–Vamos Laurel, pegas como una niña–me detengo de golpe y miro sobre mi hombro a Franklin, es difícil de describir quien es él para mí. Le sonrió hipócritamente y con mucho sarcasmo le digo.
– ¿Y qué crees que soy idiota?
–No era para tanto. Que humor tienes hoy niña. Lo que quise decir es que pegas como niña pequeña–corta el espacio que nos separa y con sus fuertes brazos agarra el saco de boxeo. Yo sigo pegándole el objeto una y otra vez con todas mis fuerzas– ¿Qué te pasa? –me pregunta. No respondo y sigo pegando sin parar–Oye, oye–me agarra la muñeca derecha, levanto mi mirada a él y lo fulmino con ella.
– ¿Qué quieres? –le pregunto entre dientes.
–Nada, solo quiero saber que te pasa–hecho mi brazo hacia atrás para poder zafarme de su agarre, cuando lo consigo vuelvo a pegar con más fuerza el saco.
–Nada, no me pasa nada–mi voz sale como si fueran dagas llenas de veneno de mi garganta.
La verdad es que no sé por qué rayos estoy tan enojada, solo tengo un gran deseo de partirle la cara a alguien en estos momentos. Arrancarle pelitos por pelitos de su cabellera negra. Maldita sea la hora en que mis ojos se fijaron en ese idiota de mierda.
–Oye, esta noche tenemos un trabajo y quisiera que fueras con nosotros–mi puño no llega a tocar el saco porque sus palabras me detienen en seco. Lo miró fijamente y niego con la cabeza. Bajo los brazos y me quito los guantes–Vamos Lau, este trabajo es el indicado para ti, solo hay que llevar un paquete a Gaizka, nosotros te cubriremos de la policía, solo tendrás que entrar a la cárcel y hacerte pasar por su hija, algo que has hecho antes muchísimas veces.
–No quiero, sabes muy bien que ya no hago esas cosas, sabes muy bien que la última vez que me dijeron que entrara a la cárcel y me hiciera pasar por la hija de ese hijo de puta casi no la cuento, solo de recordarlo se me pone la piel de gallina. Ya no estoy en ese mundo.
–Por favor, Lau, tú eres la mejor en eso, te ganaras 500 euros de un solo golpe–negué con la cabeza y caminé hasta la mesa para dejar los guantes y recoger mis cosas.
–Ya te dije que no, no quiero volver a ese maldito lugar–él suspiro resignado y me miro con cara de perrito abandonado.
– ¿Qué diablos te ha pasado? –me miro pon unos momentos y volvió abrir su boca–ya me enteré de lo que hiciste la otra noche a uno de los clientes de Gaizka y sabes que no está nada contento con eso, él tipo ese se quejó y tuvimos que pagar todo el dinero que él ya había pagado por estar con Rué–cuando termino de hablar sentí como la sangre se me subía a la cabeza, caminé hasta Frank muy lentamente, con la mirada más fría que mis ojos pudieran dar.
–Tú, hijo de puta, malnacido, tú mediste a Rué en esto– me plante en mi lugar plantándole cara, la diferencia de tamaño era mucha, pero no me importo, tampoco me importo que él sea un hombre que parecía un oso, no me importo nada, solo quería romperle la cara en este instante.
–Oye, modera tus palabras conmigo niñita, que, aunque seas como mi hermana no voy a dejar que me hables así–su voz era fuerte, profunda e intimidante.
– ¿Por qué diablos le hiciste eso a Rué? –grite con todo el odio que podía tener en mis adentro.
–Sabes muy bien las cosas que hay que hacer aquí para sobrevivir.
–Maldita sea, solo es una niña–volví a gritar.
–Eso no te importo a ti cuando le abrías las piernas a todo ser humano por algo de comida, lo mismo hace ella–sentí como todo se me subía a la cabeza, la sangre bombardeaba en mis venas casi a punto de explotar, estaba a punto de decir un millar de groserías, pero no lo hice porque cada maldita palabra que salía de su boca era cierta, así que me tragué el nudo de mi garganta y levanté la cara con dignidad.
–Mejor me largo–dije entre dientes, apreté mis manos en puchos y me largué antes de cometer alguna estupidez.
…………….
Mientras caminaba por las frías calles hasta la casa de mi amigo, me fije que en la calle Denoyez había una pequeña librería que jamás había visto antes, me quede mirando desde fuera el lugar y un libro en específico me hizo que el corazón se me detuviera. Ese libro era el más preciado para mi mejor amigo y yo se lo había dañado. Sonreí ampliamente y entre al lugar. Al abrir la puerta una campanita sonó que me hizo sonreír.
–Buenas tardes–me saludo una señora de unos 60 y tantos años desde el mostrador, donde organizaba unos libros en un estante.
–Buenas tardes, ¿cuánto cuesta el Principito? –pregunte emocionada. La señora me miro por encima de sus lentes.
–5 euros–dijo y mi sonrisa creció totalmente. Introduje mi mano en mi bolsillo, cuando la saque solo tenía 3 y unos cuantos centavos.
–Solo tengo 3 y 50 centavos–dije con una sonrisa, de esas que comprar a las personas. La señora se quedó mirándome por un rato extremadamente largo hasta que al final suspiro y se decidió hablar.
–Está bien, pero solo porque eres mi primer cliente– sonreí mostrando todos mis dientes. Le dejé el dinero en el mostrador y fui a por el libro.
Cuando llegué a casa de mi amigo fui directo hasta su habitación, sabía que estaba allí, él siempre estaba allí.
–Hola–dije abriendo la puerta de golpe, Alex al parecer estaba muy concentrado en lo que estaba haciendo en su escritorio, se sobresaltó al escucharme y vi la cara de horror que puso.
–Mierda Lau, vas a matarme en algún momento–sonreí mientras caminaba hasta él con mis manos detrás de mi espalda.
–El niño está diciendo palabrotas, tendré que dejar de juntarme contigo, soy mala influencia–él me dedico una gran sonrisa y asintió lentamente, abrió su boca para quejarse, pero luego no lo hizo. –Te traje algo–le dije, mi amigo se quedó mirándome con el ceño fruncido–cierra los ojos–él dudo por un momento, aunque termino aceptando, lleve mis manos hasta en frente mostrando el libro–ya puedes abrirlos –la sonrisa que tenía en el rostro no se comparaba con ninguna otra que podría tener, me sentía demasiado bien dándole esto, él amaba los libros, este en especial. Sus ojos se abrieron lentamente, se quedó mirando el libro por un rato luego levanto la mirada y me miro a mí a los ojos. No dijo nada, no sonrió– ¿no te gusta? –dije borrando la sonrisa de mi rostro–sé que esta feo y viejo…–no pude seguir hablando por que Alex se levantó de un salto y me estrecho en sus brazos.
–Me encanta Lau, muchas gracias–la sonrisa volvió a mi rostro mientas le devolvía el abrazo.
–Qué bueno que te gusto, sé que tienes muchos libros y que este en particular es tu favorito y que por mi culpa lo perdiste por eso lo vi y lo pensé para comprártelo.
–Gracias Lau, no fuiste la culpable, Alec fue el que lo daño.
Luego de un gran abrazo, los dos nos separamos y Alex tomo el libro en sus manos y camino hasta su librero y lo coloco con mucho cuidado en él.
–Papá me ha dejado dinero para que vayamos a comprar las cosas que necesitamos para el colegio.
–¡Ay no! –me queje dejándome caer de espaldas en la cama–por favor no, no quiero ir–sentí las pisadas de mi amigo en la habitación.
–Vamos Lau, en dos días volvemos a la escuela, ¿no te alegras? –levante mi cabeza para poder ubicarlo, estaba frente a mí con sus brazos sobre su pecho, lo mire levantando una ceja.
– ¿Estas de broma o qué?, odio ese puto lugar de mierda–terminé y volví a dejar mi cabeza sobre la cama.
–No seas tan vaga, es nuestro último año de instituto, este año voy a dar literatura avanzada, literatura española y americana–sentí su cuerpo en la cama.
–No me inscribiste en esas clases, ¿verdad? –no dijo nada por lo que deduje que lo había hecho–te mato si lo hiciste, lo juro.
–No lo hice, ¿Quién crees que soy?, me ofendes, solo te inscribí en mi clase de teatro–lo miré horrorizada.
– ¿Teatro? –grite– de verdad teatro, no lo puedo creer.
–Es que…–su voz se cortó a lo que se sentaba a lo indio en la cama–es que este año voy a escribir la obra teatral para el instituto y quería que estuvieras allí y consiguieras un papel.
–Pero a mí se me da fatal la actuación–dije en mi defensa, él se encogió de hombros y bajo la cabeza. Suspire amargada–está bien, lo intentare, pero no te prometo nada–Alex levanto la cabeza y me sonrió.
–Gracias–susurro.
–Ahora dime en que más estúpidas materias me inscribiste.
–Pues en… gimnasia, matemáticas básicas, historia e idiomas–dije.
Nosotros estudiábamos en un instituto ¨especial¨ por así decirlo, cuando te vas a inscribir por primera vez, te hacen una prueba para saber cuáles asignaturas das y para cuales no, de esta manera te creaban un plan de estudios, de las materias podías tomar todas las que se te diera la gana y entre más tomabas, más rápido podías terminar la escuela, mi amigo se hubiera graduado hace un año, pero yo iba atrasada en algunas materias, él retraso su salida para estar conmigo. Mi amigo está en la sección de literatura por eso toma más 5 materias solo sobre eso. Bueno, yo no era muy fan de la escuela y de estudiar, pero agradecía que Ángel gastara una suba de dinero tan excesiva pagando mi educación y trataba de que me fuera bien en mis clases.
–No esta tan mal.
– ¿Vas a ir o no a comprar conmigo las cosas que nos faltan? –asentí lentamente, esta sería una tarde muy larga, Alex en una librería, era como unas locas por las compras en una tienda de marca–esta mañana llegaron los uniformes y los horarios de clase.
Suspire lentamente, muy lentamente. Odiaba ese puto uniforme.