Unos días después
Laurel.
–Hola–salude a mi amigo, el cual estaba tirado en el césped verde, mirando al cielo azul.
–Hola–me respondió, hacía algunos días que no nos veíamos, porque tuve que hacer algunas cosas que él no aprobaría– ¿Dónde has estado? –me pregunto, aun con su vista en el cielo.
–Por ahí–respondí sin darle importancia. Me acosté a su lado, imitando su posición, con los brazos detrás de mi cabeza. Cuando me miro supe que había estado llorando y eso me tenso– ¿Qué te pasa? –le pregunte.
–Mis papas–me susurro, pase mi mano por su mejilla y le limpie una lágrima que se deslizaba por ella.
– ¿Qué paso con ellos?
–No están bien, desde que volvieron de Estados Unidos, algo anda mal entre ellos.
–Ya verás que todo se soluciona, en las pajeras siempre pasan esas cosas, pero son problemas de ellos y ellos lo solucionaran–le respondí, tratando de que se sintiera mejor, negó con la cabeza y volvió a mirar el cielo.
–Ellos nunca discuten, Lau, hace unas noches los escuche discutir–trague fuerte, los padres de Alex eran como mis padres, ellos siempre me trataron bien, me dieron techo y comida cuando más lo necesitaba y que ellos estén mal me pone mal a mí.
–Ya lo solucionaran, Ángel y Sam se adoran–le dije, Alex me miro con la mirada perdida, se le veía tan triste y no me gustaba verlo así.
– ¿Tú crees? –susurro y asentí sonriéndole con mi mejor sonrisa–me gusta cuando sonríes–me dijo y sonreí aún más.
–A mí me gusta cuando tú lo haces–dije y por unos segundos sonrió. Él casi nunca sonreí y que lo hiera me hacía feliz.
Volvió a mirar el cielo y se encerró en su mundo, en una burbuja donde no dejaba entrar a nadie. Alex era tan débil y frágil que odiaba cuando se sentía mal por cualquier cosa.
– ¿Sabes? –le pregunte, negó con la cabeza y sin dejar de mirar su perfil sonreí antes de hablar, respire profundo y deje salir el aire lentamente– en mi otra vida quiero tener la posibilidad de leer las mentes de las personas, tener ese súper poder podría controlar el mundo–dije con entusiasmo.
–Pero que cosas dices–su voz sonaba divertida.
–Es la verdad, yo creo que las personas reencarnan y cuando yo reencarne gobernare el mundo con el súper poder de leer la mente.
–No existe tal cosa, Lau.
–Oye–me queje y le dio un golpe en el brazo.
–¡Auch, Lau! eso dolió– se pasó la mano por el brazo y sonreí.
–No seas llorón.
– ¿Por qué me pegaste? –me miro a los ojos fijamente.
–Porque heriste mis sentimientos.
–Pero si es la verdad, no existe eso de la reencarnación.
–Oye ya…. Déjame con mis locos pensamientos.
–Está bien–dijo al final, me dio una pequeña sonrisa antes de llevar su vista hasta el cielo.
–Vamos al cine–lo invite y él negó con la cabeza. Maldije silenciosamente–No te estoy preguntando.
–Pero no quiero–se quejó, me miro con los ojos achinados y yo hice puchero.
–Es que… es que… luego iré sola–fingí voz de niña y eso lo hizo sonreír.
–No quiero ir, invita a una de tus amigas.
–Pero, aunque invite a alguien no tengo dinero y si tú no vas, ¿quién me va a pagar?
–A veces me pregunto si eres mi amiga por interés o por qué de verdad me quieres–se levantó del suelo y yo hice lo mismo, siguiéndolo. Corrí hasta él y me subí a su espalda.
–La verdad es que te amo, pero como soy pobre y tu rico, y yo quiero ir al cine y quiero que tú vayas y te diviertas ¿vez mis buenas intenciones? aunque el interés no es malo, aun así, te quiero, eres la persona más importante en mi vida–me agarre bien a su cuello y él agarro mis piernas para que no me cayera.
–Hiciste un buen argumento–me dijo y sonreí antes de besar su mejilla. Me llevo en su espalda hasta el interior de la casa.
–Hola, Ángel–salude al padre de mi amigo, quien nos miró raro por unos instantes, luego nos sonrió.
–Hola, Laurel–me saludo amablemente.
–Hola, papá– saludo mi amigo.
–Hola, Alex–su padre siguió haciendo lo que sea que estaba haciendo en la cocina y nosotros seguimos nuestro camino.
–Eres muy pesada–se quejó y yo puse mala cara y grité en su oído.
–Cuando era una niña me cargabas y no te quejabas–respondí.
–Bien lo dijiste, cuando eras una niña.
………..
En el cine nos encontramos con Jess y unas cuantas chicas del colegio y decidimos todos entrar a ver una peli de terror. Jess antes de entrar a ver la peli me pido que la dejara sentarse junto a Alex y yo accedí. La deje que estuviera junto a mi amigo mientras comprábamos las entradas. Ella trataba de llamar su atención, pero él no estaba en eso así que me acerque un poco a ellos, como el que no quiere la cosa, para escuchar su conversación.
–Escuche que la peli es muy buena y que da mucho miedo–le decía Jess moviendo su cabello n***o de un lado para otro con sus dedos.
Antes de que mi amigo le respondiera me metí a la conversación– yo también escuche lo mismo–la chica me miro interrogándome con la mirada, pero le sonreía y agarre la mano de Alex para que me mirara–sabes en las partes que de mucho miedo puedes tomarle de la mano a Jess para que ella no se asuste– la chica sonrió de oreja a oreja y Alex me miro horrorizado, hice un movimiento con la cabeza para que mirara a la chica la cual borro la sonrisa y puso cara de asustada.
–Si tienes miedo puedes tomar mi mano–le dijo mi amigo y ella asintió, cuando él se giró para comprar las boletas Jess casi me saca el aire con un abrazo.
–Gracias, gracias–me susurro.
–Está bien, pero déjame vivir ¿sí? –dije sin aire en los pulmones.
–Lo siento, lo siento–me soltó y se puso al lado de mi amigo y yo regrese hablar con las demás chicas.
Se lo tomo muy literal, ella me tomo la palabra, en toda la película tomo la mano de Alex, haciéndose la asustada, porque ni tanto miedo daba la película. Y yo bueno, me sentía rara mientras duro la peli, no sé por qué razón, algo dentro de mí no se sentía bien al ver a Alex y Jess tomados de la mano.
Al salir de la sala Jess aún seguía tomada de la mano con Alex, comenzaba a sentirme tan inquieta, si era porque él no me estaba prestando atención, ya que siempre toda su atención estaba en mí, o que estuviera agarrado de la mano de otra. Trate de concentrarme en mi conversación con las otras dos chicas que estaban a mi lado. Carla y Lea, supuestamente estábamos en una conversación entretenida, pero mi atención no estaba en esa conversación específicamente, mas bien en lo que pasaba delante de mí.
– ¿Alex puedes acompañarme a mi casa? –mi amigo asintió sonriendo, ella le sonrió de vuelta– ¿no te molesta, Laurel? –la mire, con la mirada furiosa, pero trate de que no se notara.
–No, para nada–mentí y Jess me sonrió de oreja a oreja y yo solo pude hacerle una mueca parecida a una sonrisa.
–Gracias–me respondió, con su voz más alegre de lo normal.
–De nada–dije sarcásticamente.
–Nosotras nos vamos–hablo Lea, los tres despedimos a las chicas.
–Yo también me voy–dije al fin, al ver el silencio que se formaba entre los tres. Hice un movimiento con la mano y me despide.
–Lau, espera– escuche la voz de mi amigo, así que me di vuelta para verlo, le sonreí al ver que tenía el ceño medio fruncido– ¿De verdad no te molesta que acompañe a Jess a su casa? –me pregunto, negué con la cabeza y sonreí para que se tranquilice– ¿a dónde vas? –volvió a preguntarme.
–Por ahí–le respondí, y sin pensarlo lo abrace, él no dudo en devolverme el abrazo.
– ¿Alguna vez me contaras a dónde vas cuando desapareces por días? – me susurro, dejo un beso en mi frente y luego me aleje de él.
–Del lugar donde salí– respondí caminando a la calle.
–Te cuidas–lo escuche, voltee mi cabeza y me despedí con la mano.
–Tú también.
…………
Amarre mi cabello en una alta coleta mientras seguía caminando por las peores calles de Paris, de día podría decirse que eran hermosas, porque lo era, pero de noche pasada la medianoche eran los peores lugares para estar. Pase mis manos por mi cara una y otra vez. Suspire lentamente y anime mi paso.
Doble en el callejón a la derecha, mi mirada paso de un lado para otro en la oscuridad, yo me conocía estos lugares de arriba abajo. Pase muchas noches por aquí. Moribunda. Sucia. Con hambre. Y sabia con certeza las cosas que pasaban en estos callejones.
–Sera mejor que quites tus sucias manos de ella–mi voz sonó fuerte y dura en medio de la oscuridad.
– ¿Y tú quién diablo eres? –el sujeto que estaba entre las piernas de Rué me miro muy enojado.
–Quien te va a pegar un buen guantazo, sino quitas tus manos de ella–volví hablar tranquilamente. El hombre me miro como si yo tuviera un tercer ojo en mi frente o algo así. Me plante en mi lugar. Tratando de parecer fuerte, aunque por dentro me estaba muriendo de miedo, pero eso nunca lo admitiría.
–Nena, si te quieres unir, aquí hay para las dos–sus palabras salían arrastradas. Sabía muy bien que estaba bien ebrio y puede que algo más.
Mi enojo subió hasta mi cabeza y de verdad que no pensé que haría esto, pero camine con pasos decididos a hasta ellos, respire profundamente y con toda la fuerza que tenía le pegue un derechazo en su nariz. Y mierda, de los mierdas, eso dolió. Mis nudillos estaban con sangre de la nariz del idiota.
–Hija de…. – lo interrumpí antes de que acabara la frase y le volví a pegar en el ojo derecho. Esta sí que dolió, pero no me importo.
–Puta–termine la frase por él. El muy idiota se acercó a mí y yo no me moví de mi lugar. La chica nos miraba horrorizada, se le veía muy confundida. Asustada.
–Ya verás, pequeña idiota–dijo entre dientes, antes de que moviera, aunque sea un pequeño musculo mi rodilla aterrizo entre sus piernas. Lo vi caer de rodillas al suelo. Me sentía poderosa por un segundo. Respire. Respire unas cuantas veces.
–Ya verás lo que te hare si te vuelvo a ver por aquí–lo amenace con mi voz fría. Tome a la chica por su brazo derecho y camine lo más rápido que pude tirando de ella.
–Lau, espera por favor– me detuve. Rué me miro con los ojos llorosos–tienes que parar de hacer esto. Esto no está bien, te harán daño si sigues haciendo esto.
–Nada me pasara–le dije, la abrace fuerte.
–Lo siento. Lo siento–lloro en mis brazos.
Rué era como mi hermanita pequeña. Sólo tenía 15 años. Odiaba que tuviera que hacer esto por el hambre y las necesidades que pasaba. Yo la quería como si fuera mi hermana.
–No importa, sabes que yo siempre te cuidare–le susurre, pasando mi mano por su cabello rubio–tu eres mejor que esto– ella no paraba de llorar, yo no sabía como tranquilizarla– ¿Te ha hecho beber algo? – ella asintió lentamente con la cabeza–Vamos–volví a tomarla de la mano y a caminar tirando de ella–tienes que vomitar lo que sea que te haya dado.
Al salir del callejón me quite mi chaqueta. Estaba haciendo un frio del demonio, pero no me importo. Pase la tela sobre los hombros de la chica ya que su vestido estaba algo rasgado y sabía que se estaba congelando con esa poquita tela.
–¿Tienes hambre? –le pregunte.
–Sí–me respondió, abrazándose a sí misma–gracias, Lau. Eres la mejor.
–No tienes que dame las gracias. Vamos te comprare algo para comer. –me revise los bolsillos en busca de algo de dinero, solo llevaba algunos pocos euros encima, así que me tocaba robar algo para darle de comer.
A unas pocas calles había una cafetería que siempre estaba abierta, intente hacer lo correcto, conocía al dueño desde que era una niña, me había ayudado en varias ocasiones y se lo agradecía muchísimo. Agradecí que el local estaba vacío y entre dejando a Rue en una silla al fondo.
–Hola– el hombre me miro decepcionado.
–Hacía un tiempo que no te veía por aquí– me quede de pie, apoyándome contra la barra.
–Sí, intento reformarme– le sonreí. Me saque el dinero de los bolsillos y se lo pase– es todo lo que tengo, necesito algo de comer para la chica de allá– me gire hacia ella, que seguía temblando. Él resoplo cansado.
–Veré que puedo hacer por ti– le mostré todos los dientes. Espere a que me trajera algo que le pudiera dar, se acercó con un sándwich y un vaso de leche caliente.
–Gracias, gracias.
–No hay de que, pero deja de meterte en problemas, niña. Sabes que no siempre podre ayudarte, cuando él vuelva, no puedes volver por aquí– asentí, sabía que en pocos meses él estaría en las calles nuevamente y yo tenía que desaparecer a toda costa.