¿Había mencionado lo mucho que odiaba este uniforme? Creo que sí. Era algo horrible. Camisa blanca magas largas, falda de cuadro azules hasta un poquito más arriba de la rodilla, medias blancas hasta la rodilla y zapatos blancos y chaqueta de la misma tela que la falda. El de los chicos era igual solo que ellos llevaban pantalones azules y corbatas.
–No te mires tanto en el espejo, el uniforme no desaparecerá mágicamente–sonreí irónicamente mientras me daba la vuelta para ver a mi mejor amigo. Acababa de salir de la ducha, lleva su cabello mojado y llegaba a la frente, una toalla blanca alrededor de la cintura. Se podía decir que tenía buen cuerpo para ser alguien que no hacia ningún tipo de ejercicio, era delgado, pero no tanto, sus músculos de los hombros estaban en una línea perfectamente bien definidos, mi teoría era, por el peso de su mochila todos esos años.
–Ja, ja, ja–camine y recogí mi mochila del suelo–nos vemos abajo–volví hablar abriendo la puerta con mucho silencio, saque la cabeza y mire a ambos lados, lo que menos quería era que alguien me descubriera saliendo de la habitación de Alex. Bajé hasta la cocina y me senté en un taburete a esperar a mi amigo.
–Me pregunto cómo es que haces para llegar aquí todos los días tan temprano–la voz de Alec se coló por mis oídos dejándome pequeños escalofríos. No le respondí. Lo mire de reojo caminar por la cocina. El uniforme le quedaba muy bien y decir eso era casi una blasfemia, porque el simple hecho de él existir era perfección, hasta que abría la boca. Me quede babeando por unos minutos.
–Buenos días, chicos–saludo el padre de mi amigo, dejo un beso en mi cabello al pasar por mi lado.
–Buenos días–hable, Ángel llevaba una sonrisa en el rostro encantadora. Hacía bastantes días que no se le veía tan feliz o que simplemente sonriera.
–Buenos días, papá–saludo Alec, ambos nos miramos de repente, preguntándonos que rayos le pasaba para que estuviera tan feliz.
–¿Ya desayunaron? –volvió hablar Ángel.
–No–dijimos a la vez y nos miramos con cara de odio unos segundos.
–Pues me pondré a cocinar–esa sonrisa que tenía en el rostro no se le quitaba con nada, era grato verlo así de feliz. Empezó a cantar una canción en ingles mientras le ponía queso crema a las tostadas.
Alec se sentó a mi lado y no dijo nada. Unas cuantas veces me descubrió mirándolo y me ponía como un tomate de roja y eso me daba rabia. Que me viera tan débil delante de él. Unos minutos después Alex se unió a nosotros. Me salud como todos los días, como si fuera la primera vez que nos veíamos en el día. Mientras hablábamos de nada importante se escuchó la voz del padre de los gemelos continuar cantando. A mí no se me daba muy bien hablarlo, pero entendía muchas cosas, ya que Alex me ha estado ayudando a aprenderlo. Los gemelos sí saben hablar inglés con mucha fluidez.
– ¿A él que le pasa? –pregunte, Alec dejo salir una pequeña carcajada y lo mire con el ceño fruncido.
–Se contento con mamá–asentí llevando mi mirada hasta el hombre que se movía de un lado para otro en la cocina.
………….
Me encontraba en el comedor del instituto, ya habían pasado las primeras 3 horas de clase, tratando de comerme el almuerzo, pero estaba distraída. Pensaba en lo bien que Alec me había tratado en el desayudo y el camino hasta acá. Ningún comentario ofensivo. Eso era algo extraño.
–Mira quien tenemos aquí–la voz de la chica parada frente a mí me devolvió a la realidad.
–Carly–dije parándome de mi asiento y abrazando a mi mejor amiga.
– ¿Qué tal has estado, nena? –me pregunto, espere a que estuviéramos sentadas para volver hablar.
–Bien, bien, ¿y a ti que tal te fue en el verano?
–Bien, aunque Londres es muy aburrido–me respondió, su mirada estaba fija en algo detrás de mí, mire sobre mi hombro para ver lo que la tenía tan concentrada. Y nada más y nada menos era Alec con su grupo de amigos. Eleanor, la chica popular del colegio estaba casi sobre su regazo. Aunque digan lo que digan para mí solo era una puta y ya.
–Como la odio–dije entre dientes volviendo mi mirada a mi amiga.
–Ese no es el hombre para ti, es un idiota–la fulmine con la mirada– ¿Qué? – negué con la cabeza y me concentre en mi almuerzo–solo digo la verdad.
–Adiós, Carly– saludo un chico mientras pasaba por nuestra mesa, mi amiga le sonrió coqueta.
–Adiós, Damien–lo saludo mi amiga–santo pero que trasero tiene ese hombre–rodé los ojos mientras negaba lentamente con la cabeza.
Carly era mi mejor amiga de todo el tiempo. Nos conocimos en el orfanatorio desde que a ella la llevaron una noche, no paso mucho tiempo allá pues una linda pareja de ricos que no podían tener hijos la adoptaron, no tuvimos comunicación hasta que Ángel decidió meterme a este infierno el cual llamaban instituto. Siempre tenía pinta de gótica, pero era todo lo contrario, nunca cambio su forma de ser conmigo cuando nos volvimos a ver. Era una mujer bella, cabello rubio, ojos negros y un cuerpazo, traía a más de uno colado por ella. También era la hermana mayor de Rué.
– ¿Y mi hermana cómo esta? –me pregunto, sentí como un nudo se formaba en mi garganta.
–Está bien–mentí, porque lo que menos quería era decirle en las cosas que se está metiendo su hermana pequeña, se volvería loca. Ella nunca olvido de donde salió y admiraba eso de ella, aunque era una rebelde sin remedio, pero cuando tenía que comportarse como una niña de lo más tranquila lo hacía con toda la altura. Ambas éramos un terremoto juntas.
–Quiero verla, le he traído un montón de cosas de Londres. ¿Sabes? –me quede tranquila escuchándola. Ella adoraba a su hermanita, cuando la separaron fue la cosa más triste que mis ojos pudieron ver–estoy tratando de que mis padres la adopten– puse los ojos como plato.
– ¿En serio? –ella asintió con una sonrisa en el rostro.
–Ellos no saben si van a poder, pero lo están intentando–sonreí, me sentía bien con esa noticia, era lo mejor que le podía pasar a Rué antes de que cayeran en ese mundo tan oscuro que se estaba metiendo–me dijeron que tenía que portarme bien. A mí que me porte bien, ¿ilógico no? Yo trato de portarme bien, pero es que ser una niña rica maja no es lo mío–deje salir una carcajada–pero lo estoy intentado, solo porque quiero que mi hermana salga de ese lugar.
Cuando iba a decir algo la voz de mi mejor amigo me interrumpió.
–Hola, chicas–él llevaba un montón de libros en sus brazos, se sentó a mi lado dejando los libros sobre la mesa.
–Hola, guapo–saludo Carly. Ellos no era los mejores amigos del mundo, pero lo intentaban. Mi amigo decía que ella era mala influencia y ella decía que él era muy bueno para mí. Pero ambos sabían cómo vivir juntos. Carly siempre trataban de coquetear con él, solo para ver como sus mejillas se teñían de rojo.
–Hola, Carly–volvió hablar mi amigo. Me quede mirándolo y mirando todos eso libros horrorizada.
– ¿Y esos libros? –pregunte.
–Son para mis tareas de literatura.
–Qué horror–se quejó Carly, aun así, no echamos a reír. Los recreos eran la única hora en la escuela que me gustaban, pues como Alex y yo no estábamos en las mismas clases, esta era la única hora que nos podíamos ver.
…………….
Me desperté en la madrugada con sed, había tenido una pesadilla y en cuanto abrí los ojos y me encontré el cuerpo de mi mejor amigo envuelto al mío, todo pensamiento se esfumo de mi cabeza, me quede mirándolo por un largo rato y le acaricie las mejillas. Daría mi vida por él sin pensarlo, después de todos estos años en los que me ha ayudado tanto, pero sí él supiera todas las cosas que pasan cuando desaparezco. Me daba un miedo terrible que me mirara con otros ojos si le contara la verdad, mi verdad.
Despacio salí de debajo de sus brazos y abrí a puerta con mucho cuidado, Alex susurro algo entre sueños que no logre entender, lo mire antes de ir a la cocina, parecía inquieto, buscando mi presencia en la cama. En medio de las escaleras me quede frisada por las voces de los adultos de la casa. Hacía unos días que Sam no salía de su habitación y verla caminar de un lado para otro me dejo destrozada, porque ella siempre fue tan buena conmigo, como si yo fuera su hija y yo la amaba como si fuera mi madre.
–Lo recuerdo– estaba diciendo– lo puedo recordar todo.
–Amor, es hora de volver a la cama– Ángel tomo sus manos entre las suyas y las acerco a sus labios y beso cada uno de sus nudillos.
–Lo siento tanto, mamá– susurro ella.
–Ella ya te ha perdonado.
–No, ella está muerta por mi culpa, nunca va a perdonarme… Alexz, ella, mi amiga– estaba llorando, su esposo la envolvió en un fuerte abrazo.
–Ya todo está bien, no tienes que preocuparte por eso. Ellas ya descansan en paz.
–¿Eso crees?
–Sí, te perdonaron, es hora de que tú te perdones por lo que paso.
–No puedo.
–No vas a encontrar paz hasta que te perdones– me quede observando desde la oscuridad, fantaseando con que ellos eran mis verdaderos padres, porque en el fondo era lo que más anhelaba en la vida. Tener a alguien a quien llamar mamá y papá. Me limpié las lágrimas y di media vuelta para regresar a la habitación, pero la voz de Sam me dejo paralizada.
–Tienes que cuidarlo, no puedes dejarlo solo, no dejar que le pase lo mismo que a mí– cuando me gire ella me estaba mirando a mí sin que Ángel se diera cuenta. –Prométemelo, que no dejaras que él sufra. – el corazón me latió con fuerza en el pecho. Asentí en su dirección, porque solo había una persona en el mundo a la que ella pudiera estar refiriéndose.
Al regresar al dormitorio, Alex estaba despierto, el sudor caía por su frente y sus ojos estaban perdido en algún punto muerto en la pared.
–¿Dónde estabas? Pensaba que te habías ido– me subí a la cama y logre que se metiera bajo las sabanas conmigo, le aparte el cabello de la cara.
–Solo fui a la cocina, no voy a irme a ninguna parte– asintió, dejando caer su cabeza en mi hombro.
–Me asuste.
–Shh– lo bese en la frente.
Algo no andaba bien, jamás lo vi así, tan vulnerable.