Aquella fría tarde de invierno, el viento no anunció nada bueno. Soplaba bajo, constante, arrastrando un olor que se colaba entre los árboles del sur. No era solo humedad ni tierra. Era sangre que no había sido olvidada, que se había derramado sin propósito… en vano. En lo profundo del territorio de la manada blanca del sur, los lobos se reunieron ante una noticia que los dejó en alerta. Nadie reía. Nadie hablaba en voz alta. El mal humor era palpable. La noticia ya había corrido como un relámpago: el hijo de Nalire estaba vivo. Un murmullo grave recorrió el círculo de la manada. Algunos bajaron la cabeza; otros mostraron los colmillos. El nombre de Nalire no se pronunciaba sin peso. Nunca lo había sido. Era una traidora de la manada. Alguien que había escapado de su destino… y se ha

