OLIVIA ESTRADA Me tambaleaba cómo sí estuviera ebria. Mis ojos miraron hacía Sebastián quien me subió a su auto un par de segundos después. Creía que si hacía las cosas así ellas saldrían ilesas, pero el dolor que sentía dentro de mi cuerpo me reprochaba con brusquedad el haber tomado dicha decisión. Confiaba en ello, pero dolía. —Vamos. No me metas en problemas. Sebastián me habría prometido libertad, pero dudaba que eso sucediera. Confiar era tenebroso, como introducirse en un lugar frío, en un lugar maligno. Me recosté en el asiento sintiendo cómo no podía más. —¿Trabajas con el? ¿Con L?—jadeo. Sujetando mi vientre ante el dolor—, ¿Querías destruirme? Sus ojos me miraron por el retrovisor y chasqueo la lengua. Pero pude encontrar un poco de culpa entre líneas, en sus ojos marron

