Treinta y cuatro

1226 Palabras

La madre de Kagome decidió que era buen día para ella caminar. Sin noticias de su esposo se sentía algo inquieta, todo porque en su interior los ojos fríos de Kagome siempre llegaban a ella. Todo lo que debían hacer era desaparecerla o seguiría siendo una pieza muy irritable. Cuando salió a unos de los pasillos la sorpresa la arropó por completo. Estaban las paredes horribles como si varios objetos con un peso enorme habían impactado por todo el lugar. Había restos de sangre en algunas partes y eso la hizo asustarse. Llamó a su hija a voces, pero la joven no aparecía por lo que corrió escaleras arribas hasta la habitación. Cuando la vio sentada ella suspiró de alivio. —No podemos salir el día de hoy—Kikyo levantó la mirada confundida de los nervios de su madre. —¿Pasa algo?—ella solo so

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