Kikyo miró a Sesshomaru desde la distancia. Cuando el hombre parecía más absorto en sus pensamientos ella caminó despacio hasta él. Sesshomaru levantó la mirada del libro que tenía en manos para detallar a la hermana de Kagome. La vio el día que llegó, pero como su interés era matar a otra azabache la mujer frente a él había permanecido desaparecida para su radar. Plagarse de humanos era algo que detestaba, compartir con ellos lo odiaba porque él era superior a toda esa r**a. Así se sentía Sesshomaru. —Buenos días, señor Sesshomaru—la imagen de una mujer hermosa, esa era la que se supone debía Kikyo mostrar frente a Sesshomaru Taisho, sin embargo, el recuerdo de unos dulces ojos marrones eran lo que atrapaban su mente. No la mujer que seguramente solo buscaba algún beneficio de él. Aunq

