Capítulo 4

1362 Palabras
Atontada y con el cuerpo adormecido no le respondo el beso, pasa unos segundos para que mi cerebro reaccione a lo que está sucediendo, ¿en serio me está besando? Sus labios son suaves tal y como me lo imagine miles de veces, su aliento tiene una mezcla de fruta y alcohol. El introduce su lengua hasta el fondo en mi boca y gimo entre sus labios. Sin despegarnos caminamos hasta entrar al baño, cierro la puerta con mi espalda. Alec se aleja de mí por unos segundos, nos falta aire en los pulmones, él acaricia mi cintura lentamente y sus manos están frías, la poquita tela del vestido me hace sentir sus dedos como si no tuviera ropa. Lentamente sus manos bajan por mis caderas hasta llegar a mis muslos, vuelve a besarme ahora rápido y apasionado, sus manos me aprietan los muslos y con mucha fuerza me levanta así que enredo mis piernas en su cintura y él me pega a la puerta, sus manos suben y bajan rápidamente por mi cuerpo, mi piel se eriza bajo su toque. En un momento su mano está sujetándome bien y la otra esta debajo de mi vestido. Hace un largo rato que estoy enamorada de él, como por años, Alex dice que es eso un enamoramiento pasajero, pero mientras más mayores nos hacemos, más siento que lo quiero. Es estúpido, porque ¿Quién se enamorada del chico que la trata mal? Pues yo al parecer. Yo nunca he tenido sexo por placer y en mi estomago se crea una bola de energía que no puedo controlar. Sus dedos tiran del elástico de mis bragas y siento sus dedos por todos partes, lentamente introduce uno en mí… y ¡OHH, madre mía! ¿en serio está haciendo eso? Se aleja de mi boca para poder respirar y echo la cabeza hacia atrás así él puede besarme el cuello con facilidad, trato de que mis gemidos no sean tan altos, pero es que me está matando de placer con su dedo e introduce un segundo, los siento en lo más profundo de mí. De un movimiento brusco los saca y su mano se aleja de mi v****a, siento como se aleja un poco y miro a ver que está haciendo. ¡AY NO! Se está desabrochando el pantalón. De un movimiento rápido me suelto de su agarre y cuando mis pies tocan el suelo todo me da vueltas y mis piernas me tiemblan por un segundo. – ¿Qué haces? –me dice sus pupilas están tan dilatadas. –No quiero–digo tragando fuerte, me mira tan distante, se aleja de mí y pasa sus manos por su cabello. Se sube la bragueta y sale del baño, cierra la puerta de un fuerte portazo que me hace estremecerme. No puedo creer lo que acaba de pasar. Me quedo en el baño por un largo rato, hasta que mi cuerpo y mis pensamientos se tranquilicen. Esto acaba de pasar, pero aún no me lo puedo creer. Pasa de no hablarme a tratarme mal y ahora esto. Cada vez sus acciones me confunden más. Como diría Alex, solo está jugando contigo, sabe que le gustas y usa eso en tu contra. Odio cuando él tiene toda la razón. Cuando por fin me decido a salir del baño vuelvo al patio donde ya no quedan muchas personas, vago tratando de encontrar a mi mejor amigo, pero mis ojos se paran en aquella escena. Y me siento tan estúpida porque no hace minutos quería hacerlo conmigo y ahora está besándose apasionadamente con otra chica, la cual está sentada en su regazo. Como si supiera que lo estoy mirando, levanta su mirada y me mira directamente. Mis ojos se llenan de lágrimas y salgo corriendo, siento el vómito por toda mi garganta me aguanto hasta llegar al baño. Cuando por fin ya no siento que voy a vomitar más, me tiro en el suelo y dejo salir tantas lagrimas que siento que me quedare seca por dentro. Un rato después me lavado la cara bien, salgo del baño y él está ahí parado junto a la pare con sus fuertes brazos cruzados y parece un deja vu. Camino tratando de ignorarlo y paso por su lado con mi cabeza en alto. Él toma mi brazo y tira de mí, acerca sus labios a mi ojera y susurra. –Que nos hayamos besado no cambia nada entre nosotros, aun pienso que eres una mugrosa y ahora te agrego un nuevo cumplido a mi lista, también eres una zorra–me suelta dándome un empujón y se larga, dejando ahí, en el suelo, llorando desconsoladamente, pero me levanto antes que alguien pueda entrar y verme. Subo las escaleras una por uno, acariciando mi brazo, su agarre fue muy fuerte y me ha dejado la marca de sus dedos en mi piel. Cuando por fin estoy en la puerta de la habitación de mi amigo espero unos minutos para abrirla, respiro profundo y con mis manos temblorosas tomo la manilla y abro la puerta. Y como lo sabía, él estaba allí, en su cuerva, sentado en la cama con un libro en sus manos. Me recuesto del marco de la puerta y lo miro por unos segundos y siento como mis mejillas se llenan de lágrimas. Él me mira unos segundos después. – ¿Qué te pasa? –me pregunta deja el libro sobre su mesa de noche y camina hasta mí, cuando estoy en sus brazos me dejo caer, hundiendo mi cara en su pecho y volviendo a llorar como loca. – ¿Por qué yo? –susurro, él pone sus manos a ambos lados de mi cabeza y me aleja para poderme ver la cara. – ¿Qué te ha pasado? –vuelve a preguntar, pero no quiero decirle lo que su hermano me ha hecho, niego con la cabeza y él asiento, sabiendo que no quiero hablar del tema. –Solo abrázame–llego a decir con la voz entrecortada por las lágrimas. Me aleja de la puerta y la cierra, camina conmigo entre sus brazos y nos acuesta en la cama. Paso su brazo izquierdo por debajo de mi cabeza y me acerca más a él, dejo descansar mi brazo derecho por su cintura y lo abrazo fuerte, entrelazo nuestras piernas para que nada pueda separarnos. –Me vas a contar que paso–susurra, yo muerdo mi labio para tratar de no volver a llorar y me pongo a dibujar círculos imaginarios sobre su pecho. –Tu hermano paso, me volvió a humillar–fue todo lo que dije, él llevo su mano a mi mejilla y me la acaricio. –No llores por él, no vale la pena–asiento y levanto mi cabeza para mirarlo. – ¿Por qué no pude enamorarme de alguien como tú? –pregunto y él me mira fijamente. –No decidimos a quien querer–susurra y me besa en la frente. Nos quedamos callados por un largo rato, ya mejor vuelvo a dibujar círculos en su pecho, siento como su respiración cambia de tranquila a rápida, su corazón late fuerte en su lugar. – ¿Por qué siempre te pasa eso cuando dibujo círculos en tu pecho? –le pregunto, no me responde y deja salir un largo suspiro. – ¿Qué me pasa qué? –Esto–pongo la palma de mi mano derecha sobre su corazón, él pone su mano sobre mi mano y me mira sonriendo. –No lo sé–sonrió y asiento. –Sigues siendo el niño más raro que conozco–digo sonriendo y me devuelve la sonrisa. Sus ojos brillan con la luz de la habitación que se refleja en sus ojos. –Y tú sigues siendo una niña tonta–dejo salir una carcajada. –Eso es heredado–sonríe mostrando sus perfectos dientes. Con sus dedos me quita algunos mechones de la cara y besa la frente–gracias por ser mi amigo y quererme, protegerme, te quiero mucho–susurro. –Ya duerme–me ordena, asiento y me acomodo en su pecho–Yo también te quiero.  
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