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1134 Palabras
Salgo del instituto despidiéndome de Fer, Alisson a desaparecido después de su pequeño altercado; sé que ambas deben de sentirse fatal y en mi caso no puedo intervenir porque ambas son mis mejores amigas y por lo mismo sé que arreglaran sus conflictos. Camino en dirección a la casa de Fer, ésta no queda muy lejos del instituto a unos veinte minutos, más o menos. Suspiro al pensar en lo que me espera sé que el imbecil de Marcus acabará conmigo, lo hará. Observo la entrada, toco suavemente la puerta, rogando para que nadie esté, mis súplicas son ignoradas al ver el rostro del idiota de Marcus observarme con sorna. — Estaba a punto de mandarle el vídeo a tu madre. Lo fulmino con la mirada, me caía tan mal que me era imposible mostrarle alguna muestra de agrado. — ¿ Dónde está el auto?— pregunté observando mis zapatos. — En la cochera— masculló — ven, te mostraré tu trabajo. Lo seguí en silencio, su ancha espalda me daba una buena vista, definitivamente la había trabajado porque se veía bastante ... ¿ qué?, ¿desde cuándo su espalda es atractiva?, todo en él es repulsivo así sea jodidamente apuesto, aunque eso queda opacado por todos los calificativos negativos que posee, si, definitivamente la belleza sin esencia es nada. — Ahí está — declaró deteniendo sus pasos, hizo su cuerpo a un lado para dejarme entrar a la cochera. Mis ojos se abrieron como dos lupas, creo que la quijada me llegó a los zapatos. Joder. — ¿ Qué?... — lo miré atónita. — Es lo que has hecho— respondió a mi pregunta a medio hacer— eso y... Bueno, quizás... No, eso es todo tuyo. —¡ ¿ Estás de coña?!— sus ojos me observaron con diversión mostrando una gran sonrisa, maldito idiota. — Aún guardas tus malos hábitos — susurró, un pequeño escalofrío recorrió mi espina dorsal al escucharlo. Por un momento deseé reír pero me contuve, recordando nuestro fatídico pasado, fatídico gracias a él por cierto. — ¿ Lo has hecho adrede?— señalé el auto, una pequeña mueca se dibujó en su rostro que poco después se convirtió en una gran sonrisa victoriosa. El auto no sólo estaba un poco sucio, no, estaba completamente lleno de barro, ¡¿ de barro?!, creo que por lógica mi vómito no sería así. Joder, era un maldito c*****o. — Eres un maldito c*****o— si, lo pensé y lo dije con todo el odio acumulado en mis entrañas, de verdad que lo odiaba. — Esa boca, Maya... — Que te den— giré sobre mis talones para largarme de ahí, su mano llegó hasta mi muñeca, levanté el rostro desafiándolo con la mirada. Sus ojos me observaron, empezó a descender su rostro hasta llevarlo a mí cuello, un pequeño escalofrío recorrió mi espina dorsal, detuvo su recorrido cerca de mi oído, una vez ahí susurró. — Puede ser que me halla pasado un poco pero igual tienes que limpiarlo— su aliento recorría mi cuello, haciendo que toda mi piel se erizara— o de lo contrario mostraré el vídeo y creeme que soy capaz. Me zafe de su agarre. — No tienes que amenazar, desdé hace casi tres años sé de lo que eres capaz —. sus ojos se oscurecieron, por un momento creí ver al mismo chico del que hace años estaba perdidamente enamorada, deseché la idea al instante. Ya no era una niña de quince años que soñaba con el hermano de su mejor amiga que por cierto le llevaba varios años, además de que el también parecía enamorado, pero todo fue una estúpida y retorcida mentira que terminó mostrándome su verdadero rostro. Reprimi esos pensamientos, después de todo recordar el pasado no era bueno, no tenía sentido hacerlo. Tenía casi hora y media limpiando el auto de ese imbecil, removiendo todo el desastre que el mismo había ocasionado. Saco mi móvil del bolsillo trasero de mi pantalón al escucharlo sonar. Un nuevo mensaje. De: Peter Recuerda que hoy corres, te veo dentro de una hora en el taller… ? Joder, había olvidado por completo mis compromisos, tomo la manguera con cautela de no mojarme antes de irme, he hecho lo mejor que he podido, Marcus que se joda. — ¿ Ya terminaste?— por un segundo logró asustarme al no saber que se encontraba ahí. — Debo irme— susurro cerrando la manguera, escucho sus pasos acercarse lentamente. — Aún no has terminado — lo ignoro y continúo con mi labor, que le den.— no te irás hasta no terminal lo que inciaste. — ¿ Quién me detendrá, tú?. — Maya, no me tientes ya sabés que puedo... — Mostrar el vídeo a mi madre— lo interrumpí, voltee a mirarlo— hazlo. Quería jugar a manipulaciones perfecto, podía mostrar el fulano video a quien quisiera porque realmente mi madre no merecía ningún respeto de mi parte y poco me importaba lo que los demás pudieran pensar sobre mí. Sin poder evitarlo una pregunta aparece en mi cabeza ¿ entonces porqué estás aquí?. Giro sobre mis talones con toda la intención de largarme pero el idiota no me lo permitió, sin previo aviso rodeó mi cuerpo tomando la manguera que antes había estado cerrando. — No te irás — declaró con arrogancia. Intenté quitarle la manguera pero él era mucho más rápido que yo, además de que me gana unos metros de estatura, mis pies tropezaron con los suyos, me sostuve o intenté sostenerme de algo o alguien, de él. En medio de la pugna el se sostuvo del cierre de la manguera y está empezó a lanzar agua entre nosotros. Quise zafarme pero antes de poder actuar, Marcus me estaba mojando, tomé la pequeña cubeta que había estado usando y se la lancé llena de agua. Los próximos minutos la pasamos en una intensiva guerra de quien tomaría el control de la manguera para mojar el otro, por un momento olvidé todo, nuestras risas inundaron el lugar, reí al verlo resbalar pero el muy desgraciado se llevó mi cuerpo con él, terminando unidos y pegados por nuestros cuerpos mojados. Nuestros ojos se conectaron y ¡ Dios!, fue la misma sensación de hace años. Años, decepción, humillación, mentira, la fea. Mi cerebro reaccionó ante ésas palabras, con suma dificultad me levanté y salí corriendo. No volteé atrás, cuando estuve lo suficiente lejos me detuve y dejé salir una que otra lágrima, es increíble que aún me siguiera doliendo, porque sí, así me inventará mil maneras y me repitiera un millón de veces que era un invesir c*****o, que se burló de mí y me arribó a convertirme en la fea, aún así algo dentro de mí le sigue doliendo el nombre de Marcus Glashte.
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