Samantha.
Estábamos volviendo allí, aquella casa que hace tantos años no pisaba, tenía miedo de volver aquel lugar donde fui tan infeliz. Con el paso del tiempo pensé que olvidaría todas las cosas vividas en esa casa, pero no fue así, esos recuerdos permanecieron en mi mente siempre. Él permaneció en mi mente siempre.
– ¿Segura que fue buena idea venir? –miré a mi esposo y asentí lentamente con la cabeza. Estas no eran las mejores condiciones de volver, mi estado no era el mejor para estar en un avión por tantas horas, pero con la noticia que recibí ayer no podía dejarlo pasar.
–Sabes que no iba a dejar a James solo en esto solo–le respondo y él toma mi mano y me besa la palma repetidas veces. Ya no siento como antes, el dolor me ha quitado toda sensibilidad en el cuerpo. Ahora solo soy un cuerpo sin vida.
–Pues hagamos esto rápido–dice y le sonrió, tratando de que se tranquilice porque creo que esta peor que yo–duerme cariño, te despertare cuando hayamos aterrizado– Estiro mi cuello y beso su mejilla, luego me acurruco en su pecho y me abraza fuerte, besando mi cabello–Te amo–me susurra cerca del oído.
–Yo también te amo–le respondo y cierro mis ojos.
…………
Cuando por fin estamos frente a la casa de Laura siento como mi corazón se llena de melancolía, es triste volver por esta razón. Pero de verdad que no es solo eso lo que me tiene así, tan nerviosa, asustada acaso, después de tantos años tener la posibilidad de tenerlo cerca me ponía los pelos de punta. Ángel me ayuda a desmontarme del auto y agarrados de la mano caminamos al interior de la casa. Lo miré de reojo y supe que en su cabeza había una lucha interior por mi estado, no solo me veía mal por estar enferma, él me conocía tan bien que sabía que algo me molestaba.
–Sam–escuche la voz de James y me acerque a él, ambos nos fundimos en un fuerte abrazo–gracias por venir–me susurro en el oído.
–Sabes que no te iba a dejar solo, Laura fue como mi madre y perderla ha sido un golpe muy duro para mí– nos alejamos y me tomo de las manos y da unos pequeños pasos atrás para poder verme entera.
– ¿Estas bien? –me pregunta y yo asentí porque no quería decirle la verdad, aunque solo había que mirarme por unos segundos y todos podía adivinar mi terrible estado de salud.
–Sam–me llamo Hanna, la busqué con la mirada y le sonreí a mi amiga, teníamos algunos 2 años sin vernos. Desde la última vez que ellos fueron a Paris a visitarnos, antes de que Laura se enfermara.
– ¿Cómo estás? –le pregunte estrechándola en mis brazos.
–Estoy bien, el que no está bien es él–dijo señalando con la cabeza a su esposo, ambas nos quedamos mirándolo mientras James hablaba con Ángel, en su cara se le veía tanta triste, pero no era para menos, acababa de perder a su madre y abuela.
–Te tiene a ti–le dije y ella me miro y me dio una amarga sonrisa.
–Espero que no se encierre en su mundo después de esto– ambas caminamos hasta sentarnos en uno de los muebles de la casa.
–Para eso te tiene a ti, Hanna, tú lo ayudaras a que no se encierre en su mundo, cuidaras muy bien de él como lo has hecho hasta ahora–las dos nos encerramos en nuestros pensamientos por unos minutos hasta que Liz la hija de James y Hanna se nos acercó a saludarme, le di un fuerte abrazo. Tenía mucho tiempo sin verla. Alex no me perdonara que no lo hayamos traído para que la pueda ver.
Liz era unos años más pequeña que mis gemelos. Tiene un parecido con su madre increíble. En todo el rato me estuvo preguntando por los chicos y recordé que tenía que llamarlos, así que me levanté de mi asiento y pedir permiso para retirarme. Caminé, iba a salir al patio, pero al ver tantas personas fuera decidí subir a mi antigua habitación. Cuando estuvo frente a la puerta dude en abrirla, pero al final entre. Me lleve la sorpresa que de todo estaba igual como lo recordaba. Mi cama, mi escritorio, mi armario, todo. Camine por la habitación y me pare en la ventana y recordé tantos momentos, tantas cosas. Mi cabeza comenzó a dolor, pero ese dolor ya era natural para mí, me había acostumbrado a vivir con él.
–No pensé verte aquí–su voz se coló por mis oídos, entrando a mi cabeza.
–No podía no venir–no quise darme vuelta porque sabía que mirarlo iba a ser un gran error.
Hubo un silencio muy tranquilo en la habitación hasta que sus pasos me comenzaron a poner más nerviosa. Sentí su cuerpo junto al mío, seguí sin darme la vuelta. Sus manos llegaron hasta mis hombros y los acaricio. Aun recordaba lo que era tener sus dedos sobre mi piel. Cuando me di la vuelta y vi aquellos ojos con los que había soñado tantas noches, ese café tan igual al mío.
–Me voy a morir–no sé porque fue lo primero que dije, pero al verle esa sonrisa de felicidad en la cara no quise decir nada más.
– ¿Qué dices? – se alejó un poco de mí y me miro horrorizado.
–Estoy enferma, Drake–susurre e hice una pausa de segundos, él no dijo nada solo me miraba, con las pupilas dilatadas y el ceño fruncido–tengo un tumor en el cerebro desde hace años y hasta hace muy poco me lo detectaron–sentí como las lágrimas se acumulaban en mis ojos–cuando paso el accidente donde murieron mi mamá y mi mejor amiga me di un golpe en la cabeza, el mismo que me mando a coma por dos meses y es el mismo que ahora me está matando lentamente–Drake abrió la boca, pero no dijo nada, me abrazo. El abrazo con el que había soñado por mucho tiempo.
–Pero…Pero tiene algo que haber algo que se pueda hacer–susurro y asentí.
–En un mes me van a operar, pero es una operación muy riesgosa, puede que no la resista o que todo salga bien.
–No quiero que te mueras, tienes que ser fuerte–su respiración me quemaba en la frente, me aleje un poco de él y lo mire a los ojos y él estaba llorando tanto como yo.
–No quiero morirme, no quiero dejar a mis hijos, pero esto es más fuerte que yo, dos años que no puedo tocar el violín, hace años que no sirvo como mujer y como madre. El dolor se ha llevado toda la sensibilidad de mi cuerpo–le dije, el nudo de mi garganta creía con cada palabra que decía. Drake me acaricio las mejillas mirándome a los ojos fijamente, sin parpadear.
–Tienes que ser fuerte–me dijo y muy lentamente acerco su rostro al mío–tienes que ser fuerte–repitió, su aliento llego a mis labios, cerré mis ojos con fuerza y seguí llorando.
Cuando sus labios conectaron con los míos, esa electricidad artificial me recogió toda la espina dorsal y por unos segundos mi cuerpo se sentía vivo. Sus labios estaban sobre los míos, adueñándose de ellos como solía hacerlo. Me beso lento y dulce. Le respondí el beso abriendo mi boca para que su lengua pueda recorrer toda la profundidad del interior de ella. Cuando nos separamos sus labios fueron hasta mi frente y dejo un largo beso en ella.
–No voy a dejar que te mueras–me dijo bajando su mirada para que se encuentre con la mía–voy a hacer todo lo que pueda para que no te mueras.
Él se alejó de mí y mis ojos por instinto fueron hasta la puerta donde un Ángel muy enojado se encontraba mirando la escena y no supe que hacer, no supe que decirle, solo me miro y luego se fue.
–Yo… tengo que ir hablar con él–tartamudeé, Drake asintió y comencé a caminar lejos de él, pero su voz me paralizo.
–Volviste a caer– la escuche fuerte y claro en mi cabeza, como en mis sueños y el terror se apodero de mi cuerpo. El dolor comenzó a creer y yo a desvanecerme.
–¡Ahh! –grite agarrándome la cabeza, un zumbido fue lo único que escuche y más atrás la voz de Drake.
– ¡Sam! –sus brazos me sostuvieron para que no me cayera– ¿Qué te pasa? –su voz era débil comparada con el zumbido de mi cabeza.
–Mi cabeza–dije.
–Sam, no, no, no–su voz se escuchaba alterada, me cargo en sus brazos y salió muy rápido de la habitación, cerré mis ojos por que el mareo iba hacer que vomitara.
– ¿Qué tiene? –escuché la voz de Ángel y abrí mis ojos.
–Se has desvanecido, así sin más– le respondió Drake.
–Sam, amor mírame–mi vista era borrosa, aun así pude diferenciar su rostro– ¿te encuentras bien? –negué con la cabeza y mi esposo me tomo en brazos, dejando a Drake aun lado.
–Lo siento, lo siento tanto–susurre, me sentía demasiado débil.
–No, por favor no hablemos de eso ahora–asentí y Ángel beso mi frente–fue un error venir, nos regresamos a Paris ahora mismo.
–No, no, todavía no nos podemos ir.
–Me importa un comino eso, quiero que volvamos– asentí nuevamente y él comenzó a sacarme de la casa.
Volvimos a Paris esa misma tarde, esas horas de vuelo me la pase durmiendo, no me encontraba bien. Para nada bien. Al llegar a la casa los chicos nos preguntaron por qué volvimos tan rápido, pero ni su padre ni yo dijimos una sola palabra de lo que paso. En los siguientes días las cosas no estaban bien entre Ángel y yo, y aunque él trataba de demostrar otra cosa sabía que estaba molesto, muy molesto y dolido por mi comportamiento. No me hablaba cuando estábamos solos, me era indiferente.
–Hola–salude a Ángel cuando entro a nuestra habitación. Solo me miro y camino hasta el baño, pero mi voz lo detuvo–no hagas esto–se quedó dándome la espalda por un largo rato para luego se dio la vuelta.
– ¿Hacer qué, Sam? –hablo en voz alta, por primera vez en todo el tiempo que teníamos juntos. Me estremecí.
–Esto… ignorarme, hacer como sino existo. Dime lo que te molesta por favor–me levante un poco de la cama, poniéndome de rodillas sobre ella.
– ¿Quieres saber lo que me molesta? –su voz sonaba llena de rencor. En su cara se veía lo furioso que estaba. No dije nada a lo que entendió para que siguiera hablando–Me molesta que te hayas besado con él y ahora tratas de que actué como sin nada haya pasado. ¿Por qué? – su voz me destrozo, al igual que su mirada.
–Lo siento–susurré, las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos y no pude hacer nada por detenerlas.
–Con pedir perdón no se arreglan las cosas–me miro por unos segundos y negó con la cabeza dejando salir una sonrisa hipócrita–él es tu maldita familia, Samantha–con estas últimas palabras me dio la espalda y siguió su camino al baño.
Me deje caer en la cama lentamente, la había jodido hasta el fondo. Era la primera vez que Ángel y yo teníamos una discusión. Y este no era el mejor momento para eso.