MAGDA Al día siguiente me puse un vestido veraniego, aun no le he dicho a nadie sobre eso que me dejo plantado ese malnacido. Hoy le preguntaré a la doctora como me deshago de eso. Cuando bajo, ya Marco esta ahí en la mesa de la cocina tomandose un café con Camila, se me hace raro que se conozcan. —Buenos días— últimamente no soy una chica muy feliz por las mañanas hasta que el desayuno entra en mi cuerpo. —Buenos días, gruñona — lo observó durante unos segundos, pensando en que si tuviera rayos láser en mis ojos ya estuviera acabado, tomo un trago de café que llega a mi cerebro y mis neuronas se activan. —Buenos días, mi niña— dice Camila, con su habitual cariño. —¿Ya estás lista?— yo solo asiento con la cabeza mientras terminó mi café. Nos despedimos de la buena de Camila y sali

