frente a mí, la misma que desploma seguridad por cada poro, Snake es una jodida bomba sensual.
Cantoneo mis caderas rumbo al taller, Peter está sentado sobre el capo de mi auto y al verme lanza un gran silbido.
— Sabía que te quedaría— habla con autosuficiencia.
— Supongo que después de casi un año te has aprendido mis medidas— masculló encogiéndome de hombros.
Lanza las llaves de mi bebé, las tomo en el aire, pasó frente a él tomando mi lugar en el volante, a los segundos lo veo sentarse en el copiloto. Escucho el motor rugir y siento como esa sensación llena cada parte de mi ser, es alucinante.
— Haz hecho un excelente trabajo — me sonríe con orgullo.
— He cambiado el motor a un 2JZ, ajuste los mofles y un poco de lubricación — una sonrisa victoriosa se forma en su rostro, lo veo agacharse hasta la palanca de cambio, levanta una pequeña alfombra que está detrás de ésta — lo más novedoso del mercado, cilindros de nitrógeno, solo pulsa esto— me muestra un botón azul el cual se escondías debajo de la alfombra — y literalmente volarás.
— Más te vale que vuele— Sonríe— me he quedado sin un centavo por tus ideas de mantenimiento mas tus compras a China, además de que tengo dos semanas sin ir a la jungla, así que espero ganar.
— Ganarás hermosa, tienes el auto— me observa lleno de orgullo— pero sobre todo tienes el conductor detrás del volante y eso… es lo que asegura tu éxito sin importar cuántas modificaciones le haga a tu Changer, eres la maldita piloto más rápida de la jungla.
Sonrío con orgullo a la vez que acelero rumbo a nuestro destino, definitivamente Peter sabía como motivarme.
Solo acercarnos y se alcanza a escuchar los altavoces con la música a todo volumen, reduzco la velocidad para darle más drama a nuestra entrada, Imagine Dragons se escucha en toda la jungla, las personas se hacen a un lado para dejarnos pasar pues conocen mi auto y quien va dentro de éste, es aquí en medio del escándalo, de la música, de los autos en todos los colores y estilos, de el olor adrenalina, el morbo que produce ver una mujer empoderarse y colocar sus manos tras éste volante, es justo aquí en donde definitivamente muere Maya y nace Snake.
Detengo el auto, Peter sale y yo lo hago tras de él.
— Pero mira quienes han regresado— una sonrisa se ensancha en mi rostro al ver ha Andrew, aquí dentro se podría decir que él es el jefe, es el organizador de todas las carreras, caza las apuestas y básicamente maneja las finanzas aquí dentro. Mi amigo lo saluda con un apretón de mano, el ruso ojiazul posa su mirada en mi, más bien en mi cuerpo, recorriéndolo con lascivia.
— Me has puesto la polla dura de solo verte — río ante su osadía, su acento junto con su cuerpo atlético y ese rostro de niño bueno le dan ese toque de belleza exótica que a cualquier chica conquistaría , sin embargo no es mi estilo, no me van los lobos disfrazados de corderillo, no puedo mezclarme con mi misma especie.
— Lamentó informarte que no puedo hacer nada por ella—susurro acercándome a él y plantando un sonoro beso en su mejilla.
— Eres mala— sonrío.
— ¿ Qué tienes para nosotros?— interviene Pet, en tono aburrido.
— Hay un nuevo corredor— comenta Andrew — ha arrasado con todos últimamente, las apuestas por él son excelentes, el maldito corre como un psicopáta.
— Dudo mucho que pueda con la dueña del psiquiátrico — mascullo con supremacía, Taylor sonríe.
— ¡ Perfecto!— chilla como niño que le han dado su juguete favorito — Iré a por él — gira para irse pero se detiene — Ah, Snake, más te vale ganar porque apostaré por ti.
Sonrío, maldito ruso.
— Su nombre es Natanael— explica Peter una vez estoy acomodada y en posición para correr, él está en la ventanilla con la cabeza dentro del auto— sus fuertes son las curvas según he investigado— asiento— debes de tener cuidado pues no juega totalmente limpio pero se enfoca tanto en las curvas que da su nivel máximo así que solo puedes derrotarlo con tus nuevos amigos, señala los nuevos cilindros.
— Bien— Escuchamos a Andrew pedir a nuestros copilotos retirarse— Peter me desea suerte y se retira.
Volteo ligeramente a ver mi contrincante, un pelinegro de unos veinticinco años me observa con sorna,idiota , lanza un beso en mi dirección a lo que respondo sacando mi dedo medio.
Andrew empieza a hablar, dirijo mi mirada a el.
— ¡ Corredores jueguen limpio y recuerden quemar sus motores!— se queda en silencio, mi pie está fijo en el acelerador, vibró junto con mi motor y solo es esperar el momento indicado para que ambos despeguemos — ¡ Ahora!.
Piso el acelerador hasta el final, mi contrincante por igual, estamos prácticamente a la misma distancia, la primera curva se vislumbra ante mí, giro el volante de manera agresiva, un cendero de curvas se abre paso ante mis ojos, la adrenalina es tanta que siento mi sangre hervir, mi contrincante toma la delantera, Peter tenía razón es un maldito en las curvas, intentó alcanzarlo pero éste me desequilibra al chocar levemente su auto con el mío, oh lamentarás eso. Mi acelerador está casi en su totalidad, desciendo un poco pues no es mi intención terminal estampada contra el vacío, Natanael aprovecha esto y sigue delante, baja levemente la guardia y es todo lo que necesito para encender los aceleradores de nitrógeno y dejarlo detrás.
¡ Si!.
Estuvo a punto dé alcanzarme, no lo negaré el chico era bueno y su auto por igual, pero no eran suficientes para derrotarnos, vislumbro la meta y sonrío ampliamente al pasarla.
¡ Y eso es todo!.
Los latidos de mi corazón están acelerados, me siento volar, freno en U, a los segundos todos se acercan a mi auto a felicitarme, me deshago de ellos y voy rumbo a Peter quien me levanta entre sus brazos, para todos aquí somos pareja, Peter es un experto en autos solo escucharlos para poder puede decir de que gozan y de que carecen. Natanael llega a los segundos, su rostro no es para nada feliz se acerca hasta nosotros.
— ¿ Qué demonios le inyectaron a ese auto?— pregunta con curiosidad.
Sonrío — no compartimos nuestros secretos—. El chico ríe , vaya que hermosa sonrisa tiene.
— Felicidades, Snake— Interviene Taylor con su típico acento ruso, me entrega mi paga, lo cuento y procedo a entregarle el por ciento que todos los ganadores debemos de darle para encargarse de que los policías no se nos acerquen.
— Como siempre fue un placer— me despido. Peter toma su asiento en el copiloto y nos largamos.
Siempre lo hacemos así, vamos, competimos y nos vamos. Las fiestas en la jungla suelen ser algo agresivas y después de todo debía regresar a casa.
— Lo has hecho increíble — murmura Pet una vez hemos llegados al taller.
— Tengo el mejor asistente — sonrío con ternura me acerco a él y lo abrazo.
Camino rumbo a la habitación, quito todo el maquillaje, ropa, peluca, una vez término guardo a Snake en el armario y salgo.
— Esto es tuyo — le tiendo a Pet su parte de lo ganado.
— Me estás dando demasiado— niego con la cabeza.
— Debemos pagar el arriendo a no ser que queramos que Tio Andrew nos heche— asiente en respuesta.
— Te llevaré.
El auto de Peter se detiene frente a mi casa, suspiro sonoramente al saber que hemos llegado, de no ser por Sammy no tomaría el camino de regreso nunca.
— Si necesitas algo, lo que sea solo llámame — asiento hacia Pet, me da un beso en la mejilla en forma de despedida.
Introduzco la llave en la cerradura, todo está a oscuras, deben ser pasada las dos de la mañana. La luz se enciende de pronto dejándome cegada por unos segundos.
— ¿ Donde estabas?— volteo los ojos al escucharla.
— Sabes perfectamente donde estaba— masculló pasando a su lado, su mano se posa en mi brazo deteniéndome.
— Maya, por favor detente — escucho su voz romperse y me obligo a no ceder ante sus lágrimas — eres solo una niña para estar haciendo eso... vales más que esto— casi río al escucharla, para ella yo conseguía dinero de una manera poco ortodoxa y no es que las carreras fueran algo positivo pero frente a la prostitución lo era; dolía saber que ella me creía capaz de hacer eso, y no es que juzgara a quien si la práctica porque imagino que al igual que en mi caso sus razones tendrán; pero dolía saber que mi madre no tenía idea de quién era y tampoco podía ni quería decirle la verdad detrás de mis llegadas a deshoras.
— No puedo — me limito a responder.
— Conseguiré un trabajo, haré lo que sea...
— Sabes perfectamente lo que debes hacer, dejarlo.
— Yo...— se detiene.
— Es lo que pensé — rebuscó entre mi bolso y le entregó el dinero— Dile que ahí está la paga de este mes.
Sin esperar respuesta de su parte camino rumbo a las escaleras, esa mujer en la sala ya no era mi madre, dejo de serlo en el momento que permitió que ese cerdo me pegara e intentará tocarme, el día que dejo que casi matará a Samuel de una golpiza a penas siendo un bebé de tres años, dejo de serlo el día en que se convirtió en la cómplice de ese mal nacido para obligarme a pagarle dinero para que no tocara a mi hermano.