MAGDA Llegó al trabajo el lunes como un zombie, no dormí mucho anoche, no se si los chicos lo notan o no, lo único que se, es que no quiero a este bebé, ni quiero, ni puedo. Como hago para mantener un niño que no busque, sola, sin dinero suficiente para mantenerlo, comprarle pañales, leche, ropa, cunas. Comienzo a hiperventilar en mi nido, este ya no es un espacio zen que yo tenía, necesito salir de aquí, no me siento bien. Cuando voy saliendo alguien abre la puerta y casi chocamos. Un perfume ya familiar para mis sentidos llega a mi nariz y unas manos grandes evitan que caiga, cuando miro arriba allí esta él, sus manos en mi cintura y con una sonrisa que incita al pecado. Pensé que no volvería a verlo, el sábado se porto de maravilla, no me dejo sola a pesar de todo lo que le conté.

